viernes, 14 de julio de 2017

Cambio generacional

Al parecer ya es oficial. El cambio generacional ha comenzado y no hay quien lo pare. Los "baby boomers", es decir los nacidos en los cuarentas, cincuentas, y sesentas vamos a ser barridos por los nacidos a partir de los setentas.

Bien, todo llega a su fin, podríamos decir los de la generación saliente y marcharnos a disfrutar del retiro ya que al parecer todo el mundo da por sentado que seremos la última generación que pueda hacerlo, así que aprovechemos el momento.

Pero lo cierto es que muchos de nosotros nos encontramos todavía bien, en plenitud de nuestras facultades así que ¿por qué tenemos que recluirnos en Benidorm?

De acuerdo, los valores del liberalismo cosmopolita y antiautoritario emanados de las revoluciones de los sesenta se han topado con las realidades de un mundo en el que los mecanismos de distribución de la renta mediante el trabajo ya no dan mas de si, y con el cabreo resultante de los ciudadanos que miran hacia atrás, (no al mundo de sus padres sino al de sus abuelos), en busca de una arcadia feliz y perdida.

Junto a ese mirar hacia atrás, la nueva generación tiene el dominio de las tecnologías de la información, un acomodo en torno a una vida "low cost" y una visión beatífica de la Humanidad basada en la idea de que cualquier diferencia ha quedado superada.

La verdad es que la nueva generación tiene derecho a forjar un mundo a su medida.

Es el mundo en el que van a vivir, en el que van a desarrollar sus proyectos personales.

A mi me parece que los problemas mas importantes del mundo de hoy no son tan diferentes de los del mundo de ayer, porque al final siempre sobresaldrán unos cuantos y el resto sobrevivirá como pueda y eso es una constante, pero hay que reconocer que si que hay cosas nuevas.

El cambio climático para empezar.

Cada verano estamos viviendo "el verano más caluroso de la Historia" y eso va a pasar facturas muy importantes y habrá que empezar a pensar en vivir de forma diferente en lo que se refiere a consumo de recursos y contaminación.

Por otra parte la tecnología va a dejar obsoletos múltiples ocupaciones incluidas las profesionales y se avecinan reconversiones tremendas. En el automovil por ejemplo.

Pero la cuestión que más me preocupa es el final de la cosmovisión de un mundo abierto para volver a los localismos y tribalismos.

Seguramente que nuestra generación ha cometido múltiples errores pero me hubiese gustado que esa tendencia a abrir el mundo no se viese tan contestada por tanta gente y de diferentes maneras.

Yo se que muchos milenials comparten esa visión del mundo sin fronteras y que incluso lo viven de una manera mucho más completa de lo que lo hicimos nosotros, pero me temo que sean solo una minoría entre los de su generación y no puedan imponer sus criterios a unas masas muy asustadas por las consecuencias de la globalización.

Creo que lo que más nos sorprende a los antiguos del mundo de hoy es la emergencia del fenómeno religioso, del fenómeno nacionalista y del fenómeno proteccionista.

Movimientos como Podemos son completamente opuestos a la dirección en que creíamos que irían las cosas. Igual que el movimiento Trumpiano en USA. Nunca creí que veríamos el Brexit. Y así muchas cosas.

A los jóvenes milenials les digo que vivimos una regresión social inesperada al tiempo que la tecnología abre puertas a un mundo desconocido de maravillas virtuales y alargamientos portentosos de la esperanza de vida.

El choque entre los avances y los miedos sociales va a ser una importante fuente de conflictos.

Y ¿que podemos hacer los "baby boomers" en nuestro tránsito a la vejez y desaparición?

¿Como podemos ayudar?

Creo que tenemos que recordar a los jóvenes que, pase lo que pase, es mejor disponer de sistemas políticos que primen la libertad y de sistemas económicos que permitan que las desigualdades no resulten ofensivas.

Que es mejor el discreto encanto de la inteligencia que la exuberante pasión de las emociones, y que de momento no tenemos más que este planeta.

Y que en vez de ignorarnos, los milenials nos escuchen.

No porque seamos más inteligentes que ellos. No porque tengamos mejores valores.

Solo porque hemos aprendido de nuestros errores.

O sea lo mismo que nos dijeron a nosotros nuestros padres.

Y, ¿les hicimos caso?    

miércoles, 28 de junio de 2017

La mala educación

Mientras el virus Petya recorría el mundo con parada especial el Ucrania, en Madrid se celebraba la enésima conmemoración de la Transición.

Supongo que se trata de parte de la campaña para recordar a los nacionalistas catalanes los límites de sus andanzas, pero la verdad es que aburre tanta conmemoración y tanto discurso hueco al que luego los "comentaristas" tratan de sacar significados y mensajes.

