miércoles, 11 de abril de 2018

Un millón (y medio) de universitarios no pueden equivocarse

En nuestro país, España, hemos alcanzado la espectacular cifra de 1.400.000 universitarios. En Alemania que son el doble de población tienen 1.700.000.

Estoy seguro que los reformistas españoles como Fernández de los Rios o Manuel Azaña hubiesen sucumbido a la impresión de semejantes números que verdaderamente muestran una España muy alejada de los estereotipos que corrían por Europa desde el romanticismo de un país salvaje, analfabeto y muy emocionante.

Hemos cambiado, aunque persistan rasgos de nuestro carácter como la imposibilidad de ponerse de acuerdo en algo o la pillería y la picaresca. Eso parece que no lo cura la Universidad. Tampoco el otro gran mal de la política nacional que es el clientelismo y la consideración de lo público como propiedad de políticos y funcionarios.

Al contrario, parece que entre tanto universitario, doctor, catedrático y rector magnífico también anidan los viejos males de la patria como se ha puesto de manifiesto con el "affair" del master de Cristina Cifuentes, cuyo nivel de trapacerías crece día a día.

Poco imaginaba Cifuentes cuando aceptó el regalo que le hacían sus vasallos de la Universidad Rey Juan Carlos I que ese paquetito contenía no solo mercancía averiada sino directamente material radioactivo como el que usan los servicios secretos para deshacerse de sus enemigos.

Y es que ¿por qué no tener un master en el curriculum cuando te lo ponen tan fácil?

Ochenta mil personas egresan cada año de los 3.700 masters que se cursan en nuestro país, así que uno más ¿que importaba?

No tenía que asistir a clase, ni presentar trabajos y además le convalidaban casi todo. ¿Por qué no ponerse una plumita más en el sombrero?

Pues muy sencillo Cristina, porque los políticos no pueden aceptar regalos. Y los funcionarios no pueden regalar lo que no es suyo.

Todo este asunto ha puesto en tela de juicio el sistema educativo público español en su totalidad porque, como nos conocemos, nos imaginamos que donde hay un caso debe de haber ciento y las sospechas corren por los curris de políticos y celebridades a quienes pudiera haber sido conveniente hacer un regalito por parte de funcionarios agradecidos o expectantes de mejores destinos.

Si ha sido tan fácil falsificar actas, firmas y convalidaciones en este caso, ¿cuantos más hay por ahí con idénticas manipulaciones?

La cosa es seria porque el prestigio de los centros universitarios es la garantía del valor de los títulos que emiten. Vamos, es como si al Banco de España le pillan falsificando billetes.

Y es más seria todavía porque las universidades españolas emiten demasiados títulos. Porque hay demasiados universitarios y porque los masters de grado se han convertido en una "commodity" cuando deberían haber sido la guinda de un pastel personalizado.

Y cuando hay demasiado de algo ese algo pierde inevitablemente su valor.

Naturalmente siempre tendrá la Universidad una función de impartir conocimiento y todos aquellos que quieran adquirir conocimiento de forma desinteresada estarán felices de asistir a cursos en sus materias favoritas, pero sospecho que la mayoría de los jóvenes acude a la Universidad con la intención de poder presentar cartas credenciales valiosas ante en mundo de los empleadores.

A esos, todo este asunto les perjudica. (No digamos a los alumnos de la Universidad Rey Juan Cárlos I).

Pero llueve sobre mojado porque ya hay universidades españolas que emiten títulos cuyo valor es cercano a cero y los que los emiten lo saben.

Si fuesen universidades privadas eso no tendría la menor importancia ya que en ese ámbito cada cual es libre de hacer con su dinero lo que quiera, ir a Harvard o al centro de altos estudios de Fresnedilla del Condado.

La cuestión es la enseñanza pública que se imparte con el dinero de todos, (cada alumno cuesta al erario público una media de 9.000 euros por año), y que por tanto es un bien que a todos nos interesa preservar. Ya que nos gastamos la pasta por lo menos que sirva para algo más allá de tener a los jóvenes entretenidos unos cuantos años.

Y en este sentido la política que se está siguiendo de "facilitar" el acceso a la universidad a cuanta más gente mejor y después "facilitarles" el tránsito hacia el título con exigencias cada vez menores, es un gran error y una auténtica malversación de caudales públicos.

La inflación y la falsificación hacen un mal terrible a los títulos universitarios y a quienes los adquieren y esto hay que pararlo ya mismo, volviendo a las exigencias y a la escrupulosidad.

Y si no, hay que tener coraje y decirles a los millón y cuatrocientos mil estudiantes que se han equivocado dedicando su tiempo y los recursos de sus padres y de todos nosotros para conseguir algo que en realidad no vale nada.






   

 


miércoles, 4 de abril de 2018

La Ley de los Símbolos

Está dando mucho que hablar hoy un video en el que se retrata una fricción entre la reina emérita, Doña Sofía, y la reina actual Doña Leticia a costa de una foto con las infantas en la catedral de Palma de Mallorca.

He escuchado muchos comentarios y como me parece que ninguno ha entrado en el fondo del asunto me voy a tirar a esta piscina.

No lo hago por convicciones monárquicas, ya que a mi me gustaría que en España fuese posible una República, que no lo es me parece a mi, sino por una simple cuestión de análisis de un asunto que a mi cada vez me interesa más que es el de las mitologías y los símbolos.

