domingo, 18 de febrero de 2018

¿Para que sirve la cárcel?

Recibí hace un par de semanas una petición para unirme a la petición de firmas que solicitan que nuestros timoratos políticos no retiren las condenas a perpetuidad (revisable) que actualmente, y desde hace poco, rige en España. Y yo también firmé.

Desde hace mucho siento un enorme distanciamiento de la doctrina oficial de nuestro país y que dice que las penas de cárcel tienen que estar orientadas a la "re-inserción" de los delincuentes.

Es desde esa perspectiva que la prisión permanente (revisable) no tiene sentido. Si nunca va a salir de la cárcel, ¿para que orientar al preso a la re-inserción?

Y siguiendo con ese argumento, si el preso presenta síntomas de cambio de conducta ¿para que mantenerlo en la cárcel?

He seguido los debates que se han producido en torno a la petición de firmas y no he oído a nadie cuestionar la estupidez de la doctrina de la re-inserción.

Se trata de una aspiración ideológica que tiene su base en las ideas de Juan Jacobo Rousseau de que todo el mundo es bueno y que es la sociedad la que estropea a unos pobres seres humanos que si hubiesen tenido una familia funcional hubiesen sido perfectamente bondadosos.

Si no fuese suficiente con la experiencia que ya se encarga de revelarnos que hay gente que nace para hacer el mal, los estudios que van revelando los entresijos del cerebro humano ya son suficientemente claros a la hora de identificar genes agresivos o malformaciones que hacen proclives a quienes las sufren a comportamientos delictivos y antisociales.

Hace un tiempo escuché como un médico que trata a los niños adoptados, normalmente de países del este) y cuyas madres biológicas padecían alcoholismo, contestar a una madre adoptiva atribulada que el destino de todos estos chicos es la cárcel. Y no lo decía a la ligera.

Hay personas que vienen al mundo con el estigma genético de Caín y ni la mejor educación lo va a cambiar.

También hay personas que desarrollan patologías destructivas a lo largo de su vida, como es el caso de los violadores, y que aún cuando en la cárcel se manifiestan sumisos y bondadosos, basta que pisen de nuevo la calle en un "permiso" para volver a las andadas.

¿Para que sirve entonces todo el entramado de la re-inserción?

Y en definitiva, ¿para que sirven las leyes penales?

Yo creo que deberían servir para quitar de en medio a personas peligrosas.

Y ¿durante cuanto tiempo?

Durante todo el tiempo en el que continúen siendo potencialmente peligrosas. Si son peligrosas de por vida, como es el caso del más que presunto autor del asesinato de Diana Quer, pues de por vida.

Se quejan los buenistas que en España las cárceles están a rebosar.

Y en eso tienen razón pero es que en España, como en todas partes, las cárceles están llenas de prisioneros de la guerra de la droga que son la mayoría de la población reclusa.

Pero esa es otra historia.

También están llenas de delincuentes contra la Hacienda Pública y otros delitos económicos, cuya peligrosidad social es más que dudosa.

A lo mejor si terminásemos la guerra de la droga, (que va a cumplir pronto cien años), y buscásemos formas imaginativas para los delincuentes económicos, las cárceles podrían dedicarse a retener a las personas peligrosas.

Entre ellas aquellas a las que hoy no alcanza el brazo de la ley porque sus delitos son menores. (Menores para las estúpidas leyes españolas).

Pero contra lo que hay que luchar es contra la superstición roussoniana de que todo el mundo es bueno y es la sociedad la que estropea a los pobres delincuentes.

Esta superstición está tan  extendida que alcanza por igual a izquierdas y derechas y a listos que a tontos.

Nos negamos a aceptar que el mal existe, seguramente porque nos es tranquilizador, y aceptamos que todos somos culpables por no haber tratado "humanamente" a los criminales.

Pero, lo cierto es que hay gente mala, que todos lo sabemos, y que lo mejor que podemos hacer con los malos es sacarlos de la circulación...para siempre.   

   

jueves, 1 de febrero de 2018

Puigdemon tuitea y alborota la platea

La cuestión catalana se ha convertido en un espectáculo de comedia de alcoba, de esos en que se abren puertas y entran maridos engañados o amantes sorprendidos se esconden en los armarios.

El enredo llega a tal nivel que no sabemos quien son los engañadores ni quienes los engañados y nosotros mismos ignoramos si somos espectadores o parte del espectáculo.

Puigdemon no sabemos si es un bienintencionado bipolar en fase depresiva o si es un malvado maquiavélico que nos tiene a todos en vilo con sus encantamientos mientras sus compinches nos roban la cartera.

Confieso que a estas alturas yo mismo dudo de mi condición de espectador y cavilo sobre la posibilidad de estar de mamporrero de algún independentista manipulador.

Los tuits de Puchi ¿que son? ¿Son acaso expresión de sus desventuras, o son una trampa para que nos confiemos y nos cuelen alguna otra carga de profundidad?

