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viernes, 1 de octubre de 2010

Subvencionando el pasado para que sea presente

Asombrado me quedo cuando leo que un comité de toreros acudió ayer a comer con la señora ministra de cultura. Más asombrado aún cuando leo sus intenciones: traspasar el toreo de la competencia del Ministerio de Interior al de Cultura.

Y es que parece ser que bajo el paraguas de la cultura tiene cabida todo aquel negocio que no es rentable en nuestro país, pero que tiene apoyos en el Gobierno. El cine pide subvenciones para estrenar películas que verán 4 gatos en las salas (y ni siquiera descargará nadie). La música lucha para mantener vivo un modelo de negocio caduco, que beneficia de forma exagerada a los intermediarios. El mundo editorial ya lucha por lo mismo, poniendo frenos a la llegada de un libro digital contra el que no saben competir (sin entender que no hay competencia posible, sino convivencia y cooperación).

Ahora ha llegado el turno de los toreros, que ven como su forma de ganar dinero (la tortura animal, escudada bajo el retorcido manto de la cultura) empieza a peligrar. Esta vez no se trata de competencia, sino de la evolución de la propia sociedad, que lentamente va dando su espalda a tan terrible espectáculo. Pero da igual, todas las causas perdidas tienen su hueco bajo el Ministerio de Cultura, refugio de caraduras e inmovilistas. Si el Ministerio de Interior no nos protege lo suficiente, seguro que allí sí que lo hacen. No al cambio, viva el status quo.

Con esta denuncia no quiero que se entienda que estoy en contra absoluta de las subvenciones a la cultura. No, pero abomino el dispendio bochornoso que se está haciendo actualmente. Hay que definir muy claramente qué se apoya, impulsando a los verdaderos artistas de nuestro país y dejando de lado a los auténticos sinvergüenzas.

Toda costumbre pasada, presente y futura es cultura, pero no hay que tener miedo a ir dejando atrás todo aquello que vamos entendiendo que ya no nos representa. Y, desde luego, no es necesario subvencionar todo aquello que se pudiera considerar cultural. Independientemente de que los tiempos económicos sean buenos o malos.

Quisiera acabar con una apreciación relacionada a este tema. Al final de la columna de Tercera Opinión de esta semana (blog de lectura recomendadísima) se hace un llamamiento a los lectores para que voten a un tercer partido político en cualquier próxima elección, que no sea ni el PP ni el PSOE. No puedo menos que secundar la petición, visto el percal del Ministerio de Cultura y tantos otros. Porque un cambio es posible (y necesario).

miércoles, 4 de febrero de 2009

La parafernalia de los Goya

El domingo pasado se celebró la gala del cine español donde se premia a los trabajadores del cine español. Claro, sabiendo quién paga a toda esta gente uno se podía hacer a la idea de cómo iba a ir la cosa, y la verdad es que cumplieron bastante bien con el guión previsto. Cuando el cine español hace aguas en las salas de exhibición, el "negocio" sólo es viable gracias a las subvenciones, así que desde el minuto uno todo fue criminalización del pueblo a causa de las descargas y exaltación del Ministerio de Cultura.

Claro, la Red no tardó en saltar, alegando principalmente que las descargas de películas españolas son nimias. La relación entre entradas de cine vendidas y descargas desde Internet suele mantener una relación directa y en este caso también se cumple. Si poca gente va al cine a ver la última españolada, espera pocas descargas. Porque no hay un razonamiento más falso que pensar que una descarga equivale a una entrada no vendida, por mucho que se empeñen en que es así.

Hoy también leo que el Gobierno va a destinar 75 millones de € a financiar el cine español, aunque si leemos la noticia completa no es exactamente así. De todas formas, en los tiempos de crisis que vivimos, destinar más dinero a subvencionar un cine que no es capaz de ser por sí mismo se merece la mayor de las críticas.


Más aún, cuando veo este gráfico obtenido de Soitu donde se ve claramente que las películas españolas han pasado de 46 producciones en 1998 a 126 en 2008 (¡un crecimiento de más del 150%!), se entienden muchas cosas. Se entiende que un país de 45 millones de habitantes no puede estrenar más de 2 películas cada semana del año. Se entiende que toda la gente que hace esas películas no vive de las entradas, sino de las subvenciones. Se entiende que alguien ha descubierto que se puede hace mucho dinero a través de esas subvenciones, independientemente de la calidad de la cinta. Se entiende que a ese mismo alguien le duele que las subvenciones puedan disminuir a raíz de la crisis.

En fin, que menos criticar a los españolitos y más pensar en qué nos gusta ver en el cine, que no lo olvidemos, es arte, pero no deja de ser un negocio que debe cuidar a su cliente. Un negocio que debe ser rentable por sí mismo, y no a base de mis impuestos. Ni, ya puestos, de ese pico que han de aportar también todas las cadenas privadas de emisión en abierto. ¿Por qué?