domingo, 7 de enero de 2018

2018, entre la pereza y el desasosiego

Otro año que comienza y otra ocasión para que nos esforcemos en tratar de rasgar el velo del futuro y ofrecernos a nosotros mismos un poco de luz sobre lo por venir.

Lo que pasa es que desde que los americanos decidieron dejar de tomarse en serio la política, siguiendo un camino que en Europa ya llevábamos muy avanzado, el futuro se ha transformado en una pista de hielo en la que no hay mas que resbalones y tortazos.

¿Como salimos de esta?

Recuerdan los historiadores que al final del mandato de Marco Aurelio se produjo un cambio semejante: de repente lo que parecía un tiempo de esperanza y plenitud se convirtió en un tiempo de cenizas y herrumbre.

¿Que había pasado?

¿Fue el cambio del gran emperador-filósofo por el payaso de su hijo Comodo suficiente causa de la entrada en la decadencia o fue la decadencia larvada del imperio lo que propició la llegada de Comodo?

Y aquí podríamos decir lo mismo. ¿La causa del desastre actual es la elección de Trump o esa elección es solo un síntoma de la enfermedad?

¿Y es esa la misma enfermedad que aqueja a los británicos antieuropeos, a los catalanes antiespañoles, a los alemanes antiemigrantes, y a los húngaros antitodos los que no son húngaros?

Recientemente recordaba un amigo las palabras de Platón-Sócrates cuando pregunta si es lógico elegir como piloto de una nave no al que más sabe de navegación sino al que saque más votos entre los pasajeros.

De sobra sabemos que no pondríamos nuestra vidas en manos de médicos electos, pilotos electos o ingenieros electos.

Pero en materia de política lo hacemos continuamente, y no solo lo hacemos sino que defendemos a personajes abiertamente estúpidos e incapaces, porque "son de los nuestros".

Permitimos que un botarate dirija el estado siempre que tal botarate aparezca como paladín de unas supuestas ideas, que además, nosotros mismos nunca nos tomaríamos en serio.

La cuestión es que parece haber algo en el ambiente que favorece que personajes como Putin, Trump, el coreano loco, mosén Junqueras, Boris Jonhson, y un largo etc. anden por ahí como grandes líderes mundiales, cuando en realidad son meras copias de Comodo, un personaje que como los anteriores también mezclaba política y espectáculo y que acabó su vida en el circo romano peleando con gladiadores.

La cosa es seria porque hay mucha gente que está dispuesta a seguir votando a esos personajes sin importarles las consecuencias.

¿Será que piensan que son sus vidas tan miserables que no merece la pena intentar mejorarlas o será que puestos a vivir en la miseria cuanto peor sean las circunstancias mejor?

Supongo que para muchos de los coetáneos de Marco Aurelio no podía resultar creíble que su sucesor fuese un estúpido sanguinario como para nosotros resulta increíble que después de Obama haya venido Trump.

Por aquellas fechas del siglo segundo la gente se refugió en las doctrinas ensimismadas del cristianismo naciente o de los cultos orientales que prometían una vida mejor después de la muerte.

Ahora no tenemos ese consuelo.

Pero también sentimos la misma tentación de refugiarnos en nuestro mundo interior y no leer periódicos o escuchar tertulias.

Por lo menos hasta que escampe un poco yo voy a huir como alma que lleva el diablo de todo aquello que suene a política.

A ver si así consigo pasar este 2018 que, amigos míos, pinta pero que muy mal.