Si yo no recuerdo mal la Transición fue un periodo bastante confuso en el que unos querían la "ruptura", otros la "continuidad" y otros no sabían no contestaban (estos eran con  mucho los más numerosos).

El caso es que tuvo como mejor resultado el que una serie de políticos de una y otra parte se pusieron de acuerdo, con el "animo" de algunas embajadas y el pastoreo de determinados "intereses", para dejar atrás ciento ochenta años de enfrentamientos civiles (los que nos separaban en aquellos momentos de la batalla de Trafalgar) para alcanzar un acuerdo en torno a la cuestión más dramática de nuestra Historia: la asunción de un programa de modernidad para todos.

Esto a cualquiera que se le diga hoy día le parecerá surrealista pero la verdad es que en España nunca nos habíamos puesto de acuerdo sobre estas cuestiones desde la famosa batalla.

Las consecuencias: cuatro guerras civiles y matanzas a porrillo.

Ahora con esa miopía tan característica, solo vemos la última de esas guerras civiles pero fueron cuatro y siempre por lo mismo. Una parte del país quería avanzar y la otra quedarse quieta o retroceder.

¿Los campos de batalla?, la educación, la reforma agraria, la industrialización, la autonomía territorial, la libertad de prensa o de culto, el voto y en suma la libertad.

Sobre esas cuestiones se gastaron inmensas cantidades de energías que mejor hubiesen estado empleadas por ejemplo en estudiar como mejorar la vida de los ciudadanos de este país, pero no con grandes pronunciamientos sino con medidas sencillitas como construir carreteras, escuelas, mercados y otras menudencias.

Pero esa serie de guerras civiles han creado un callo en muchas mentes y nunca parece que podemos librarnos de ellas.

Así hoy viendo a los payasos podemitas con sus atuendos impostados de obreros de mentirijillas negando al Rey de España el aplauso cortés, que a nada más se les invitaba, y sabiendo que tantos miles de ciudadanos les apoyan, he sentido la pena de reconocer que seguimos en el bucle melancólico de las dos Españas y que nunca vamos a salir.

Nuestra clase política y nuestros ciudadanos no quieren saber nada del virus Petya ni de los numerosos inventos que cada día cambian nuestra perspectiva del mundo y sus circunstancias.

Vivimos completamente de espaldas a la realidad mirando tercamente el pasado como si de las fosas comunes fuesen a salir las respuestas a los interrogantes del hoy o del mañana.

Cuando nuestra marina ilustrada se fue a pique frente a Tarifa con ella se fueron las ilusiones de los españoles honrados que simplemente quería vivir mejor y el paz.

Por alguna razón diabólica desde entonces llegan a la clase política personajes de tan baja ralea como Iglesias y compañía empeñados en que nos vayamos también a pique todos nosotros.

Ni siquiera se molestan en aparentar otras intenciones que no sean las de destruir y convertirnos en un zoológico sangriento.

Todo lo que nos hemos gastado en colegios y universidades en estos últimos cuarenta años y lo que ya se había gastado antes no ha servido siquiera para que aquellos que tienen el mandato de representarnos a todos entiendan que tienen una obligación con el decoro y los buenos modales.

La mala educación es su mensaje y lo anuncian alto y claro.

No les falta más que el bocata de chorizo envuelto en papel de periódico lleno de grasa.

No es que yo diga que los demás son mucho mejores, pero lo que es terrible es que entre podemitas y nacionalistas estemos todo el rato discutiendo de todo el rico panorama de entresijos y excrecencias del país.

Yo pondría un cartel delante del Congreso como el de los refugiados en Correos que dijese: ¡Desafíos industriales y científicos. Tecnología. Cambio climático!

Y en minúsculas: daros una ducha y despejaros que tenéis mucho trabajo por hacer.  

        

lunes, 26 de junio de 2017

El Orgullo

Después de unos días de andanzas por el mundo islámico-soviético de la República de Uzbekistan, vuelvo a Madrid donde me encuentro en plena celebración del Orgullo (gay).

La verdad es que no son los gays los únicos en celebrar su "orgullo".

Todos los años el día 1 de Mayo se celebra el día del orgullo sindical, y cuando ganan algún campeonato, madridistas, cochoneros o barcelonistas celebran sus respectivos orgullos.

La semana santa es motivo de una gran demostración de orgullo católico, y los moteros se reivindican en "quedadas" multitudinarias en diferentes lugares.

La apertura de las rebajas da cada año lugar a demostraciones de orgullo consumidor y los puentes y operaciones salidas a efervescencias de orgullo vacacional.

Hay también orgullo friqui, orgullo feminista y orgullo cervecero.

Los sanfermines son ocasión de mostrar orgullo pamplonica, y las fallas de orgullo valenciano.