La monarquía, como el papado, tiene una enorme carga simbólica.

En realidad y a efectos funcionales, su papel en el entramado institucional consiste más que en ser en estar.

Esto sería muy difícil de explicar en otros idiomas pero nosotros tenemos esa opción así que la vamos a usar.

Los monarcas "aparecen" en momentos concretos para generar una idea de existencia de una entidad ideal que es "la nación".

El estado tiene muchas formas de manifestarse: ahora mismo ya tenemos que hacer la declaración de la renta, pero todo el aparato legislativo y normativo está condicionando permanentemente nuestra vida, pero la nación solo se manifiesta a través de símbolos: la bandera, el himno y los reyes.

Actualmente esas apariciones se realizan fundamentalmente a través de representaciones gráficas, fotos y vídeos que llegan a los ciudadanos a través de los medios de comunicación, y por eso desde la Casa Real tienen un cuidado exquisito en dominar el único extremo de la comunicación que pueden controlar que es el posado.

Lo demás lo controlan o manipulan los demás, pero ellos pueden gestionar la forma en que aparecen.

Así que más allá de lo que son, ellos intentan dominar el arte de estar.

Es más, en la actualidad es casi indiferente lo que sean las personas que encarnan el símbolo.

Como no tienen poder sobre las cuestiones del estado, pueden ser unos pardillos o unos malvados siempre que no lo parezcan. Es decir siempre que estén en su sitio.

Establecido el contexto general vamos al contexto particular.

La reina Leticia es una plebeya. Una intrusa en un mundillo en que siempre se ha criado a los vástagos y vástagas para cumplir con el papel de figurín.

Por alguna razón que ellos sabrán, los príncipes herederos decidieron dejar de casarse entre ellos y ampliar la base genética con gentes del pueblo.

A sus mayores seguro que eso no les gustó, pero tuvieron que tragar.

Ahora bien, estoy seguro que en el ámbito familiar, o sea el del ser, a la reina Leticia le hacen sentir en muchas ocasiones que ella no es "exactamente" un personaje real.

Y la reina Leticia que debe tener un carácter fuertecillo eso le parecerá fatal y le sentará a cuerno quemado.

Y naturalmente en las ceremonias de posados oficiales debe librar auténticas batallas para ocupar el lugar simbólico que le corresponde y no quedar eclipsada por los personajes reales de "verdad".

Y ya sin más pasamos a explicar la escena:

La reina Sofía, (una reina de verdad), intenta hacerse una foto con las infantas. La reina Leticia se pone como una pantera y trata de impedir la foto.

Mucha gente califica la acción de Doña Leticia como una agresión a la "abuela" Sofía, pero eso es no ver lo que está pasando.

La abuela Sofía se podrá hacer todas las fotos que quiera en su casa y en privado, pero cuando la familia real está en sus funciones de representación no hay abuelas que valgan.

Lo que hay es un intento de obviar a la intrusa Leticia, representando la continuidad simbólica de la familia real que emana de Doña Sofía y se encarna en la infanta Leonor y su hermanita.

O sea una foto con mucha retranca.

Como las niñas deben saber de esta pelea simbólica y estarán de parte de su mamá, ellas también intentan zafarse de la foto de marras, y finalmente Doña Leticia se sale con la suya y la foto oficial que se hacen a continuación ya reúne a las tres generaciones sin saltarse a ninguna.

Pero la maldad ha continuado porque la filtración del vídeo no es casual y el resultado tampoco.

Doña Leticia ha quedado como una plebeya sin educación ni tacto, la reina Sofía como una víctima inocente, y las niñas como rehenes de una pelea familiar.

Quienes lo han hecho iban a hacer daño y lo han conseguido.

A mi me parece que los "abuelitos" se deben de haber reído bastante.     

viernes, 23 de marzo de 2018

Convencer, manipular, engañar

En respuesta a mi anterior post sobre los sucesos relacionados con la actuación de la empresa Cambrigde Analytics, me propone un amigo que tenemos que intentar establecer los límites entre los términos "convencer", "manipular" y "engañar".

Dejando al margen las técnicas y tecnologías que se utilizan para gestionar ,otro término, la opinión pública efectivamente la cuestión es donde termina el convencimiento y donde comienza la manipulación y engaño. De todo esto estamos siendo testigos cada vez con mayor frecuencia.

Veamos en primer lugar lo que dice la Real Academia de la Lengua.

Convencer: Precisar a uno con razones eficaces a que mude de dictamen o abandone el que seguía. (Primera acepción).

Manipular: (Cuarta acepción) Intervenir con medios hábiles y a veces arteros, en la política, en la sociedad, en el mercado, etc., con frecuencia para servir los intereses propios o ajenos.

Engañar: (Segunda acepción) Inducir a otro a creer y tener por cierto lo que no lo es, valiéndose de palabras o de obras aparentes o fingidas. (Primera acepción) Dar a la mentira apariencia de verdad.

Como puede verse la Academia lo tiene bastante claro y a mi me gustaría que la legislación también lo tuviese, porque aunque existe el delito de calumnia, muchas veces las fronteras no están tan claras.

El marketing político ha entrado en una nueva era en la que las técnicas de micro-enfoque y micro-posicionamiento acompañadas de la capacidad de extraer información psicológica de cada persona a partir de sus perfiles de actuación en las redes han creado un campo de batalla en el que las líneas del frente están borrosas y ya es muy difícil saber en que campo está cada cual.