Cuando oigo al gobierno y sus portavoces afirmar que se trata de una capitulación incondicional algo me dice que eso es más la expresión de un deseo que la constatación de una realidad.

Lo que sucede en Cataluña solo se puede solucionar de dos formas: una sería una guerra civil que dejase aquello como un solar y obligase a una profunda reflexión colectiva, la otra es dejar que el tiempo vaya cambiando el parecer de unos y otros y se termine llegando a un consenso sobre unión o separación.

Lógicamente vamos a ir a esta segunda alternativa a no ser que la locura alcance a mucha gente y que haya poderes geoestratégicos interesados.

No creo probable que suceda lo primero y tampoco veo el interés geoestratégico de Cataluña.

Por lo tanto vamos a un largo proceso de estancamiento en el que ni unos ni otros van a ceder.

Pensar que los independentistas van a renunciar a su idea de vivir en la práctica "como si fuesen un país independiente" es no conocer el alcance del envenenamiento colectivo.

Actúan en Cataluña tres fuerzas independentistas: la primera la burguesía, que ha pasado del catalanismo liberal y la colaboración con España, a un odio feroz a todo lo español sin dejar de ser modernos. A estos les duele ver como en Europa no les han comprado el mensaje y los tratan de fascistas.

Los segundos son los antiguos carlistas de la Cataluña interior transmutados ahora en izquierdistas cristianos conservadores, encarnados estupendamente por su jefe Junqueras. Estos son absolutamente impermeables a cualquier crítica o enfrentamiento con la realidad desde hace doscientos años. No van a cambiar ahora.

Y los terceros son los anarquistas, que es una raza de mucho arraigo en aquellas tierras y que siempre están dispuestos a hacer la revolución.

La convivencia de estos tres grupos es sumamente improbable a largo plazo y a ello se agarran los constitucionalistas, que también son de dos clases: los españolistas centristas de Ciudadanos y los españolistas catalanistas del PSC, cuya heterogeneidad tampoco augura grandes cosas.

Y luego están los neo-comunistas podemitas que allí se llaman de otra forma pero se aglutinan en torno a pasionaria Colau. Esos están en contra de Cataluña y de España al mismo tiempo y a favor también de la revolución, pero otra revolución distinta de la anarquista.

Por eso como ya he dicho varias veces, esto va para largo y más vale que los españoles nos pongamos las pilas y empecemos a pensar en nuestro país, en nuestro futuro, en nuestros problemas y sus soluciones, en nuestra gente y en nosotros mismos, que caramba.

Porque con o sin Cataluña, nosotros tenemos que seguir adelante y no podemos perder más tiempo leyendo las gilipolleces de Puigdemon.

Amen.     

     

miércoles, 31 de enero de 2018

A la hoguera con Woody Allen

Como saben los que leen este blog no soy muy partidario de la nueva religión buenista-feminista.

Admito que las religiones son convenientes para canalizar las angustias de muchas personas e incluso son necesarias para establecer códigos de conducta que nos permitan convivir en una cierta armonía, aunque esta sea forzada y no nos salga de dentro.

Pero, que queréis, me son antipáticas y mucho más cuando están en sus fases iniciales que es cuando se ponen más agresivas y fanáticas. (Algunas siguen siendo agresivas y fanáticas mil años después).

Y esto es lo que sucede con el culto buenista-feminista, o sea que está en plena erupción volcánica y nos tiene hasta las narices de tanta moralina como expulsa por todas sus muchas terminales.

La nueva ola viene, naturalmente, de Estados Unidos que como todo el mundo sabe es la patria del fundamentalismo cristiano, que tiene allí un predicamento del que en Europa nos hemos librado de momento.

Lo curioso es que éste último movimiento provenga ni mas ni menos que de Hollywood cuna a su vez de todas las perversiones sexuales según nos enseñara el escritor Kenneth Anger en su estupenda obra Hollywood Babilonia.

Allí se ha dado la consigna "ningún rijoso sin castigo" y han constituido una inquisición al margen de la ley para perseguir y condenar sin juicio a todo aquel que haya cometido, siempre a juicio de los acusadores, los delitos y faltas que se consideran intolerables a la luz del código buenista-feminista.

Con esto no quiero decir que yo esté a favor de las violaciones, los abusos de poder, los tocamientos o cualquier otra práctica sexual no consentida.

Simplemente estoy en contra de los linchamientos y a favor de la ley.

Si el señor Harry Weinstein ha cometido delitos tipificados por el código penal debe ser juzgado, defendido legalmente y posteriormente condenado o absuelto.

Todo lo demás es una vuelta a práctica inquisitoriales en las que el reo tenía que demostrar su inocencia y no los acusadores su culpabilidad.

Se da el caso de que Woody Allen ha sido investigado dos veces por comisiones independientes respecto a la acusación que formuló una de sus hijastras y declarado inocente, pero es que cuando entramos en los terrenos de la Santa Inquisición ya no hay salida. Si te acusa la Inquisición estás perdido.