Ahora los catalanes partidarios de la independencia celebran cada dos por tras días del orgullo catalán.

Y no hay pueblo de España que no celebre durante unos días sus particulares ritos de orgullo cazurro.

Así que, ¿por qué no los gays?

Y ya puestos yo propondría festejos semejante para todos los gustos. He aquí algunos ejemplos:

El día del orgullo vegetariano.

El día del orgullo calvorota.

El día del orgullo obeso.

El día del orgullo fumador.

El día del orgullo alcohólico.

El día del orgullo hipocondriaco.

El día del orgullo analfabeto.

Y así un montón de tal forma que la señora alcaldesa de Madrid no de a basto para poner y quitar banderas de la fachada del Ayuntamiento y se pase la vida explicando lo maravilloso que es vivir en una ciudad tan amigable con vegetarianos, calvos, obesos, fumadores, alcohólicos, hipocondracos, analfabetos y demás.

Y a ver si de paso se acuerda de los ciudadanos normales que no quieren identificarse con colectivo alguno y solo aspiran a una ciudad limpia y vivible.

Resulta cada vez más difícil ser simplemente un ciudadano sin etiquetas ni banderas y parece como si todos tuviésemos que salir de algún armario para proclamar nuestros gustos ante un público al que francamente tales gustos no tienen porqué importarles un pimiento.

Hay una auténtica afición a contarnos los unos a los otros las aficiones y gustos respectivos.

Si seguimos por ese camino tendremos que salir a la calle llenos de pegatinas que anuncien que somos del Madrid, que nos gusta la paella y que leemos novelas de ciencia ficción.

La transparencia será muy buena para algunas cosas pero no creo que deba aplicarse a cada aspecto de la conducta humana.

Yo preferiría que se me juzgase por mis obras y por mis capacidades antes de por mis gustos y aficiones.

El hecho de que en nuestra sociedad cada vez más cuenten esas aficiones y no las obras me parece muy preocupante.

Supongo yo que en el colectivo gay, como en el colectivo sindicalista, madridista, hipocondriaco, etc., habrá gente notable y gente detestable.

Cada vez me gustan menos los colectivos y más las personas individuales.

Propongo que se celebre el Día el Orgullo individual.

 

jueves, 8 de junio de 2017

La cantada del Popular

Una vez más, las instituciones que regulan y vigilan -es un decir-, el negocio bancario en España se han vuelto a cubrir de gloria.

Y que decir de las auditoras.

Y que decir de los medios de comunicación....

Ayer por la mañana, mientras esperaba para grabar un programa de radio sobre el aniversario del Sgt. Pepper´s, abrí las páginas del diario económico Expansión, el de más prestigio en nuestro país, y en el editorial leí que "la OPA del Santander era una estupenda noticia para todos los implicados, incluidos los empleados y los accionistas". En páginas sucesivas encontré la información de Bolsa, en la que a las acciones del Popular se las marcaba como "conservar".

Teniendo en cuenta que en ese momento los accionistas del Popular sabían que habían perdido el 100% de su inversión, y que los empleados del banco siniestrado estarían con la angustia de saber que van a ser diezmados sin compasión, la información de Expansión solo podía calificarse de broma de mal gusto.

En la tele pude ver una entrevista con un inversor institucional del Popular que desde Marbella nos contaba que acababa de perder 47 millones de euros.

El hombre no parecía muy afectado y decía que en la bolsa unas veces se pierde y otras se gana, pero que lo que le fastidiaba es que nunca pasara nada ni nadie asumiera responsabilidades.

Seguro que para la mayoría de los trescientos mil accionistas del Popular la cosa ha sido mucho menos "filosófica" que para este prócer estóico, y a estas horas estarán muchos con un auténtico soponcio, incluidos los que entraron a última hora desde posiciones bajistas.

Ya que como cualquiera puede comprender una cosa es estar bajo, y otra es desaparecer, y el último día del Popular todavía se contrataron varios cientos de millones en acciones del Banco.

Igualmente, en los últimos años se llevaron a cabo ampliaciones de capital, la última en 2016, en las que los que acudieron lo hicieron teniendo en sus oídos las declaraciones del Ministro de Economía en el sentido de que el Popular era un "banco perfectamente solvente".

La cuestión es la de siempre: en España los accionistas valen menos que la mierda.

El Estado les engaña impunemente en nombre de la estabilidad de la economía.

Los directivos de las empresas en Bolsa les engañan con resultados falsos.

Las auditoras les engañan obviando cualquier fallo descubierto y cubriendo las falsedades de los directivos.

Los medios de comunicación les engañan contando las historias que les cuentan los directivos, los empleados públicos y los auditores.