Es perfectamente lícito intentar convencer mediante los medios que cada cual juzgue oportunos. ¿O no?

Cuando nos bombardean en nuestro domicilios o en nuestra esfera virtual móvil con llamadas comerciales en las que nos intentan enredar para que nos hagamos un  seguro hablándonos muy deprisa para que aceptemos un periodo de prueba sin coste, ¿es eso lícito? ¿es eso legal?

Cuando las ONG se colocan en las plazas públicas y se dirigen a las personas de forma harto irrespetuosa (campechana dirían ellos) para lanzar un discurso culpabilizador, ¿es eso lícito? ¿es eso legal?

Cuando los partidos políticos nos reclaman el voto en base a programas ilusorios o en base a pintar a sus oponentes como demonios desencadenados a sabiendas de que no son peores que ellos mismos, ¿es eso lícito? ¿es eso legal?

Quiero decir que ni siquiera en el primero de los términos podemos estar seguros por más que teóricamente si deberíamos estarlo.

Todos sabemos que el término convencer ha sido invadido por los términos manipular y engañar. Es mas, yo diría que ha sido colonizado.

Damos por sentado que quien nos quiere convencer en realidad nos está manipulando y engañando.

La publicidad ha entrado en una fase, (hace ya tiempo), en la que en lugar de hablarnos del producto y sus ventajas, lo que hace es asociar productos y ensueños. Los coches no son buenos porque tengan un buen motor sino porque nos llevan a la felicidad. La ropa no es que siente bien sino que nos transforma en seres magnéticos. La comida no es que sea nutritiva sino que crea un espacio familiar ideal. Y así podríamos seguir.

Y el marketing político hace lo mismo: indaga en nuestras filias y fobias y las alimenta.

Y funciona: veanse los resultados de los últimos procesos electorales en el mundo.

Lo que ha triunfado no han sido posiciones basadas en la racionalidad. Han sido posiciones basadas en sentimientos muy primarios de odio a los otros, amor a los propios y desconfianza de los planteamientos intelectuales. Eso es lo que está ganando.
 
Así que el asunto se vuelve contra nosotros. ¿No será que hemos renunciado a la racionalidad y que lo único que buscamos es satisfacer nuestros instintos y conseguir placer? 

¿No será que hemos dimitido de nuestras obligaciones como ciudadanos?

Hablaba en el anterior post de los sofistas, esos filósofos griegos que fundaron escuelas para enseñar a hablar a los aspirantes a dirigentes y les fue bastante bien económicamente en la tarea.

Se trataba de enseñar a los aprendices de políticos como convencer mediante una hábil retórica.

Hoy día está claro que los políticos no necesitan esas habilidades. Vease el caso de Donald Trump, o el de Vladimir Putin. Apenas saben hablar. No necesitan hablar de hecho.

No lo necesitan porque no intentan convencernos de nada.

Lo único que necesitan es conectar nuestro miedos y pasiones con su liderazgo, y para eso no hace falta convencer, pero si manipular y en último término engañar.

Y por eso las campañas políticas ya no van de razonamientos ni de comparaciones de propuestas sino que van de emociones desencadenadas en torno a ideas primitivas de carácter tribal.

Y si van de eso es que eso es lo que funciona.

Me temo que es un poco tarde para iniciar un debate sobre la conveniencia de separar el arte de convencer del arte de manipular. Hace tiempo que hemos renunciado a que nos convenzan.

Me parece que ya solo queremos unirnos a la manifestación de los "nuestros".

Y por eso estamos dispuestos a permitir que nos manipulen y que nos engañen impunemente.       

miércoles, 21 de marzo de 2018

Cambridge Analytica enseña la patita

¡Por fin un tema digno de ser tratado en La Jungla Digital que no se llama así por nada!

Se ha montado un gran escándalo por la denuncia de un profesor norteamericano contra la empresa Cambridge Analytica y de rebote contra Facebook por haber manipulado sus datos (y los de millones de personas con él) a fin de influir en las pasadas elecciones presidenciales en los USA que como todo el mundo sabe ganó Donad Trump frente a Hilary Clinton.

Este profesor, demócrata de adscripción política como suelen ser los liberales americanos, recibió numerosos correos en los que se acusaba a Clinton de todo tipo de tropelías en la mejor tradición de la política canalla que es la que se va imponiendo en todo el mundo.

Nunca había yo entendido las diatribas cristianas contra la calumnia seguramente porque en el mundo en el que crecí no estaba de moda, pero ahora claro que entiendo lo que quería decir Jesús el galileo. Se ve que a él también le afectó.

La cuestión tiene mucha importancia porque una vez más chocan frontalmente el desarrollo tecnológico y la legislación de los estados o la internacional.

De sobra sabíamos que la minería de datos, el Big Data y la astucia de los intermediarios producirían resultados como los ya percibidos en las últimas campañas electorales o referendums.

De sobra sabíamos que toda esa información no sería utilizada para fines nobles.

De sobra sabíamos que no hay murallas, firewalls, fronteras o límites para los que se quieren hacer con información que se encuentre en la Red.

Lo único que no sabíamos es que ya estaba ocurriendo.

Sabíamos que nuestros datos estaban siendo comercializados por las compañías con las que tenemos contratados servicios porque nos llaman al teléfono fijo e incluso al móvil para ofrecernos productos y servicios de forma persistente y maleducada.