Puede ser que Harry Weinstein sea una canalla. Puede ser que Woody Allen sea un perturbado. Puede ser que todos y cada uno de los señalados sean culpables y merezcan un castigo. Puede ser. Pero la civilización exige respeto a las normas. A la Ley. Y si nos saltamos la Ley estamos en el lado de la barbarie.

Hay ya demasiados indicios de que en estas cuestiones se pretende establecer como norma que la simple acusación por parte de una mujer, (o de un hombre en el caso de los homosexuales), sea suficiente causa y prueba para condenar sin más al acusado.

Me parece una barbaridad.

Por muchos casos que haya de mujeres agredidas, que los hay, no puede darse el principio de equivalencia entre acusación y condena.

Si que se puede y se debe tomar en consideración todas las denuncias, poner medidas de protección para las mujeres amenazadas, cortar de raíz en el marco de la empresa toda conducta impropia y todo abuso de poder, afilar la Ley para que no escapen de su alcance conductas que la sociedad rechaza y que producen asco y repugnancia.

Pero las condenas arbitrarias al margen de la Ley son igualmente repugnantes.

Las terribles épocas de la quema de brujas no deben volver.

Por mucho que algunos brujos se lo merezcan.

 


jueves, 11 de enero de 2018

Adiós Interviú y adiós a todo aquello

Una de las certificaciones de estar alcanzando la edad tardía y la vejez inevitable es la constatación de que estas dejando de estar (y ser) en el "mainstream", o sea la corriente mayoritaria de la sociedad, y has pasado a estar (y ser) en los meandros minoritarios a los que ya nadie se molesta en atender.

Ya no se hace la ropa que a ti te gusta. Ya no se sirven las comidas que tu prefieres. Ya no se hacen las películas que tu quisieras ver, ni nadie compone la música que quisieras escuchar.

Así que te vas refugiando en los viejos discos, las viejas películas, la tienda que todavía tiene esa clase de ropa, y el restaurante "de toda la vida".

Y ves como el torrente de la corriente principal te va dejando a un ladito para que no molestes.

He pensado esto a raíz del cierre de las revistas Interviú y Tiempo, que antaño llegaron a ser elementos imprescindibles de lo mainstream en España y andaban ya en los últimos años maltrechas y dedicadas a audiencias cada vez más estrechas de jubilados o pre-jubilados que queríamos seguir viviendo "como antes".

Y eso no puede ser.

Así que los de mi generación estamos viviendo una tercera era, después de haber vivido la dictadura y sus muy específicas formas de vida y la democracia constituyente y madura con las suyas.

¿Como es esta nueva etapa? ¿Podríamos denominarla post-democracia? ¿Sociedad hiper-conectada?

Y en esta nueva etapa las publicaciones periódicas, que tan protagonistas fueron de las etapas anteriores, andan unas tocadas y otras directamente hundidas.

Hemos pasado de los políticos como Truman o Churchill, (también Hitler o Stalin) que hablaban por la radio, a los Kennedy o Nixon que hicieron de la televisión su medio de expresión, luego seguido por todos los demás, y ahora estamos en la era en que Trump nos habla por tweeter.

Hemos pasado de los discursos razonados, (no quiere esto decir sinceros), a unas frases ingeniosas e rápidas que al parecer conectan con un público que no tiene ningún deseo de razonar ni de que le razonen.

No voy a decir que Interviú o Tiempo tuviesen ya ninguna importancia en la batalla de las ideas, pero más de un joven se asombraría de la importancia que llegaron a tener en otros tiempos.

No creo que haya una revista que mejor represente la Transición democrática que Interviú.

Los desnudos eran un ariete contra los cuarenta años de mojigatería católica inextricablemente unida a la dictadura franquista y por tanto eran el heraldo de la modernidad a la que se apuntaban las actrices más famosas junto a las estarletes de cada momento, y luego estaban los mejores escritores de la plantilla, los más intrépidos reporteros que se atrevían con los agujeros negros del aparato del estado, las cloacas de la sociedad y las corruptelas de una sociedad cerrada a cal y canto durante tanto tiempo.

Interviú era la libertad.

Tiempo era, junto a Cambio16, el intento de hacer un Time español, y durante un tiempo también lo fueron.

Pero los tiempos cambiaron y la sociedad española también y las revistas de información política dejaron de interesar.

Interviú se agarró a la vieja fórmula de los sucesos, que tanto éxito había tenido siempre en España, y siguió con las chicas que ya no eran las actrices de antaño sino las participantes en los "realities" televisivos que tenían así su momento de gloria.

Pero ni así consiguieron remontar el vuelo o simplemente mantenerse a flote.

Con escasos lectores no hay publicidad y sin publicidad no hay publicación posible.

Y así desaparecen otras dos cabeceras de los quioscos, que cada vez son más despachos de baratijas variadas, acercando igualmente su inevitable final.