Nadie es capaz de descubrir las falsedades hasta que es demasiado tarde: en este caso Santander y BBVA habían hecho hace solo seis meses una oferta de 4000 millones por el banco, oferta que fue rechazada por los directivos sin consulta a los accionistas.

De todo esto se deduce que invertir en España es como jugar a la ruleta rusa, solo que si eres un pequeño accionista en el tambor hay cinco balas y no solo una.

No voy a insistir en el hecho de que los directivos de Banca fracasados y perpetradores de estas barbaridades salgan de las instituciones con planes e pensiones millonarios, ni tampoco en el hecho de que los del Banco de España se vayan de rositas, o los de la CNMV igual. Todo esto ya se ha dicho mil veces sin que pase absolutamente nada.

Lo que digo e insisto es en avisar a todo el que piense en invertir en España, que o tiene información privilegiada o mejor se abstenga.

Todo el tinglado es una pura apariencia de seriedad.

Pero es completamente falso.

Nadie defiende al pequeño accionista. Al contrario, se le engaña incluso desde los poderes que están ahí para protegerle.

Cuando se habla de cosas que tienen que cambiar en nuestro país, ahí tenéis una muy importante.
    

  

jueves, 1 de junio de 2017

Sgt. Pepper´s 50 años después

Era el año 1967 y yo tenía quince años. Vivía en un país que llevaba unos diez años saliendo de un pozo muy oscuro en el que había desembocado una guerra civil brutal y una posguerra casi tan brutal.

Tras el Plan de Estabilización de 1957 y los pactos con Estados Unidos la economía se había comenzado a recuperar, se habían creado numerosas industrias, los sueldos habían comenzado a subir y la gente podía volver a comer mas o menos como antes de la guerra. Esto último no es una metáfora. El consumo de carne por habitante de 1935 no se recuperó hasta 1965.

La gente podía además comprarse pisos, pequeños y básicos pero decentes, coches "utilitarios", ropa que no fuese horrible, tomarse unas primeras vacaciones y respirar.

Seguía habiendo un temor real y concreto hacia la autoridad personificada en los diferentes uniformes, desde los militares a los serenos y guardas de parques y jardines.

Los curas mandaban mucho e imponían su criterio sobre la moral pública tanto en lo que se refería a espectáculos como a la vestimenta. En las fiestas religiosas el país entero tenía que seguir la liturgia.

Pero se había abierto una grieta en el aislamiento de la sociedad española.

Los medios de comunicación aún intervenidos como estaban no podían ignorar las cosas que estaban pasando fuera.

Los turistas traían nuevas costumbres, el Concilio Vaticano había abierto una puerta a nuevas costumbres en la Iglesia, y sobre todo la gente tenía necesidad de vivir.

Y luego estaba la nueva música.

Aunque la televisión la ignorase y las radios apenas la programasen, los discos llegaban y se escuchaban y el mensaje pasaba de unos a otros.

Los Beatles se convirtieron en un fenómeno mundial de tal categoría que no pudieron ser ignorados.

Se estrenaron sus películas, sus discos se distribuyeron y detrás llegaron los demás.

Además, unas nuevas frecuencias (la llamada FM) permitió  la creación de emisoras dedicadas a emitir música 24 horas al día y como no había suficiente "música nacional" se permitió la emisión de la nueva música en sesión continua. La censura intentó impedirlo exigiendo que se programase música nacional durante un determinado número de horas al día, pero la SER y otras cadenas le buscaron las vueltas al decreto para seguir con aquellos programas.

Y aquella música fue como la lluvia en el desierto.

Ya no hubo marcha atrás.

Las ganas de vivir y de superar los traumas del pasado eran demasiado fuertes.

Había pasado lo mismo en todas partes. No era solo una cuestión relacionada con nuestra situación.

En Reino Unido, en Francia, en Suecia y en Estados Unidos los años cincuenta habían sido grises y autoritarios. El que tenga ganas que vea la película francesa "Los cuatrocientos golpes" o la sueca "Verano con Mónica" y que recuerden que en Francia gobernaba el general De Gaulle y en Estados Unidos el general Eisenhower.

Las mismas ganas de cortar todo aquel rollo autoritario las había en Londres como en Madrid. Solo que allí pudieron hacerlo del todo y nosotros tuvimos que conformarnos con una versión edulcorada.

Antes del Sgt. Peppers la música pop era solo divertida. Después ya fue otra cosa.

Aquello era como un manifiesto para una nueva forma de vida anti-autoritaria, libre y alegre.

El aldabonazo sonó en todo el mundo.

El año siguiente sería el año de las revoluciones.

Aunque parezca una exageración, la verdad es que el mundo cambió con el Sgt. Peper´s.

Hoy, en este mundo dominado por las finanzas y las economías de la globalización, parece mentira pero así fue.