Pero eso es un juego de niños comparado con lo que ya está aquí.

A partir de nuestros datos, sofisticados algoritmos de búsqueda construyen perfiles de conducta, predicen nuestros próximos pasos, y proponen acciones a tomar "en nuestro beneficio" o sencillamente para influir en nuestra vida y nuestras decisiones.

Eso es precisamente lo que hizo la consultora Cambridge Analytica con las personas a quienes identificó como presumibles votantes de Clinton: les bombardeó con "informaciones" falsas o semifalsas que desacreditaban a la candidata a fin de desmotivar a sus electores.

Lo mismo se hizo en el referendum del Brexit, y es de suponer que esta consultora habrá tenido otros clientes, así que no sabemos el alcance de sus actividades ni cuantos procesos electorales han sido afectados por estas técnicas.

Siempre se puede argüir que las personas somos libres para pensar una cosa u otra y que somos lo suficiente maduros como para tomar decisiones en base a nuestras preferencias reales y no en base a otras inducidas por terceros.

Pero de sobra sabemos que eso es falso.

Psicólogos, sociologos, politólogos o simplemente gente genial dedicada a la manipulación de la opinión pública tienen hoy acceso a unas herramientas informáticas tremendamente poderosas que multiplican exponencialmente el valor de sus propios arsenales de técnicas manipuladoras, y la verdad es que nunca en la Historia habíamos estado los ciudadanos tan expuestos a la manipulación y la mentira organizadas.

Hemos permitido que compañías como Amazon conozcan nuestros gustos y aficiones y ahora no podemos volver atrás.

La única estrategia posible ante los ataques a nuestro libre albedrio es limitar a fuentes de confianza, si es que queda alguna, la recepción de noticias y solo acceder a correos que nos lleguen de personas conocidas.

Debemos aceptar que la Red es en verdad una jungla llena de serpientes venenosas y que no nos podemos fiar absolutamente de nadie.

Debemos aceptar que la mayoría de las informaciones que circulan son falsas e interesadas.

Debemos aceptar que somos manipulables, que no nos podemos defender de las calumnias y que tomar a la ligera decisiones de cualquier tipo es muy peligroso.

O sea que la única estrategia es pensar y no actuar por impulsos porque ahí es donde nos cazan como a conejos.

En resumen, tenemos que aceptar que hay gente muy lista, mucho más que nosotros, que se está colando en nuestras mentes.

No es que estas cosas no hayan pasado siempre porque la política siempre ha sido manipuladora, es que la escala a la que pasan ahora estos procesos es simplemente abrumadora.

Muy lejos quedan las escuelas sofistas que precisamente basaban su éxito en enseñar a sus pupilos a manipular mediante la brillantez oratoria en el Agora ateniense.

Todas esas técnicas se amplificaron con los medios de comunicación y ahora llegan a las redes.

Nada nuevo hasta ahí.

Lo que si es nuevo es que hasta ahora el manipulador estaba fuera y nos hablaba.

Ahora está dentro de nuestra mente.

Veremos como actúan los tribunales británicos. Los americanos no han querido entrar.

Pero me temo que esto no tiene vuelta atrás.

Cambridge Analytica nos ha enseñado la patita.

El lobo está detrás.     

martes, 20 de marzo de 2018

Revolución en Lavapies

Para los que no lo conozcan, Lavapiés es un antiguo barrio de Madrid, entre lo obrero y lo lumpen y entre lo castizo y lo arrabalero.

Desde que comenzó hace unos años la emigración a gran escala en Madrid, todos los barrios obreros de la capital se han llenado de emigrantes y lo castizo ha sido sustituido por lo "multicultural" aunque la parte lumpen y delincuencial ha seguido.

Lo que sucede en Lavapiés sucede así mismo en Vallecas, Tetuan, Carabanchel, Orcasitas, Quintana y muchos otros barrios, pero Lavapiés es el escaparate de la multiculturalidad donde los podemitas y asimilados representan sus comedias progres.

Esas comedias tienen un argumento, una narración, donde se dan cita todos los tópicos de la progresía morada: los emigrantes son unos ciudadanos ejemplares perseguidos por la policía, las mujeres son las heroicas representantes de la Humanidad, los gays y lesbianas el epítome de la grandeza, los negros son mucho mejores que los blancos, los musulmanes beatíficos adalides de la modernidad,...., y todos juntos forman la gente del aroiris, auténtica nueva ciudadanía de un mundo mejor.

Ese es el credo podemita y naturalmente cualquier suceso que afecte a tan maravillosa comunidad es automáticamente el detonante de cadenas de acontecimientos cuyo guión ya está previamente escrito.

Ante cualquier agresión del ejército del mal compuesto por capitalistas, cristianos, policías, derechistas o simples ciudadanos no morados, los valientes comandos del anticapitalismo saltan de sus guaridas, (o despachos oficiales), lo que esté más cerca, para defender a los pobres ciudadanos de la patria podemita.

Como es un resorte automático, a nadie de estos valientes guerreros del arcoiris se les ocurre comprobar si la información de la supuesta agresión es auténtica. ¿Para qué?

En comprobaciones se pierde un tiempo precioso a la hora de montar la guerrilla urbana y además ¿para qué hay que justificar la siempre justa ira popular?

Si el pueblo se manifiesta, el pueblo siempre tiene razón. El pueblo siempre es el agraviado y lo está de forma permanente.