Y así los lectores que quedamos dejamos de ser mainstream y nos acercamos un paso más a la clandestinidad, la invisibilidad y la desaparición.

Y así es como el mundo que nosotros conocíamos y en el que nos sentíamos familiares va despareciendo.

Eso es la vejez: no es que tu cuerpo y tu mente decaigan. Es que el mundo que tu creías inamovible desaparece a tu alrededor y te va diciendo que estás sobrando en el mundo de los demás.

¿Que será lo próximo que desaparezca?
           

domingo, 7 de enero de 2018

2018, entre la pereza y el desasosiego

Otro año que comienza y otra ocasión para que nos esforcemos en tratar de rasgar el velo del futuro y ofrecernos a nosotros mismos un poco de luz sobre lo por venir.

Lo que pasa es que desde que los americanos decidieron dejar de tomarse en serio la política, siguiendo un camino que en Europa ya llevábamos muy avanzado, el futuro se ha transformado en una pista de hielo en la que no hay mas que resbalones y tortazos.

¿Como salimos de esta?

Recuerdan los historiadores que al final del mandato de Marco Aurelio se produjo un cambio semejante: de repente lo que parecía un tiempo de esperanza y plenitud se convirtió en un tiempo de cenizas y herrumbre.

¿Que había pasado?

¿Fue el cambio del gran emperador-filósofo por el payaso de su hijo Comodo suficiente causa de la entrada en la decadencia o fue la decadencia larvada del imperio lo que propició la llegada de Comodo?

Y aquí podríamos decir lo mismo. ¿La causa del desastre actual es la elección de Trump o esa elección es solo un síntoma de la enfermedad?

¿Y es esa la misma enfermedad que aqueja a los británicos antieuropeos, a los catalanes antiespañoles, a los alemanes antiemigrantes, y a los húngaros antitodos los que no son húngaros?

Recientemente recordaba un amigo las palabras de Platón-Sócrates cuando pregunta si es lógico elegir como piloto de una nave no al que más sabe de navegación sino al que saque más votos entre los pasajeros.

De sobra sabemos que no pondríamos nuestra vidas en manos de médicos electos, pilotos electos o ingenieros electos.

Pero en materia de política lo hacemos continuamente, y no solo lo hacemos sino que defendemos a personajes abiertamente estúpidos e incapaces, porque "son de los nuestros".

Permitimos que un botarate dirija el estado siempre que tal botarate aparezca como paladín de unas supuestas ideas, que además, nosotros mismos nunca nos tomaríamos en serio.

La cuestión es que parece haber algo en el ambiente que favorece que personajes como Putin, Trump, el coreano loco, mosén Junqueras, Boris Jonhson, y un largo etc. anden por ahí como grandes líderes mundiales, cuando en realidad son meras copias de Comodo, un personaje que como los anteriores también mezclaba política y espectáculo y que acabó su vida en el circo romano peleando con gladiadores.

La cosa es seria porque hay mucha gente que está dispuesta a seguir votando a esos personajes sin importarles las consecuencias.

¿Será que piensan que son sus vidas tan miserables que no merece la pena intentar mejorarlas o será que puestos a vivir en la miseria cuanto peor sean las circunstancias mejor?

Supongo que para muchos de los coetáneos de Marco Aurelio no podía resultar creíble que su sucesor fuese un estúpido sanguinario como para nosotros resulta increíble que después de Obama haya venido Trump.

Por aquellas fechas del siglo segundo la gente se refugió en las doctrinas ensimismadas del cristianismo naciente o de los cultos orientales que prometían una vida mejor después de la muerte.

Ahora no tenemos ese consuelo.

Pero también sentimos la misma tentación de refugiarnos en nuestro mundo interior y no leer periódicos o escuchar tertulias.

Por lo menos hasta que escampe un poco yo voy a huir como alma que lleva el diablo de todo aquello que suene a política.

A ver si así consigo pasar este 2018 que, amigos míos, pinta pero que muy mal.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Más vergüenza

Cuando comenzaron a conocerse los resultados de las elecciones catalanas, este ya fatídico día del 21 de Diciembre de 2017, sentí de nuevo la indignación que me producen las decisiones del gobierno de mi país en relación a todo este asunto del proceso independentista-secesionista catalán.

Indignación al comprobar como se toman las decisiones incluso en ámbitos tan graves como es la rebelión de una parte del país.

Indignación al constatar como los secesionistas se burlan una y otra vez de nuestro gobierno.

Indignación al ver como se dilapida el capital de crédito internacional que tanto ha costado acumular a lo largo de las décadas que van del 78 hasta aquí.

No se trata de que yo sea incapaz de aceptar la voluntad popular de los catalanes.

Se trata de que los secesionistas engañan una y otra vez al gobierno español que va como el toro en la plaza del picador al banderillero y del banderillero al matador.

