miércoles, 21 de marzo de 2018

Cambridge Analytica enseña la patita

¡Por fin un tema digno de ser tratado en La Jungla Digital que no se llama así por nada!

Se ha montado un gran escándalo por la denuncia de un profesor norteamericano contra la empresa Cambridge Analytica y de rebote contra Facebook por haber manipulado sus datos (y los de millones de personas con él) a fin de influir en las pasadas elecciones presidenciales en los USA que como todo el mundo sabe ganó Donad Trump frente a Hilary Clinton.

Este profesor, demócrata de adscripción política como suelen ser los liberales americanos, recibió numerosos correos en los que se acusaba a Clinton de todo tipo de tropelías en la mejor tradición de la política canalla que es la que se va imponiendo en todo el mundo.

Nunca había yo entendido las diatribas cristianas contra la calumnia seguramente porque en el mundo en el que crecí no estaba de moda, pero ahora claro que entiendo lo que quería decir Jesús el galileo. Se ve que a él también le afectó.

La cuestión tiene mucha importancia porque una vez más chocan frontalmente el desarrollo tecnológico y la legislación de los estados o la internacional.

De sobra sabíamos que la minería de datos, el Big Data y la astucia de los intermediarios producirían resultados como los ya percibidos en las últimas campañas electorales o referendums.

De sobra sabíamos que toda esa información no sería utilizada para fines nobles.

De sobra sabíamos que no hay murallas, firewalls, fronteras o límites para los que se quieren hacer con información que se encuentre en la Red.

Lo único que no sabíamos es que ya estaba ocurriendo.

Sabíamos que nuestros datos estaban siendo comercializados por las compañías con las que tenemos contratados servicios porque nos llaman al teléfono fijo e incluso al móvil para ofrecernos productos y servicios de forma persistente y maleducada.

Pero eso es un juego de niños comparado con lo que ya está aquí.

A partir de nuestros datos, sofisticados algoritmos de búsqueda construyen perfiles de conducta, predicen nuestros próximos pasos, y proponen acciones a tomar "en nuestro beneficio" o sencillamente para influir en nuestra vida y nuestras decisiones.

Eso es precisamente lo que hizo la consultora Cambridge Analytica con las personas a quienes identificó como presumibles votantes de Clinton: les bombardeó con "informaciones" falsas o semifalsas que desacreditaban a la candidata a fin de desmotivar a sus electores.

Lo mismo se hizo en el referendum del Brexit, y es de suponer que esta consultora habrá tenido otros clientes, así que no sabemos el alcance de sus actividades ni cuantos procesos electorales han sido afectados por estas técnicas.

Siempre se puede argüir que las personas somos libres para pensar una cosa u otra y que somos lo suficiente maduros como para tomar decisiones en base a nuestras preferencias reales y no en base a otras inducidas por terceros.

Pero de sobra sabemos que eso es falso.

Psicólogos, sociologos, politólogos o simplemente gente genial dedicada a la manipulación de la opinión pública tienen hoy acceso a unas herramientas informáticas tremendamente poderosas que multiplican exponencialmente el valor de sus propios arsenales de técnicas manipuladoras, y la verdad es que nunca en la Historia habíamos estado los ciudadanos tan expuestos a la manipulación y la mentira organizadas.

Hemos permitido que compañías como Amazon conozcan nuestros gustos y aficiones y ahora no podemos volver atrás.

La única estrategia posible ante los ataques a nuestro libre albedrio es limitar a fuentes de confianza, si es que queda alguna, la recepción de noticias y solo acceder a correos que nos lleguen de personas conocidas.

Debemos aceptar que la Red es en verdad una jungla llena de serpientes venenosas y que no nos podemos fiar absolutamente de nadie.

Debemos aceptar que la mayoría de las informaciones que circulan son falsas e interesadas.

Debemos aceptar que somos manipulables, que no nos podemos defender de las calumnias y que tomar a la ligera decisiones de cualquier tipo es muy peligroso.

O sea que la única estrategia es pensar y no actuar por impulsos porque ahí es donde nos cazan como a conejos.

En resumen, tenemos que aceptar que hay gente muy lista, mucho más que nosotros, que se está colando en nuestras mentes.

No es que estas cosas no hayan pasado siempre porque la política siempre ha sido manipuladora, es que la escala a la que pasan ahora estos procesos es simplemente abrumadora.

Muy lejos quedan las escuelas sofistas que precisamente basaban su éxito en enseñar a sus pupilos a manipular mediante la brillantez oratoria en el Agora ateniense.

Todas esas técnicas se amplificaron con los medios de comunicación y ahora llegan a las redes.

Nada nuevo hasta ahí.

Lo que si es nuevo es que hasta ahora el manipulador estaba fuera y nos hablaba.

Ahora está dentro de nuestra mente.

Veremos como actúan los tribunales británicos. Los americanos no han querido entrar.

Pero me temo que esto no tiene vuelta atrás.

Cambridge Analytica nos ha enseñado la patita.

El lobo está detrás.     

2 comentarios:

Alejandro Cordón dijo...

Bueno, aquí se están mezclando algunas ideas que conviene aclarar:

- El que Cambridge Analytica (CA) actuase como empresa de marketing político haciendo precisamente esa actividad, no es algo ilegal ni único a ellos. Hay muchos que se dedican a eso y sí, efectivamente, usan nuestro rasto digital para atacarnos donde más nos mueve.

- CA no ha manipulado datos de nadie. Los ha usado para hacer campañas de marketing hiper-targuetizadas. De nuevo, esto no es ilegal.

- Que no sea ilegal no quiere decir que sea ético ni bien visto. Pero, ¿dónde acaba la publicidad y dónde empieza la manipulación?

- El problema para FB es que CA se valió de un agujero en sus políticas para acceder a datos de 60M de usuarios que no habían dado su consentimiento expreso. FB les exigió que no usasen esos datos y cambió sus políticas, pero ni avisó del maluso de los datos ni se preocupó de asegurarse de que eran borrados (realmente no sé cómo iba a hacer esto).

- El verdadero problema e ilegalidad de CA es el vídeo que salió en Channel4, en el que se grabó al CEO de la compañía vendiendo sus servicios a un supuesto comprador que quería influir en las elecciones de Sri Lanka. En el vídeo, el ya ex-CEO decía que uno de sus servicios era desprestigiar al oponente y que si no había nada de lo que tirar, era fácil escenificar un montaje (con supuestos sobornos o prostitutas) y filtrarlo en Internet.

- La solución desde nuestro lado como consumidores precisamente no es "limitar nuestras fuentes de confianza" sino desarrollar pensamiento crítico. Limitar las fuentes de contenido precisamente acucia el problema, porque se tiende a quedarse con los contenidos que refuerzan las ideas/pensamientos/sentimientos de uno. Y esa es una de las grandes bazas de las empresas de marketing, ya sea de juguetes o político. Lo que hay que hacer es cuestionarse todo lo que está escrito, beber de diversas fuentes, que el contenido "moleste" a nuestra forma de ver las cosas. Entonces sí que será más difícil creerse a pies juntillas que Clinton está aliada con Bin Laden cuando lo lees en un artículo de FB.

Alejandro Cordón dijo...

Un buen artículo para entender lo que ha pasado: https://hipertextual.com/2018/03/trama-cambridge