En el caso de los manteros esto es absolutamente evidente. Estas gentes venidas de lejanos países son tratadas con indiferencia criminal por el capitalismo y perseguidas con vesanía por los esbirros policiales. Por lo tanto cualquier cosa que suceda en ese colectivo es culpa nuestra, o sea de los que no somos pueblo podemita.

Así que los grandes capitanes Monedero o Espinar, estos héroes de la causa morada que nunca han salido de un despacho oficial o académico excepto para confraternizar con los desposeidos, rápidamente sacaron sus móviles y se pusieron a tuitear como locos: ¡los municipales son culpables!

Para estos canallas un muerto es una ocasión de oro y así lo han demostrado.

El papelón de la anciana alcaldesa es memorable. Por lo menos yo espero que la gente normal que en su día votó a Podemos se acuerde de estos acontecimientos.

Para que hablar del aprovechamiento de la batalla por los podemitas en el Congreso pidiendo despenalizar el topmanta. Espero igualmente que todos los que trabajan en el comercio y en su día votaron a Podemos también se acuerden de este momento.

Dejo para el final mi opinión de que en España, como en otros países europeos no estamos tomando el problema de la emigración ilegal con la seriedad y la profundidad que reclama.

Tampoco nos estamos tomando en serio la situación de miles de personas que careciendo de documentación no pueden trabajar legalmente.

Estas personas están aquí y necesitan una solución legal.

Meter la cabeza debajo del ala no soluciona nada. Olvidarse de estas personas hasta que sucede la tragedia no es humano.

No es decente.       


jueves, 15 de marzo de 2018

Un código penal añejo y equivocado

Debaten hoy sus somnolientas señorías sobre la derogación de la pena de prisión permanente revisable. Dejando a un lado la contradicción "in terminis" de lo permanente y lo revisable, que ya indicaba desde el principio la falta de energía de quienes promulgaron ese decreto que ya anunciaban que no pensaban que fuese de aplicación real, lo que refleja el debate de hoy es la pereza que les da a los políticos tener que pensar en que clase de código penal tendíamos que tener en el siglo XXI, que es el siglo en el que vivimos.

Encerrados en el discurso emitido por Rousseau hace 250 años los europeos andamos todavía prisioneros del concepto de que no hay nadie malo sino que es la sociedad la que hace malos a algunos.

Como es la sociedad la culpable subsidiaria de cualquier delito, es la sociedad la que tiene que arreglar el entuerto reinsertando al pobre delincuente.

Según tan delirante teoría cualquier hijo/a de una familia desestructurada debería ser un delincuente lo que la realidad demuestra todos los días que no es verdad, y en las familias estructuradas no deberían salir delincuentes, lo que la realidad igualmente desmiente.

Igualmente los nacidos en determinados barrios deberían ser mayoritariamente delincuentes y los nacidos en otros serían todos ellos excelentes ciudadanos.

Es un disparate si pero es un disparate en el que basamos nuestra Justicia.

Naturalmente estas ñoñas teorías no son compartidas por los que están en la lucha contra el crimen pero en la clase política son la norma.

Tiene razón el PSOE cuando dice que la prisión permanente revisable es anticonstitucional porque en la Constitución española se dice que la finalidad de las penas de prisión es la reinserción. Si una persona no va a salir más a la calle, ¿como se va a reinsertar?

Pero la cuestión, como sabemos todos, es que hay gente que es peligrosa. Que es mala de nacimiento vaya, o que tiene inclinaciones cuya satisfacción implica la participación forzada de otras personas, o que ha hecho del crimen su forma de vida y no sabe ni quiere vivir de otra forma.

Y con esa gente no cabe reinserción alguna excepto la que se produce en la ancianidad por falta de recursos o de apetitos.

Así que ¿como se saca de la circulación a esa gente?

Yo doy algunas ideas para debatir.

La primera es abandonar la idea de la reinserción con carácter general. La cárcel está para proteger a la sociedad de los individuos que están en ella como consecuencia de sus crímenes. La sociedad no les debe nada a ellos. 

La segunda es clasificar a los delincuentes por su peligrosidad y atenerse a los hechos. Los considerados peligrosos deben ser retirados de la circulación hasta que dejen de serlo.

La tercera es separar delitos económicos de los crímenes sociales. En los primeros hay que primar la devolución de lo sustraido, por ejemplo prolongando la cárcel hasta que se produzca la devolución y una vez producida introducir sistemas de vigilancia sobre ellos de por vida.

Y en los crímenes tradicionales introducir medidas de vigilancia telemática para aquellos penados de peligrosidad menor. (Y medidas de trabajo vigilado para menores recuperables).

La tecnología tiene ya medios para vigilar a la gente a distancia. Por ejemplo insertando en esas personas un chip que no se puedan retirar.

Además se pueden asignar zonas de residencia obligada.

Eso significa cambiar el esquema de hoy de almacenamiento en cárceles, (que cuestan un dinero), por otro de vigilancia a distancia. Pero ya perfectamente factible.

Otra cuestión es la expulsión de delincuentes extranjeros, que debería ser la norma, cambiando las leyes de la Unión Europea en materia de libre circulación de personas. Digo yo, de personas con carácter general si, pero de delincuentes no. ¿Que como saber quien es quien en las fronteras? Por el chip de control para delincuentes.