Se trata de que el gobierno tiene que pensar lo que hace y para ello tiene a su disposición todo el aparato del estado, del estado español que aquí si que hay que utilizar esos términos, para tomar decisiones con fundamento y no por pálpitos o intuiciones.

¿Por qué se convocan estas elecciones?

¿Por qué se aplica el artículo 155 de la Constitución si no se toman las decisiones necesarias para que sirva de algo?

¿Por qué se va a esas elecciones con el aparato de propaganda secesionista intacto?

Yo creía que el gobierno había convocado esas elecciones tan pronto porque disponía de información que permitía tener una cierta seguridad en un cambio de tendencia electoral.

Yo creía que el CNI y presidencia de gobierno sabían cosas que nosotros simples ciudadanos ignorábamos.

Yo creía que la "jugada" de Rajoy era una genialidad.

Y resulta que se trataba de un farol miserable, que la información del CNI es como la de Mortadelo y Filemón, y que las genialidades de Mariano y Soraya no dan ni para ganar las elecciones a secretario del casino de su pueblo.

¡Vaya par de inútiles!

De una tacada han conseguido legitimar al payaso Puigdemont, montar un pollo al Tribunal Supremo que ya veremos como termina, poner en marcha una inevitable reforma de la Constitución, liquidar al PP catalán y tal vez al español también, dejar al PSOE más tocado, dejarnos en ridículo en la UE y ante Estados Unidos y finalmente dar más alas al secesionismo que hoy celebra su victoria sobre la monarquía española, (que también sale muy tocada).

¡Que éxito!

Estoy deseando escuchar a los que siempre apoyan a ese sindicato de altos funcionarios, que algunos llaman PP, como nos explican que aquí no ha pasado nada, que esto lo arreglan los jueces, que la independencia es imposible y que todo, absolutamente todo, estaba previsto.

 




     

martes, 19 de diciembre de 2017

Atrévete a pensar

En realidad lo que dijo Inmanuel Kant fue: "atrévete a saber", pero yo no llego tan lejos y me conformo con que ante las diversas realidades de la vida nos atrevamos a pensar y a no quedarnos en la comodidad de los lugares comunes, las apariencias, las auto-definiciones y en general todo aquello que nos es mas cómodo asumir para no tener que aceptar que el mundo es un lugar mucho menos complejo de lo que nos cuentan los que viven de atizar el fuego de la pretendida complejidad.

Tal vez sea la cercanía de las elecciones catalanas lo que me pone filosófico y melancólico, o tal vez sea el cansancio y el horror que me producen los medios de comunicación que, en estas últimas jornadas, nos han machacado sin piedad contándonos las apocalípticas consecuencias de que ganen los hunos o los hotros, en unamuniana resonancia.

¿Que pasa aquí en realidad? me pregunto en diogénica reflexión, tratando de mirar mi patria desde ojos limpios de filias y fóbias, vamos, como si yo fuese un egipcio de la corte de Ramses III que abducido por un torbellino de espacio-tiempo ha sido transportado desde una cacería de gacelas hasta el atormentado Madrid de las navidades de 2017.

¿Que pasa aquí desde hace tanto tiempo?

¿Por qué los españoles no podemos dedicar nuestros esfuerzos a hacer progresar a nuestra sociedad progresando nosotros mismos, vamos, como si fuésemos ingleses o suecos, y nos dedicamos a jodernos la vida los unos a los otros?

¿Como es posible que con lo que hemos pasado a lo largo de los últimos dos siglos, sigan reapareciendo las formas de política cainita y los proyectos destructivos y disolventes, y la gente los sigan votando con entusiasmo?

¿Como es posible que sea un proyecto atractivo para casi cinco millones de personas la destrucción del sistema del 78 que ha sido el mejor de toda nuestra Historia?

Esa gente, ¿que tiene en la cabeza?

¿Como es posible que el carlismo, es decir la idea de volver a un mundo feudal y localista, pueda mover a millones de personas en el mundo de la globalización?

¿Como puede ser que se odie tanto los ideales de la Ilustración encarnados en la imagen de Madrid, que para ellos es Mordor, y se pretenda que eso es la modernidad?

Y eso no solo pasa en Cataluña.

Cuando vi a las gentes de Vic reunidas en la plaza mayor del pueblo atracándose de butifarra en honor a los presos "políticos" tuve una especie de epifanía.

Estamos asistiendo a una rebelión general de los paletos.

Primero sucedió en Vascongadas. Luego se ha extendido por los antiguos territorios de la Corona de Aragón. Pero también sucede en Galicia y parte de León. En Canarias. En Asturias. Y supongo que por todas partes.

El proyecto ilustrado de una España europea y abierta es contestado por los proyectos cazurros de cada mini-nación o "nacionalidad", y por los proyectos del odio a todo y a todos de los herederos de la FAI y las Milicias del Amanecer.

