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viernes, 20 de agosto de 2010

¿Qué falla es España?

Fallar, fallan muchas cosas, pero hoy traigo una a reflexión que he experimentado en mis propias carnes esta mañana. Y es que por motivos personales he tenido que acudir al registro civil a pedir un certificado de estado civil y al salir del edificio no daba crédito a lo que había vivido.

Primeramente decir que menos mal que estamos en agosto, único mes del año en que Madrid se convierte en una ciudad cuasi-fantasma. Esto permite poder acudir a hacer recados en coche, con la seguridad de poder aparcar sin mayor problema, y esperar colas de longitud aceptable.

Primera cola de la mañana nada más entrar en el edificio, para preguntar a qué zona tengo que acudir para solicitar el certificado. En vez de tener una persona en la entrada que aplicase una ágil distribución, o incluso un simple mapa o cartel indicativo, he tenido que preguntar en información. No ha tardado mucho, pero ya empezamos con la rutina.

De ahí he ido a la segunda cola, esta vez ya para pedir el certificado. Una sola persona atendiendo, y no excesivamente rápido. Al rato aparece de paseo y como quien no quiere la cosa una segunda persona, cruza al otro lado del mostrador, se sienta, mira su pantalla, mira la cola, mira su pantalla, mira la cola y, con aire de resignación, pide que pase el siguiente.

Al rato ya me toca a mí, con esta segunda persona. ¿Qué quiere? Solicitar un certificado de estado civil. ¿Trae el DNI? Sí. ¿Qué estado tiene? Soltero. OK, momento de teclear en el ordenador. Mientras tanto, la primera persona termina de atender a un señor tributario, se levanta y se aleja lentamente de su puesto, como si llevase calzados zapatos de plomo. Sigue la persona enfrente mío tecleando en el ordenador, finalmente imprime y me da la hoja para comprobar que los datos son correctos. Todo bien, gracias, pero en ese momento me asalta la duda: perdone, ¿tienen ustedes una base de datos que indique que yo estoy soltero? No, este es un documento de presunción. Quiere decir que pone soltero porque yo he dicho soltero, ¿verdad? Sí, claro. Buenos días. Buenos días. (La persona 1 vuelve a su puesto de trabajo. Aparentemente no se ha cambiado los zapatos y el ritual de mirar varias veces la pantalla antes de llamar al siguiente debe de ser algo de vital importancia).

¿Qué falla aquí? Primero de todo, ¿para qué demonios me piden un certificado que certifica que soy soltero en base, única y exclusivamente, a mi palabra? ¿Cuál es su utilidad, más allá de hacerme perder el tiempo, a mí y a la Administración? Esto es lo que mucha gente critica cuando dice que la burocracia en España es excesiva, así como el número de funcionarios. Acabo de realizar un trámite (para poder a su vez realizar otro trámite) que no aporta absolutamente nada de valor añadido. Un total y absoluto desperdicio (waste), según la filosofía Lean.

También podrían ser objeto crítica la pobre gestión de colas y eficiencia del Registro Civil, así como el pobre incentivo a la productividad que tiene el modelo actual de funcionariado. Y es que muchas cosas fallan en España, pero hay algunas que claman al cielo. ¿Cuánto cuesta este trámite a todas luces innecesario? Empezando por mi tiempo (y productividad), seguiríamos por el de todos los demás que acuden al centro para solicitudes realmente importantes. Tenemos empleados, sistemas (que hay que desarrollar y mantener), gestión y documentación de procesos ineficientes, y hasta el simple coste de la hoja de papel y la tinta de la impresora.

A veces me pregunto si realmente los gallifantes de la Administración pasan alguna vez por su propia burocracia establecida. O si es que no se les ocurre de dónde recortar gastos más que bajando los salarios a los funcionarios y subiendo los impuestos. Si es así, por favor, que me llamen y contraten como consultor externo, que tengo unas cuantas ideas que podrían serles de utilidad.