   

viernes, 26 de mayo de 2017

Un chico con chilaba y ordenador

Hemos visto hoy las imágenes de un chico alto cubierto por una chilaba mugrienta de color marrón, casi un hábito de monje, enredando entre los cubos de basura. Es el asesino de Manchester.

Lo grabó un vecino que estaba hasta el último pelo de las excentricidades del muchacho entre las que se contaba rezar a gritos sus oraciones.

Pero ese muchacho, casi un adolescente, encontró en algún lugar mentores que le redimieron de los porros y la golfería de barrio y lo condujeron hacia la santidad de la madrasa, la oración y el suicidio vengador.

También le condujeron hacia esas páginas de la "internet profunda" en las que se enseña como decapitar, degollar o preparar artefactos explosivos.

Internet ya es bastante inquietante cuando uno piensa en la posibilidad de que desde algún lugar del hiper-espacio te estén vigilando sin que se pueda determinar si quienes lo hacen te están protegiendo o se preparan para limpiarte tus ahorros o tu identidad.

Como el ataque wannacry ha demostrado, las redes son muy vulnerables.

Además nos hemos enterado de que los sistemas operativos tienen "agujeros de seguridad" o sea fallos por donde se cuelan los programas de los vigilantes. Agujeros que los propios fabricantes ignoran y que son encontrados por los más expertos que luego los venden al mejor postor.

Cuentan que wannacry ha sido bastante benévolo ya que disponía de un mecanismo de autodestrucción, y que a lo mejor tan solo ha sido una especie de vacuna.

Lo cierto es que para la mayoría de las personas, lo que pasa en internet es un misterio.

Lo mismo encuentras una traducción del Ramayana que un manual de degüello.

Igualmente las relaciones internacionales son un misterio.

Lo mismo estamos contentísimos por que construimos el AVE a La Meca, que tenemos que admitir que los saudíes wahabíes son los que entrenan y adoctrinan  a los muchachos de la chilaba.

Ese es el mundo en que vivimos por más que nos empeñemos en dedicar nuestros esfuerzos a la  esteril tarea de hablar de corrupciones y gobernabilidades.

Y nadie nos enseña como movernos por este mundo.

Aprendemos de navegación por internet a base de golpes en una carrera perdida de antemano porque la tecnología va tan rápido que somos incapaces de seguir su ritmo a no ser que nos dediquemos en cuerpo y alma a saber los movimientos casi cotidianos de algo cada vez más grande.

Y aprendemos a reconocer el mundo del riesgo en base a atentados o en base a las historias que nos cuentan conocidos y parientes.

Mientras que se dedica un esfuerzo inmenso a enseñarnos materia que no sirven para casi nada, a aprender lo que de verdad importa hoy no se dedica casi ningún esfuerzo. Es mas, estas cuestiones no están en la agenda informativa.

Tampoco parece que la policía preste mucha atención si cada vez que hay un atentado nos enteramos de que el autor o autores "ya estaban en el radar de los cuerpos de seguridad". ¿Y por qué no se hizo nada?

Si los que vigilan por internet no detectan a los que transitan por la internet profunda, y los que vigilan las calles no vigilan a los retornados sospechosos, ¿a quien vigilan entonces?

Los que lanzan el wannacry ¿contra quien van? ¿son del enemigo o son amigos camuflados?

En la guerra civil musulmana, ¿con quien vamos? ¿con los saudíes o con los iranies?

Parece que vamos contra los iraníes a veces pero, ¿entonces por qué nos atacan los saudíes?

En las calles y en internet si no pasan más desgracias es porque o bien hay menos malos de lo que nos cuentan, o bien es verdad que Dios existe y nos echa una mano de vez en cuando.

Con todos los que somos y la cantidad de chalados que percibimos, lo único que nos separa de la catástrofe es la capacidad de entender unas instrucciones sobre como fabricar una bomba o la capacidad mayor que hace falta para descubrir un agujero de seguridad en un sistema operativo.

Por eso, ya digo, vivimos en un mundo muy inquietante.      

viernes, 19 de mayo de 2017

Drama en el Socialismo

Las elecciones entre los militantes del Partido Socialista Obrero Español de este domingo para elegir Secretario General más que una fiesta de la democracia son un auténtico drama cuyo final no termina con la elección.

El socialismo está en franca retirada en toda Europa como consecuencia de su excesiva exposición al poder y a la crisis del modelo del estado del bienestar.

Mientras hubo que repartir y hubo alguna reivindicación por enarbolar, el socialismo tuvo su público. Ahora cuando hay que recortar y re-alinear, el socialismo no tiene lugar.