Cierto es que el proyecto de la España Ilustrada no se ha visto precisamente reforzado por los sucesivos escándalos de corrupción que han sacudido los cimientos del edificio constitucional abochornándonos y dejándonos sumidos en la tristeza.

Cierto es que hemos padecido y padecemos una clase política que causa vergüenza ajena en muchos casos.

Cierto es que el edificio de nuestro estado del bienestar se ha resquebrajado como consecuencia de las políticas económicas del pan para hoy y hambre para mañana y a políticas insensatas y demagógicas de gastar lo que no se tiene, por muy necesario que sea.

Cierto es que se ha pretendido llevar a cabo el proyecto ilustrado sin contar con el pueblo, lo que también es típico de nuestra ideología.

Todo eso es cierto y muchas más cosas también.

Pero, ¿que futuro nos espera si dejamos que los apóstoles del casticismo butifarrero y los guerreros morados salgan triunfantes?

¿A donde vamos a ir?



         

jueves, 7 de diciembre de 2017

Jerusalén: ¿paz por territorios?

Uno de los encantamientos más funestos para la Humanidad es el que producen los mapas.

No hay nacionalismo que no gire en torno a un trozo de papel que abarca los territorios que se desean como lugar sagrado de la raza, cultura o tribu de turno, y no hay dictador o aprendiz de tirano que no dedique las horas muertas a los ensueños de espacios vitales, tierras de promisión o territorios irredentos arrebatados por los crueles enemigos en pasadas guerras.

Trazar lineas en los mapas es un placer infinito y a ello se han dedicado los caudillos y los diplomáticos de los imperios desde tiempo inmemorial.

A la gente que vive dentro de esos ensueños de papel que les den por saco. A nadie les importan un pito. Cuando la realidad no cuadra con el ensueño se asesina en masa, se producen "limpiezas étnicas", se acosa, se persigue y se expulsa hasta que la realidad cuadre o más o menos cuadre.

Y estos ensueños han sido particularmente desastrosos en Oriente Medio.

Sobre ese desdichado territorio, que un día fuese cuna de nuestra civilización, la occidental, porque en Oriente hubo otras cunas en el valle del Indo y en los grandes ríos de China, se han dibujado innumerables lineas y se han coloreado los trozos resultantes de tantos colores que ya hemos perdido la cuenta.

Allí, en aquellos territorios machacados por el Sol, coexisten fronteras reales con fronteras imaginarias. Fronteras oficiales con fronteras utópicas o, palabra maldita, históricas.

La frontera del antiguo reino de Israel, comparte territorio con la frontera de la Unma, con la del califato, con la del Imperio Otomano, y con las fronteras oficiales creadas en un despacho por diplomáticos franceses e ingleses en plena Gran Guerra.

Aquello es un berenjenal de imposible solución desde los mapas y desde los despachos de los políticos.

Y si estos políticos, como es el caso actual del Presidente de los Estados Unidos Donald Trump, carecen de sentido de la reflexión y pretenden arreglar los problemas a martillazos, entonces lo único que se consigue es agravar los mismos problemas que se pensaba arreglar.

Pero eso no quiere decir que otras políticas bienintencionadas de otros presidentes norteamericanos hayan solucionado algo o que pudiesen arreglar nada.

No puede haber una solución aceptable para todos porque los mapas de las diferentes partes se superponen sobre los mismos territorios, y Jerusalén es el colmo de la superposición.

Una ciudad que es a la vez capital eterna del reino de Israel, cuna irreductible de las religiones cristianas y santa capital del Islam no tiene solución posible.

Pretender que los israelíes vayan a renunciar a su capital "eterna" o que los árabes vayan a dejar sus mezquitas a los demás es tarea inútil.

El lema "paz por territorios" es ilusorio. Aquí en España con los catalanes nazionalistas o en Judea y Samaria con los palestinos y los colonos judios.

El ensueño de los mapas es demasiado fuerte.

La única forma de salir de ese círculo vicioso es olvidarse del tema y dejar que las personas dirijan sus energías a cuestiones positivas.

¿Es eso posible?

Si que lo es.

¿Cuantos cristianos se sienten agraviados por la situación de Constantinopla, que fue mil años capital del Imperio Romano?

¿Cuantos cristianos se rasgan las vestiduras por ver como la Iglesia de Santa Sofia, la más grande de la cristiandad, sea ahora un museo-mezquita?

Y sobre todo, ¿cuantos cristianos pondrían su vida o su seguridad en juego por recuperar la vieja ciudad del Bósforo?

Muy pocos y los que pueden pensar así son carne de psiquiátrico.

El problema es la situación de los pueblos árabes y su sentido de tener el orgullo pisoteado por los occidentales.

Y en esto si que se podría trabajar.

Hay una parte del trabajo que tienen que hacer ellos mismos porque la modernización del pensamiento musulmán solo les compete a ellos, y ójala que puedan hacerlo, pero hay otra parte que si se podría comenzar a abordar.

