miércoles, 29 de agosto de 2007

El Referendum

No puedo dejar de glosar un suceso de este verano digno de una película de Berlanga.

Me refiero a la celebración en un pueblo de la Andalucía profunda de un referendum sobre la instalación o no de una antena de telefonía móvil en un terreno de la municipalidad.

Por iniciativa del ministerio de Industria se está llevando a cabo una campaña de extensión de la telefonía móvil a los entornos rurales, es decir municipios de menos de 200 habitantes.

Dicha campaña está encontrando bastantes resistencias debido a la creencia de una parte de la población española de que las radiaciones de las antenas de telefonía producen toda clase de enfermedades, desde el cancer a la impotencia, pasando por dolores de cabeza, insomnio, diarreas, y un largo etc.

En el caso que nos ocupa,incluso una vecina afirmaba que el agua del pueblo vecino, que si puso la antena, había cambiado de sabor. Realmente sorprendente.

Y es que a la sociedad de la información, aparte de apologistas, también le salen enemigos, y sobre todo le salen supersticiones.

Las mismas personas que perseguían a una pobre curandera, o a los judios, de causar la muerte de algun niño del pueblo, y exigían su muerte en la hoguera, o su degollamiento popular, acusan ahora con los mismos argumentos, ¡y con las mismas palabras!, a las antenas de telefonía móvil.

Ni que decir tiene que los vecinos del pueblo tienen todos teléfono móvil, (aunque se escuche mal o nada por la falta de cobertura), y ni que decir tiene que en el referendum salió que no se ponía la maligna antena.

Espero que la alcaldesa se haya quedado tranquila y que los vecinos duerman ahora tranquilos sabiendo que no serán tocados por las enfermedades, y sobre todo que el agua seguirá sabiendo como siempre.

1 comentario:

Alejandro Cordón dijo...

Esta historia es tan graciosa como triste. Pero no sé qué es más triste, si que los que mandan no se preocupen de educar a la población, o que la población siga teniendo mentalidades de hace 500 años, o directamente que los gobiernos no se preocupan de tomar decisiones, tarea para la cual han sido elegidos democráticamente.

Ahora que lo pienso, creo que los tres factores están estrechamente encadenados en una relación causa-efecto-causa.

Una lástima, pero así es este país, así son los que lo gobiernan (unos más, otros menos) y, consecuentemente, así nos ven desde el exterior.