En España, la izquierda llegó a finales del siglo XX con el rédito de los males de la dictadura y con el aval de los europeos afines. Felipe González encarnó perfectamente el papel del líder de la nueva generación que tenía que llevarnos a las tierras prometidas de la Libertad y la Democracia, y la verdad es que durante unos años los españoles volvimos a sentirnos importantes.

Pero luego ya no hubo manera de sustituirle y se sucedieron unos dirigentes con mucho menos carisma en una pelea interna continua. Así hasta Zapatero que cambió el discurso socialista por otro de carácter nueva-izquierda a medias entre lo feminista y lo ecologista.

El socialismo "antíguo" se refugió en Andalucia de la mano de los fondos de cohesión europeos y las tramas de clientelismo.

Y luego apareció el virus nacionalista y el viejo partido se dividió como el país en un montón de virreinatos localistas que comenzaron a tener sus propias agendas.

En unos sitios se aliaron con los nacionalistas y en otros con los podemitas y otros semejantes, y así se llegó hasta la actual situación en la que ya nadie sabe de que van ni que predican.

Los discursos de los candidatos son mareantes de puro vacío existencial.

La candidata Susana ha presentado un programa tres días antes de las elecciones pero es que los otros lo que han presentado es una tontuna.

Que quieren ganar para que el PSOE vuelva a ganar.

Vale pero para eso tendrán que hacer algo más que decir que quieren ganar.

Ya suponemos que quieren hacerlo porque les va el sueldo, pero ¿y a nosotros los ciudadanos que nos importan sus problemas personales?

La cuestión es si tienen algo que proponernos, y ahí es donde radica el problema: que no tienen nada.

En la sociedad actual tenemos que decidir como incorporarnos a la nueva modernidad global o decidir que no nos incorporamos y volvemos a los aislamientos y las fronteras.

Tenemos que pensar como ser competitivos frente a sociedades con menores cargas sociales que las que tenemos aquí.

Tenemos que decidir si seguimos por sendas de crecimiento o si tratamos de consumir menos.

Tenemos que decidir si nos mantenemos con nuestros valores culturales o si nos lanzamos a la multiculturalidad y sus peligros.

O sea que hay mucha tela que cortar.

Pero de nada nos vale un partido que en vez de discutir de ideas discute de rostros.

Susana, Pedro y Patxi son más planos que una galleta maria, y más o menos igual de sosones.

No tienen nada que decirnos ni que ofrecernos a parte de la constatación de que el panorama político español será mucho más peligroso sin el PSOE.

En España estamos sumidos en un debate político ensimismado que es muy descorazonador.

El drama socialista es nuestro drama: la irrelevancia.      


miércoles, 17 de mayo de 2017

La Nación

En el triste debate de los candidatos a Secretario General del PSOE, se coló un elemento interesante.

Patxi López le preguntó a Sánchez si sabía lo que era "nación", a lo que el inefable Sánchez contestó que es un sentimiento que tienen los vascos y los catalanes.

Al parecer para Sánchez los españoles no tenemos ese sentimiento.

Al margen de la pobreza intelectual de este muchacho, que se manifiesta una y otra vez cuando intenta razonar los guiones que otros mas listos que él le escriben, la cosa tiene su miga ya que el término nación tiene unos orígenes complicados que merece la pena explorar.

Lo primero que hay que saber es que el término nación que ya existiría de antes recibió su sentido actual durante el periodo histórico que conocemos como "Romanticismo".

Hasta ese momento la unidad política por excelencia era el reino, principado, ducado o lo que tocase en cada sitio. También el imperio.

Es decir se trataba de territorios regidos y poseídos por personas, familias, dinastías, que ostentaban ese poder en función de derechos históricos o en función de la toma del poder por la fuerza, la elección entre pares, o alguna revuelta.

Esos gobernantes ejercían ese poder de forma absoluta en la mayoría de los casos, o con ayuda de algún consejo. Excepto en Inglaterra donde una revolución había creado un parlamento de gente influyente. También en España había habido Cortes, representaciones de burgos y ciudades, etc.

Pero en general había un gobierno, un gobernante, y los demás eran súbditos cuyos derechos en el caso de tenerlos eran mínimos.

Pero con la Ilustración se comenzó a poner en cuestión esos derechos históricos o divinos que otorgaban el poder absoluto a determinadas personas y con la revolución americana y la francesa apareció un nuevo concepto: el ciudadano y sus derechos.

Como Rousseau lo explicó en sus obras había un contrato social entre gobernantes y gobernados basado en el cumplimiento de determinadas condiciones y si estas no se cumplían el contrato no tenía validez y el poder perdía su legitimidad.

Hasta aquí nada de particular porque los antiguos reinos se transformaban en repúblicas y eso no afectaba a las fronteras o a los contornos sociales del país en cuestión.

