miércoles, 2 de diciembre de 2015

En realidad estamos mejorando...

Si, eso es lo que al parecer toca decir ahora, aunque todas las evidencias señalen en la otra dirección.

De forma altamente sospechosa, una serie de personas se han lanzado a la palestra con estadísticas y explicaciones que nos indican que el mundo está mejorando, que los peligros no son tales, que nunca se ha vivido mejor, y que por lo tanto, no hay nada que justifique tanto pesimismo.

Hace unos días era una presentación del demógrafo sueco Hans Rosling, quien mantiene que más allá de nuestros prejuicios, lo cierto es que en todo el mundo se está reduciendo el número de hijos nacidos de cada mujer y que básicamente ahora es de dos por cada mamá.

Hoy era uno de mis escritores de Ciencia Ficción favoritos, David Brim, el que aseguraba que la pobreza está desapareciendo y que la tecnología permite asegurar que nuestros hijos vivirán en un mundo mejor.

Hoy, fundador de Facebook, que acaba de ser papá, Mark Zukerberg, ha donado el 99% de sus acciones para una fundación que se dedicará a crear un mundo mejor para su recién nacida hijita.

Al parecer los occidentales, y particularmente las elites culturales, hemos caído en un pesimismo intolerable que se manifiesta en películas catastrofistas, video juegos apocalípticos y opiniones políticas derrrotistas.

Como dice Brim que estas obras de anticipación pesimistas sirven precisamente para evitar que se cometan los errores que conducirían a hacerlas realidad, lo que debe ocurrir es que nos hemos puesto todos de acuerdo para evitar todo lo malo a base de imaginar precisamente que eso es lo que va a a ocurrir.

O sea que si se dice que va a subir la temperatura dos graditos de aquí a final de siglo, es para acojonarnos y que no suba.

Y si se desencadena una migración de millones de personas es para que tengamos una visión de lo que puede llegar a pasar de verdad.

Y si en los barrios de chabolas de Filipinas, Brasil, Méjico, Egipto, Nigería, etc., no cabe un niño más es tan solo una bromita para que no volvamos a duplicar la población en la siguiente generación.

Comparto con estos esperanzados luchadores del no-pasa-nada que ya que vamos al desastre no vayamos amargados y que lo mejor será brindar con champagne mientras la orquesta del Titanic desgrana sus postreras melodías.

Pero me molesta que nos tomen por tan tontos que nos tengamos que tragar que en Bangla Desh se ha llegado a una idílica realización y hayan decidido no volver a triplicar su población en los próximos veinte años.

O que las mujeres nigerianas o mejicanas se han concienciado gracias a los programas de educación y que en el mundo como sostiene Rosling la familia tipo es la pareja con dos niños.

La verdad es que la imagen idílica de la mujer bangladesí con su parejita en la escuela del pueblo no me cuadra nada con las oleadas de refugiados, las fábricas que se hunden bajo el peso de sus empleados esclavos, las niñas vendidas, o los niños soldados de Bokko Haram.

Francamente no se de donde salen todas esas estadísticas maravillosas y como se compadecen con la necesidad de que existan tantas ONG dedicadas a cuidar a los que no tienen nada.

Si todo va tan bien, ¿para que tenemos que dedicar tantos recursos a la caridad?    

1 comentario:

Alejandro Cordón dijo...

Porque el punto no es que todo vaya bien, sino que casi todo va mejor