Ya se que todo esto parece de ciencia ficción.

Pues no lo es y pronto la neuro ciencia abrirá nuevos campos de detectar personas con inclinaciones naturales nocivas.

Estamos también en este ámbito a las puertas de cambios revolucionarios.

Mientras dejemos que nuestros bobalicones diputados se entretengan con sus tontunas del siglo XVIII. 

 
   

jueves, 8 de marzo de 2018

Feminismo a la española

Hoy se celebra en todo el mundo el Día de la Mujer.

Ya hemos hablado muchas veces de la proliferación de días de cualquier cosa y de la tendencia a hacer bandera de obviedades que tergiversan la realidad, vamos como si el tronco de un árbol hiciese bandera de ser tronco frente a las ramas o las raíces.

Pero en esta ocasión creo que si que merece la pena recordar un día que la situación de las mujeres incluso en el mundo occidental incluye algunos sobreentendidos que deben ser corregidos lo antes posible.

Cuestiones como el acoso o la falta de políticas de conciliación son intolerables y hacen daño a la sociedad en su conjunto.

Si la mujer está abandonando sus roles tradicionales el mundo debe encontrar fórmulas para que tal opción, legítima como es, pueda realizarse sin distorsiones o sacrificios insostenibles.

Los que defienden la familia, y yo soy uno de ellos aunque en versión laica, tienen que comprender que esa institución no puede ser la que era y que si sobrevive tendrá que ser mediante cambios en la sociedad empezando por los ámbitos empresariales.

Y ya digo, determinadas prácticas de abusos físicos que han gozado de una permisividad social repugnante a lo largo de los siglos deben  parar ya no tanto creando brigadas policiales sino a través del rechazo firme de la sociedad en su conjunto.

Cuando determinadas conductas reciben ese rechazo firme se reducen al marco de lo patológico o lo criminal y para combatirlas existen medios y procedimientos.

Así que en términos generales estoy a favor de la reivindicación de un cambio en la sociedad que permita el acople de las mujeres en el mundo y la igualdad de hecho y no solo de derecho.

Ahora bien, en nuestro país resulta que estas reivindicaciones que se comparten por todo Occidente han adquirido un cariz diferente.

¡Vaya por Dios! "Spain is different" una vez más.

Y así aquí vamos a tener en el día de hoy una huelga, que en principio era de dos horas pero a los organizadores les ha parecido poco y va a ser de todo el día con grandes manifestaciones y algaradas.

¿Y eso por qué?

En mi artículo anterior me refería a la pervivencia de corrientes políticas arcaicas en nuestro país y hoy tengo que insistir.

El eje de la política española no es ni ha sido nunca izquierda/derecha o burguesía/aristocracia o pobres/ricos. No. Aquí el eje es amor a la autoridad-odio a la autoridad.

Si situamos a los partidos políticos en torno a este eje veremos como todos se acoplan con facilidad y veremos como las alianzas que a menudo parecen extrañas (cuando las miramos en torno a los ejes ortodoxos), en torno a este eje son naturales.

Y carlismo y anarco-sindicalismo son las dos caras de la misma moneda; la del odio a la autoridad.

De la misma manera que el PP representa ahora el amor a la autoridad, y Ciudadanos...también.

Y el feminismo español representa no lo que es en el resto de los países occidentales sino un elemento más de la gran coalición anarco-sindicalista.

Por eso salen a la palestra continuamente discursos anti-patriarcales por parte de las portavoces feministas y por eso esos discursos se encuentran entre los más radicales de Occidente.

Podemitas, socialistas y carlistas soberanistas apoyan en buena lógica estas manifestaciones que al final se dirigen no a conseguir ese mundo mejor que debería ser el objetivo, sino a combatir la odiada autoridad que ocupa el gobierno pepero.

Es exactamente lo mismo que el ecologismo nunca-mais, el pacifismo no-a-la-guerra y la independencia de Cataluña. Exactamente lo mismo.

Manifestaciones del odio a la autoridad que está tan enraizado en la psique española y en los discursos que nosotros como ciudadanos de este país nos montamos para dar sentido a nuestras vidas.

Aquí no se trata nunca de mejorar lo que tenemos.

Aquí de lo que se trata es de destruir la odiada autoridad. (Y cuando las tornas se vuelven, de imponer a sangre y fuego esa misma autoridad).

Y así llevamos desde Roma.

Así que desde estas humildes líneas yo quiero mandar un saludo y todo mi ánimo a todas aquellas mujeres que quieren mejorar sus vidas, con todo el derecho del mundo, pero no creen que eso pasa por destruir el tejido de nuestras vidas y crear un mundo de amazonas y mantis religiosas.

Sinceramente yo creo que es una necesidad de toda la sociedad introducir cambios que permitan a las mujeres vivir vidas plenas en lo laboral y en lo familiar.

Creo que nos irá mejor a todos si las mujeres tienen ocasión de introducir sus puntos de vista en la dirección de los asuntos del mundo.

Y creo que eso se va a conseguir mejor si se hace de forma inteligente y no produciendo enfrentamientos absurdos con los hombres.

Ojalá el feminismo español pueda salir del redil anarco-sindicalista y del odio al poder.