Mientras haya millones de jóvenes en aquellos países cuya esperanza de tener una vida satisfactoria pase por recurrir a la religión y a sus promesas de paraísos post-mortem, no hay solución posible.

Cuando los jóvenes musulmanes puedan aspirar a un buen empleo según sus capacidades y no según su pertenencia a una familia pudiente, entonces los agravios por cuestiones de mapas serán mucho menos lesivos para su orgullo.

Cuando los jóvenes musulmanes puedan sentir legítimo orgullo de los logros de sus sociedades sin tener que recurrir a las glorias pasadas, entonces el mundo comenzará a cambiar para mejor y entonces Jerusalén también puede convertirse en un museo como Santa Sofía.

Pero para eso hay que dejar de tocar los cataplines, unos y otros, y comenzar a tomar medidas positivas. Los unos y los otros.

El mundo musulmán tiene que salir del ensueño de la religión y entrar en la modernidad como hizo el mundo occidental.

Y el mundo occidental tiene que entender que los musulmanes tienen derecho a organizarse como estimen conveniente, y sobre todo que tienen derecho a su orgullo nacional.

Y por favor, dejemos de tocarles las narices.

               

sábado, 2 de diciembre de 2017

Africa y las migraciones

De los treinta primeros países del mundo en cuanto a natalidad, veintiocho son africanos. El décimo es Afganistan y el trigésimo es Timor Oriental. También entre los primeros cuarenta aparece la Franja de Gaza.

Africa tiene actualmente 1.200 millones de habitantes. Se calcula que para 2050 tendrá 2.500 y para 2100 serán 5.000 millones. De todos esos millones, el sesenta por ciento tiene menos de veinticinco años.

Gracias a la cumbre de Abiyán nos enteramos de estas cifras y de la situación que se vive en aquel gran continente, que pese a lo que se suele creer, vive una situación mucho mejor que hace solo unos años.

La tragedia es que esos crecimientos económicos están sacudiendo como un terremoto la frágil estructura social de aquellos países y está lanzando a millones de personas al sendero de la migración.

Masas de campesinos están abandonado su lugares tradicionales de residencia para trasladarse a ciudades en las que buscar unos hipotéticos empleos que en su mayor parte sencillamente no existen.

En contraste con las crecientes zonas de chabolas que rodean las ciudades, hay una nueva clase media que si mejora su nivel de vida, que se adhiere a los valores de la sociedad moderna, que tiene menos hijos y que quiere prosperar y aprovecha las oportunidades de los trabajos burocráticos o de servicios en estados cada vez más complejos, las nuevas industrias, la construcción y el turismo.

Africa está creciendo, si, pero no es suficiente para absorber el tremendo boom de natalidad propiciado por la mejora de las condiciones sanitarias y el aumento de las expectativas de vida que viene de la mano de la paz.

Lo cierto es que en esas economías crecientes el número de jóvenes que no encuentran empleo es enorme.

Dicen las estadísticas que es del 30%. No me lo creo. Debe de ser mucho mayor.

Si recordamos nuestro propio proceso de industrialización, tuvimos la suerte de que por los años cincuenta la industria era muy intensiva en mano de obra.

La gente salía de Extremadura, Andalucía o La Mancha, llegaban a Madrid o Barcelona y se "colocaban" en las nuevas industrias que se creaban en torno a los Planes de Desarrollo.

Gracias a eso crecía el consumo y se producía el famoso círculo virtuoso de que a más empleo, mayor demanda y con esta mayor demanda seguía creciendo el empleo.

En Africa no sucede lo mismo porque las nuevas industrias allí como aquí necesitan muchos menos trabajadores y por tanto la riqueza solo alcanza a una minoría. Los demás quedan al margen.

Así que en Africa se están creando sociedades muy duales.

Sociedades en las que se percibe la situación de bienestar asociada a un buen empleo pero ese buen empleo no se alcanza. Y esa realidad es lo que empuja a miles de personas a la emigración.

Sociedades que carecían de incentivos para emigrar cuando eran comunidades rurales, ahora reciben todo tipo de incentivos paradojicamente en el momento es el que están despegando.

Lo mismo pasó en España con los excedentes de emigrantes del campo que no conseguían ese empleo soñado en las ciudades. Se marchaban a Alemania, Suiza, Bélgica, o donde tocase.

La diferencia es que los excedentes españoles, italianos o portugueses encajaban en las demandas de una industria creciente en los países de recepción.

Y eso no ocurre ahora con los excedentes africanos.

Para empezar son muchos mas. Y para continuar llegan en una situación en la que los países de acogida tienen también problemas de desempleo.

La situación es muy problemática.

Los africanos van a seguir llegando a miles o a cientos de miles cada año.

El desarrollo de sus países no se va a acompasar con sus tasas de natalidad a lo largo del siglo actual.

La industria no crea empleos de baja cualificación, ni aquí ni allí.

Los servicios están ya saturados de empleos de calidad decreciente.

El estado de bienestar no va a poder resistir la presión de las demandas sociales.