Además los reinos absolutos se podían convertir en reinos constitucionales tal y como pretendió la Constitución española de Cádiz y ya las personas se convertían en ciudadanos también.

Pero con el romanticismo rampante aparecieron los sentimientos.

Hay que decir que lágrimas aparte, la cuestión nacional apareció en el mapa como consecuencia de la situación política concreta de Alemania, Italia, Polonia, Grecia y otros territorios con pasado histórico independiente y actualidad sometida a poderes imperiales.

Y aquí es donde todo se complica.

Los alemanes que estaban felizmente divididos en numerosos principados, reinos, ducados etc., se vieron impelidos por las ideas románticas y en respuesta a las agresiones francesas-napoleónicas a buscar la "Gran Alemania".

Y encontraron un valedor, el reino de Prusia, y un pensador, Herder, que puso la narrativa del asunto.

¿Y que dijo Herder?

Pues en un resumen ejecutivo radical, Herder dijo que donde había un idioma propio había una NACIÓN.

Eso también convenía a italianos, polacos, griegos, búlgaros, serbios, y un largo étc. así que se consolidó la idea de que todo colectivo con una cultura diferente y un idioma propio era una nación y toda nación tenía derecho a ser un país independiente.

Así que lo que había empezado siendo una cuestión de pasar de un estado de súbditos a uno de ciudadanos, es decir una cuestión de política y de derechos, pasó a ser una cuestión de sentimientos, banderas, lágrimas y todo eso.

La constitución española o la francesa hablan de nación como reunión de ciudadanos, pero la realidad revolucionaria del XIX, habla de nación como escisión de un territorio de otro para dotar a unos ciudadanos de un marco político diferente del original, marco en el que puedan desarrollarse plenamente como miembros de una comunidad cultural diferente.

Esos son los dos polos de la cuestión: un estado de ciudadanos que se define por los derechos y deberes comunes, o un estado de ciudadanos que se define por su pertenencia a una cultura determinada.

Por eso cuando hablan los políticos de este tema es imposible ponerlos de acuerdo: es que hablan de dos cosas distintas.

Yo me mojo y afirmo la superioridad moral de la primera acepción y además animo a recordar los estragos que ha causado la segunda.

La primera es hija de la Ilustración. La inteligencia y la templanza.

La segunda del Romanticismo. Los sentimientos y el exceso.

¿Será capaz Sánchez de entenderlo?    



        

sábado, 29 de abril de 2017

Retrotopías y futuros inquietantes

Como algunos sabréis a estas alturas, hace unas semanas nos dejó Zygmunt Bauman uno de los últimos filósofos que han dejado huella en nuestro vocabulario.

En su caso, don Sigmundo nos dejó el concepto de la "modernidad líquida" que se refiere a nuestra época de escasos valores y menores convicciones.

Su último libro, ya póstumo, se titula "Retrotopía" y es una reflexión sobre la paradoja de nuestro tiempo que no es otra que la pérdida del futuro como lugar al que nos dirigimos felices ya que significa mejora.

Ya casi nadie cree que vayamos a mejorar en el futuro. Ni siquiera se lo creen en los países más felices antaño. Todos hemos empezado a desarrollar no ya miedo al futuro sino francamente pánico.

Y lo que es peor, no solo estamos convencidos de que nuestros hijos vivirán peor que nosotros, sino que empezamos a creer que nosotros también vamos a perder en nuestro periplo vital una gran parte de las comodidades de que disfrutamos hoy.

Hago un paréntesis para aclarar que estoy hablando de occidente, que es nuestro mundo, y no de los otros mundos.

En occidente estamos muy asustados.

Por eso, dice Bauman, estamos comenzando a buscar nuestras referencias utópicas no en lo por suceder, sino en un pasado mitificado o retro-utopizado.

Cualquier pasado fue mejor, o en el pasado tuvimos tiempos mejores así que vamos a volver a ese pasado.

Nacionalismos, populismos, regionalismos, aislacionismos, anti-ilustracionismos,...

La solución a nuestra angustia existencial es volver hacia atrás.

Este es un buen tiempo para los filósofos y para los polemistas.

Lo que ocurre es que la defensa de las posiciones ilustradas, globalizadoras y cosmopolitas la están haciendo unas personas que claramente son los beneficiarios del sistema.

Es decir son las élites que gobiernan el sistema: banqueros, ejecutivos, políticos de centro, y otros personajes demasiado bien vestidos, demasiado bien viajados, demasiado ricos en suma, y eso resulta muy sospechosos a los millones de perjudicados por la situación.

Para un político populista, para un intelectual promedio, o para una familia preocupada por el futuro de sus hijos, el que estos personajes de la jet-set hablen a favor de un mundo interconectado y una economía global, no solo les suena a falsedad sino que les conduce a escuchar con más atención a los Iglesias o Le Pen.