Pero eso también tendrán que hacerlo mujeres.   

jueves, 1 de marzo de 2018

Carlismo contemporáneo

Cuando en los lejanos años setenta un profesor de Historia de España en la Facultad de Periodismo nos expuso que los dos únicos movimientos políticos genuinamente españoles eran el anarco-sindicalismo y el carlismo yo, y seguramente otros alumnos, lo interpretamos como un intento de descalificar las corrientes políticas emergentes en aquellos años del tardo-franquismo.

Parecía que lo que nos quería decir aquel profesor era que el socialismo, el comunismo, la cristiano democracia o el liberalismo no tenían cabida en nuestro universo mental más inclinado a ideologías castizas y a tremendismos guerra-civilistas como los que nos habían llevado a la dictadura franquista.

También por aquella época, todavía en vida del general, se mantenía a menudo en los medios de comunicación la tésis de que para los españoles la política era un ejercicio de alto riesgo y que lo que se imponía era mantener un "estado de obras" que se ocupase de mantener e incrementar el bienestar de los españoles sin que estos tuviesen que calentarse la cabeza con pugnas ideológicas de tan amargo recuerdo.

¡Hagamos carreteras, pantanos, puertos, y demás y no nos preocupemos ni de la forma del estado ni de quien tiene la sagrada misión de gobernarlo!

Ese era el ambiente de los "debates" oficiales de aquellos días en los que la edad del caudillo hacía temer a sus muchos seguidores que a su muerte íbamos a volver a las andadas.

Quien nos iba a decir que casi cincuenta años después, tendríamos que coincidir con el profesor aquel viendo como las opciones de la ortodoxia política europea, socialismo y cristiano-democracia, se deshilachan y envejecen a toda velocidad al tiempo que carlismo y anarco-sindicalismo renacen con la misma fuerza que tuvieron en la España del XIX.

Hoy día, el anarco-sindicalismo no solo tiñe la izquierda juvenil podemita, sino que se ha instalado en el pensamiento flojo del actual PSOE, en las organizaciones anti-sistema como la CUP, o de izquierda nacionalista como la CUP o las sucesivas opciones filo-etarras.

Por su parte el carlismo se manifiesta con fuerza inusitada en el PNV o en Esquerra Republicana de Cataluña, pero también aparece en el PP gallego, o las múltiples encarnaciones de las derechas nacionalistas.

El mismo furor anti-liberal, anti-centralista y anti-racionalista que apareció en España en el largo periodo 1833-1876, cuando se enfrentaron la visión del mundo del Antiguo Régimen y la visión liberal centralista, y la España rural con la España urbana, ha renacido en forma de ataques a la forma del Estado, la igualdad de todos los españoles y la idea de una administración eficaz y moderada.

Se combate al Estado con la misma pinza que tanta destrucción nos trajo: demandas sociales imposibles y demandas de fragmentación contínuas y crecientes.

Es el estado liberal lo que está en juego como entonces solo que ahora ese estado ha crecido y mejorado considerablemente y ha intentado tanto responder a la mayoría de las demandas sociales como a las de descentralización y respeto a las diferencias.

Y es que a los carlistas y a los anarquistas les da igual las ventajas de que gozan sus ciudadanos ya que para ellos es mucho más importante la destrucción del odiado estado liberal unitario.

Efectivamente, ningún avance en el bienestar o en el autogobierno va a detener a los que consideran que la España capital Madrid es una afrenta que no pueden perdonar ni asumir.

Tenía razón el profesor.

Carlismo y anarquismo son dos corrientes ideológicas tan fuertemente enraizadas en la realidad española que no podemos aspirar a derrotarlas, como en las tres guerras carlistas, o asimilarlas como en la Guerra del 36 y en la Transición.

Tras cada derrota rebrotan como la mala hierba y en cada intento de asimilación se alimentan de las concesiones y crecen hasta convertirse en monstruos.

Francamente no se que se puede hacer con ellos ni tampoco como se puede educar a los españoles para que no sigan como los ratones de Hamelin al flautista de turno, llámese Zumalacárregui, Junqueras, Iglesias o el cura Merino.

Desde luego gobiernos como el de Rajoy no ayudan. 


     

jueves, 22 de febrero de 2018

La Censura y El Arte

La Feria de Arte ARCO de Madrid acaba de conseguir convertir un bodrio realizado a partir de una serie de fotografías veladas y titulado "Presos políticos", en una obra de arte que se ha vendido de inmediato por la cifra de 80.000 euros. ¿Cómo se ha realizado tal hazaña?

Hoy en día resulta cada vez más difícil llamar la atención en el mundo del arte.

Desde que Marcel Duschamp decidió que el arte tenía que ser divertido y que no hacía falta ninguna preparación o técnica para realizarlo ya que ni siquiera tenía que "hacerlo" pues bastaba con elegir un objeto y situarlo de una manera llamativa para que el arte surgiese como por encanto, o sea desde que este señor hace ahora cien años presentase un urinario o una rueda de bicicleta como arte, pues se acabó el arte y comenzó la provocación, el espectáculo y la tomadura de pelo y desde entonces no se ha parado.

ARCO más que una feria de arte es una feria de artefactos por la que han pasado cadáveres humanos plastificados, caballos o tiburones colgados del techo, chafarrinones de todos los colores, piedras, utensilios de cocina, defecaciones, catafalcos y un largo etc que indica el penoso estado del arte moderno.

Como ya nadie se atreve a definir el arte y campan por sus respetos una serie de galerías norteamericanas casi todas que son las que deciden que horror es lo mas in del momento, todo el mundo acude a estas ferias con la sensación de que le están tomando el tupé o con la intención de medrar dando opiniones funanbulescas que ha sacado de alguna revista especializada.

