Hablaba el otro día con mis amigos sobre la multitarea implementada en el nuevo SO del iPhone, el iOS4. Mientras unos mantenían que estaba muy mal planteada, ya que no permite tener las aplicaciones corriendo en 2º plano de manera continuada, yo me decantaba más a favor del modelo seguido, fuertemente condicionado por las limitaciones de una batería de unos pocos centímetros cuadrados. Al final, la conclusión a la que llegamos, y que suele ser recurrente en estos casos, es que se trata de una lucha entre los sistemas abiertos y cerrados.
El iPhone es el paradigma actual del sistema cerrado móvil. Steve Jobs dispone y los demás aceptamos (si queremos). Al que no le gusten sus reglas, que cambie de móvil. Este es su sistema y muchas veces se ha encargado de dejar claro quién manda en él. Por otro lado tenemos los modelos abiertos, quizá con Android como su Caballero Blanco, que apuestan por un modelo donde cada uno puede aportar su granito de arena en pro de conseguir un sistema común mejor.
Sinceramente, no creo que haya un modelo mejor o peor. Los dos son diferentes y cuentan con sus ventajas y desventajas, siendo mayormente las unas de uno de los modelos, las segundas del otro, y viceversa.
Comento esta reflexión a raíz de un post que leí y que mantiene que la Store de aplicaciones de Android está llena de programas potencialmente maliciosos. Sin querer ignorar que este tipo de informes suelen estar claramente condicionados hacia una conclusión final y que habría que ver qué se considera "potencialmente malicioso", creo que parte de razón sí que debe de tener. Y es que si bien el control al que somete Apple a todas aquellas aplicaciones que quieran estar en su escaparate es realmente severo, e incluso a veces considerado subjetivo, sí que es cierto que el iPhone está totalmente libre de malware. Por otro lado, en una plataforma abierta como es Android las puertas son mucho más anchas y habrá que andarse con más ojo a la hora de instalar algo. No creo que sea necesario más allá de poner algo de sentido común a las descargas, pero la experiencia con los PCs ha dejado claro que este sentido es el menos de los comunes entre las personas, ya sea por ingenuo desconocimiento o por mera incompetencia. Cualquiera de los dos es totalmente extrapolable al mundo móvil.
Y sí, soy consciente de que Android somete a un cuestionario al usuario cuando éste instala una aplicación que accede a ciertas funcionalidades del teléfono, pero no es eso lo que quiere el usuario medio (¿verdad, Windows?). Como es igualmente cierto que no quiere tener que estar pendiente de múltiples versiones ni de capas de servicios de la operadora o fabricante. Al final, gran parte del secreto de Apple es su sencillez (que no simplicidad) y esto pasa por ofrecer un entorno cerrado y fuertemente controlado. Lo tomas o lo dejas, la decisión es de cada uno y claramente no pretende agradar a todo el mundo. No cabe duda de que el modelo es arriesgado y que les servirá mientras suficiente gente aprecia más las ventajas que los inconvenientes, pero de momento está funcionando, ¡y de qué manera!
Edito, incluso antes de publicar: en ALT1040, blog donde leí el post que inició esta diatriba, han publicado ayer mismo una rectificación confirmando lo que ya se sospechaba: no es la cosa tan grave como parece. Ni hay software malicioso en la Android Store (que se sepa) y sí que se controlan a los desarrolladores que publican sus aplicaciones allí. No obstante, la idea base de este post, que los sistemas abiertos tienen sus ventajas y desventajas, y que ninguno es netamente mejor que el otro, sino que va por gustos, sigue siendo totalmente válida. Ese es el mensaje que quería transmitir, aunque ahora haya perdido parte de la base sobre la que argumentaba...
El iPhone es el paradigma actual del sistema cerrado móvil. Steve Jobs dispone y los demás aceptamos (si queremos). Al que no le gusten sus reglas, que cambie de móvil. Este es su sistema y muchas veces se ha encargado de dejar claro quién manda en él. Por otro lado tenemos los modelos abiertos, quizá con Android como su Caballero Blanco, que apuestan por un modelo donde cada uno puede aportar su granito de arena en pro de conseguir un sistema común mejor.
Sinceramente, no creo que haya un modelo mejor o peor. Los dos son diferentes y cuentan con sus ventajas y desventajas, siendo mayormente las unas de uno de los modelos, las segundas del otro, y viceversa.
Comento esta reflexión a raíz de un post que leí y que mantiene que la Store de aplicaciones de Android está llena de programas potencialmente maliciosos. Sin querer ignorar que este tipo de informes suelen estar claramente condicionados hacia una conclusión final y que habría que ver qué se considera "potencialmente malicioso", creo que parte de razón sí que debe de tener. Y es que si bien el control al que somete Apple a todas aquellas aplicaciones que quieran estar en su escaparate es realmente severo, e incluso a veces considerado subjetivo, sí que es cierto que el iPhone está totalmente libre de malware. Por otro lado, en una plataforma abierta como es Android las puertas son mucho más anchas y habrá que andarse con más ojo a la hora de instalar algo. No creo que sea necesario más allá de poner algo de sentido común a las descargas, pero la experiencia con los PCs ha dejado claro que este sentido es el menos de los comunes entre las personas, ya sea por ingenuo desconocimiento o por mera incompetencia. Cualquiera de los dos es totalmente extrapolable al mundo móvil.
Y sí, soy consciente de que Android somete a un cuestionario al usuario cuando éste instala una aplicación que accede a ciertas funcionalidades del teléfono, pero no es eso lo que quiere el usuario medio (¿verdad, Windows?). Como es igualmente cierto que no quiere tener que estar pendiente de múltiples versiones ni de capas de servicios de la operadora o fabricante. Al final, gran parte del secreto de Apple es su sencillez (que no simplicidad) y esto pasa por ofrecer un entorno cerrado y fuertemente controlado. Lo tomas o lo dejas, la decisión es de cada uno y claramente no pretende agradar a todo el mundo. No cabe duda de que el modelo es arriesgado y que les servirá mientras suficiente gente aprecia más las ventajas que los inconvenientes, pero de momento está funcionando, ¡y de qué manera!
Edito, incluso antes de publicar: en ALT1040, blog donde leí el post que inició esta diatriba, han publicado ayer mismo una rectificación confirmando lo que ya se sospechaba: no es la cosa tan grave como parece. Ni hay software malicioso en la Android Store (que se sepa) y sí que se controlan a los desarrolladores que publican sus aplicaciones allí. No obstante, la idea base de este post, que los sistemas abiertos tienen sus ventajas y desventajas, y que ninguno es netamente mejor que el otro, sino que va por gustos, sigue siendo totalmente válida. Ese es el mensaje que quería transmitir, aunque ahora haya perdido parte de la base sobre la que argumentaba...