Va siendo necesario que seamos capaces de generar una narrativa de la globalidad desde portavoces creibles.

Gentes normales que creen que el mundo no puede ir hacia atrás, y que lo que hay que hacer es ponernos las pilas para ir con la corriente y no contra la corriente.

Es un mundo muy peligroso este que estamos viviendo.

El futuro no puede ser defendido exclusivamente por tecnócratas y financieros.

Tienen que levantarse voces con prestigio moral que tranquilicen a las masas, no solo suministrarles a diario dosis crecientes de adormidera televisiva.

Lo malo es ¿donde están esas voces?

      

viernes, 28 de abril de 2017

Muy lejos del mundanal ruido

En el estupendo programa de entrevistas "Cuando yo no esté", Iñaki Gabilondo habla con gentes distinguidas del mundo de la ciencia y la tecnología de todo el mundo, proponiendo como tema, ¿como será el mundo dentro de veinte años?

Ayer, estuve viendo una de esas entrevistas aunque como la pillé tarde me perdí el nombre del protagonista, aunque era español, experto en la creación de start-ups, y residente en ese momento en Hong-Kong, ciudad que se divisaba desde la ventana de la habitación donde conversaban.

Como se trataba de un español, Iñaki le tuvo que hacer al final la pregunta, ¿y como ve vd. a España en este nuevo mundo?

La respuesta me golpeó, no por desconocida, sino precisamente por lo contrario: "A España la veo completamente desconectada de todo esto."

Efectivamente España no tiene una agenda de innovación, ni propia ni prestada, que podía ser como parte de una agenda europea, pero ni eso. España es como si estuviese en otro planeta.

La siguiente pregunta también era pertinente: ¿Y por qué en España los políticos jamás hablan de estas cosas? Respuesta: "porque es un tema que no interesa a la gente".

Y así es.

Nuestro futuro no nos interesa. Nos hemos acostumbrado de tal manera a ignorar las cosas del mundo que, excepto una minoría que comprende que el futuro se está configurando ahora mismo en torno a las nuevas tecnologías; bio-tecnología, inteligencia artificial, robótica, etc , el resto de nuestros conciudadanos solo ve el mundo a través de unas gafas de ver de cerca, y eso sin mucho detalle.

Llevamos semanas enteras, tal vez ya meses, que los medios de comunicación no hacen otra cosa que darnos la paliza con la cantinela de la corrupción.

Cada día me pregunto, ¿habrá pasado algo en España que no sea otro caso de corrupción?

La respuesta es negativa.

Corrupción Cataluña, corrupción Madrid, corrupción Murcia.....

Mientras el mundo avanza implacable hacia una nueva era, aquí estamos todos como en una plaza de toros, sentados en el tendido, y pidiendo las orejas según sea la faena de nuestro color o del color del de enfrente.

Ahora, los podemitas nos van a meter en una moción de censura.

Para nada. Es decir para dedicar varios días más a predicar sus fantasías.

No es que los otros tengan nada que decir, pero perder el tiempo de esta manera...

¿No sería conveniente dedicar un día a la semana a hablar del futuro de nuestro país?

El resto lo podrían dedicar a lo de ahora, es decir a lo de quítate tu para ponerme yo, que es el juego favorito, pero ¡un día a la semana!

Que menos que un día a la semana para dedicarlo a solucionar lo problemas de los ciudadanos, y a prepararlos para los encontronazos con el mundo que viene.

Cierto que a lo mejor no hay ni uno en toda la Cámara que sepa nada del asunto, pero podrían verse el programa de Gabilondo y comentarlo, hacer un pleno sobre si deberíamos abrir una universidad de verdad en algún sitio lejano, como Soria o Teruel, para que allí los más listos del país, que los hay como en todas partes, pudiesen aprender lo que se necesita en el mundo de hoy y ponerlo en marcha en forma de nuevas compañías.

Ya se que en España no habría profesores, pero se podrían conectar con el MIT via internet.

Otra cosa que propongo es un día a la semana de silencio político. Un día sin información de los políticos en los medios de comunicación. Un día para meditar a ver si se nos ocurre algo.

Y finalmente para rematar, propongo que un día al mes hagamos un apagón televisivo a ver que pasa.

Lo mismo las masas, choqueadas por la amarga experiencia de no tener nada delante de los ojos, re- iniciarán sus cerebros como hacemos con los ordenadores cuando se ponen cabezones, y tal vez salga de ellos alguna idea, que no sea la de robar o la de quemar en la hoguera a los ladrones una vez descubiertos por sus compinches.

En fin que os recomiendo el programa de Gabilondo.

Lo emiten en un canal de pago llamado Cero.

De nada.