No quiero decir que no haya artistas, porque ahí estan David Hockney y algunos más que hacen obras modernas y a la vez espléndidas. Lo que quiero decir es que el arte es hoy un territorio lleno de granujas de todo pelo.

El autor de la obra censurada por ARCO es uno de ellos y su galerista su cómplice.

Y los responsables de ARCO unos pardillos que han caído en la trampa que los dos anteriores les han montado con la inestimable ayuda del ABC que cuando se pone a pánfilo no hay periódico que les iguale.

Así, unos comentarios en el citado periódico, seguidos de inmediato por los tertulianos derechoides de turno a quienes hay que titularles, como ha hecho ese otro granuja llamado "el bigotes", tontulianos, han hecho que les temblasen las canillas a los responsables de ARCO que están ahí cobrando unos buenos miles de euros gracias a los políticos de turno, y estos queriendo servir a sus amos han producido la expulsión del granuja autor del bodrio haciéndole el favor de su vida.

¡Prueba conseguida! supongo que exclamarían éste rufián y su cómplice galerista al enterarse de la noticia seguida por la compra del engendro por un prominente independentista catalán hecho rico gracias al fútbol español y su explotación televisiva. Un socio de Roures vamos.

Excitar a los de la derecha beata española es igual de fácil que hacer enfadar a un niño pequeño.

Sus filias y fobias son tan explícitas que provocar su reacción crispada es cosa de nada.

De sobra sabían el rufián fotógrafo y su galerista lo que podía pasar y lo bien que les podía salir la jugada.

Y así ha sido indefectiblemente.

El año pasado se censuró a un transformista canario que se disfrazó de Cristo en la cruz y este año han salido cristos, vírgenes y apóstoles por todas partes.

Eso es lo que se consigue cuando se contesta con escándalo a los buscadores de escándalo.

¿A quien le importa lo que se expone en ARCO?

A nadie.

Las únicas obras de ARCO que salen en los medios son las que se prohíben.

A ver si nos enteramos. 

miércoles, 21 de febrero de 2018

El Himno, Marta Sánchez y todos los demás españoles

Una vez más y como suele suceder, cuando en nuestro país se habla de algo en lugar de ir al meollo de la cuestión, terminamos hablando de Marta Sánchez (es una metáfora).

El meollo de la cuestión del himno español es que no es un himno, y que no es un elemento que represente a los españoles. O sea, que el himno español ni es himno ni es español. Me explico.

Un himno es una canción hecha para ser cantada. El hecho de ser cantado es lo que hace que un himno sea un himno, es más un himno es un himno porque es cantado a coro.

Así son los himnos religiosos, los himnos deportivos, los himnos políticos y los patrióticos.

Por eso su título tiene que ver con su texto: La Internacional, God save the King, Deutchland über alles, Hala Madrid, etc.

Si no se canta, no es un himno.

Si no se puede cantar a coro no es un himno.

Y si no celebra aquello que representa no es un himno.

El así denominado Himno Español es una marcha. Concretamente es la marcha de los alabarderos reales, una unidad de la Guardia Real que la utilizaba en los cambios de guardia en Palacio.

Está hecha para desfilar, no para cantar a coro.

Nunca se hizo con la intención de celebrar a nuestro país, ni de unir a los españoles. Se tomo "como se fuese un himno" para evitar las discusiones sobre esta cuestión.

Y aquí está la tragedia: los españoles no podemos ponernos de acuerdo ni siquiera para celebrarnos.

Así que si el himno no es un himno y no es español porque no trata de celebrar a España sino el garbo de la unidad de los alabarderos, o más tarde a la casa real española, ¿por qué demonios no podemos tener un himno español?

¿Por qué somos el único país del mundo que no tiene himno?

¿Por qué no podemos los españoles cantar a coro en los estadios como absolutamente todos los demás?

¿Se puede hacer?

Lo está haciendo el Real Madrid, por ejemplo.

El himno anterior resultaba difícil de cantar a coro y era demasiado poco solemne, y así se está haciendo. Con paciencia y perseverancia. El pasado partido contra el Paris Saint Germain fue una muestra de como un estadio vibra a la vez con un himno. Creo que fue la primera vez que se retiró la megafonía para dejar que fuese el sonido real lo que se escuchase.

Pero es que además si que tenemos un himno: el Himno de Riego que se ha utilizado en los breves periodos republicanos.

Podría modificarse un poco su letra y utilizarlo como himno "de batalla" dejando la Marcha Real para las apariciones del Rey, paradas militares, etc.

O sea que yo propongo que tengamos dos himnos, uno para las solemnidades y otro para el día a día.

Uno asociado a la Casa Real y otro al pueblo llano.

Uno que no se cante y otro que pueda tener letra en español, catalán, gallego, euskera, bable, menorquín y todos los demás idiomas del Estado Español.

Porque pensar que podríamos ponernos de acuerdo en un himno nuevo es una quimera.

Florentino Pérez lo puede hacer pero ningún presidente español podría.

Y yo quiero poder cantar el himno español antes de morirme.

Y con la marcha real solo podemos cantar el vergonzoso loroloro.

Y por muchos esfuerzos que se hagan, como el que ha hecho Marta Sánchez, la marcha real no hay quien la cante.