Por favor, si a alguien se le ocurre alguna idea, ¡que la diga!



     
 


jueves, 30 de noviembre de 2017

El mito de los "rohinyá

Ya he comentado aquí varias veces como los creadores de realidades virtuales al servicio del imperio nos cuentan historias tendentes a justificar las acciones que vendrán a continuación.

Sucedió con las "primaveras árabes" o con la "revolución naranja".

Se trata de poner un nombre poético a unos acontecimientos que si recibiesen el nombre que habitualmente les pondríamos no llamarían la atención, no evocarían las imágenes que los manipuladores quieren que nos evoquen y por tanto pasarían totalmente desapercibidos.

Imaginemos que las dichas primaveras se hubiesen calificado como manifestaciones estudiantiles, o todavía peor como revueltas juveniles, o que la revolución naranja hubiese sido denominada como lo que era, o sea, una revuelta anti-rusa o directamente un golpe de estado contra el gobierno legítimo.

¿Como justificar después la intervención en Siria o la ayuda a Ucrania?

El imperio no puede apoyar unas revueltas estudiantiles o un golpe anti-ruso, pero ¿como no apoyar una primavera o una revolución popular?

Si los separatistas catalanes hubiesen sido denominados liberadores del yugo español por los medios imperiales a estas horas Cataluña ya sería independiente hiciésemos lo que hiciésemos los españoles.

Afortunadamente el imperio está ocupado en otros menesteres como es el caso de Birmania.

Es difícil inferir que demonios quiere el imperio en aquel remoto país cuya riqueza está basada en el caucho y cuatro cosas más y cuya población vive mayoritariamente en un universo mítico donde se adora a los elefantes albinos. No es broma.

Cierto que los militares birmanos, que al menos exteriormente conservan los modos y vestimentas de los viejos regímenes comunistas, controlan el país bien directamente o por intermedio de los políticos locales, pero es que allí solo los militares parecen tener algún plan como se ha visto cuando llegó al poder la líder de la oposición Aung San Suu Kyi, hija del primer presidente del país, que colaboró con los japoneses en su momento aunque luego parece que se arrepintió.

Y es que sel líder de un país que vive en la edad media no tiene tanta gracia. Allí la gente tiene que resolver cosas tan elementales como que va a comer al día siguiente y de vez en cuando se cabrean con los que mandan pero cambiar los políticos no llena la escudilla y el ciclo vuelve a comenzar.

El caso es que los militares birmanos cuentan con el apoyo de los chinos así que será por eso que estamos ahora escuchando historias sobre los rohinyá y su calvario.

Pero ¿quienes son estos rohinyá?

Birmania tiene la desgracia de hacer frontera con uno de los estados más pobres del mundo: Bangla Desh o lo que se llamaba antiguamente Bengala Oriental.

Un lugar pantanoso donde se hacinan millones de personas que, eso si, se reproducen a toda velocidad a pesar de las hambrunas, las enfermedades y las catástrofes.

A su lado Birmania es un verjel y eso hace que por la frontera se cuelen los bengalíes a miles, o cientos de miles.

A los birmanos que son muy nacionalistas y amantes de lo suyo eso no les gusta y ahora parece que se han tomado la cosa a pecho y están hostigando a los bengalíes para que se vuelvan a su casa.

Me imagino que como suele pasar en estos casos los modos y maneras no serán precisamente de cortesía.

Pero leer expresiones como "extremistas budistas" me parece de traca.

Efectivamente los birmanos son budistas, pero de la misma manera que no seríamos capaces de imaginar a extremistas benedictinos, yo no soy capaz de imaginar como de las doctrinas de Sidharta Gautama Sakyamuni se puede derivar la quema de aldeas, el asesinato de niños o la violación de mujeres.

El budismo no tiene nada que ver con estos hechos como cualquier persona razonable puede imaginar y los rohinyás podrían ser musulmanes suníes o católicos que daría lo mismo.

Esto es lo que sucede cuando las migraciones alcanzan un nivel que pasa a ser considerado amenazador por el pueblo receptor.

Los birmanos, que recordemos que son un pueblo en el que cada familia, por humilde que sea, alimenta a varios monjes que pasan cada día con su escudilla vacía para que se la llenen, o sea que para compasivos ellos, saben que tienen al lado un auténtico apocalipsis demográfico e intentan torpemente resolver un problema insoluble.

Pero cuando los imperiales comienzan a montar sus historias sus víctimas pueden darse por jodidas.

La candidez de las poblaciones occidentales ha llegado a tal extremo que nos tragamos las historias que nos cuentan con tal facilidad que los manipuladores ya ni se molestan en ser verosímiles.

Me gustaría ver que haríamos nosotros si millones de rohinyás okupasen media costa andaluza.

O mejor todavía que okupasen Florida.

¿No quería hacer Trump un muro como la gran muralla china para que no llegases los rohinyás mejicanos?