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domingo, 23 de junio de 2013

Quitarle la escopeta a tu enemigo... para pegarte un tiro en el pie

Y es que esa podría ser la definición de la estrategia que ha seguido Microsoft con el lanzamiento de la XBox One, su apuesta para ganar la batalla de la nueva generación de videoconsolas. Después de comentar la decepcionante puesta en escena de Sony, esperaba con interés el anuncio de Microsoft, para ver cómo eran capaces de aprovechar el traspiés de los japoneses. Y otra cosa no, pero polémica causaron, y mucha. Que hablen de ti, aunque sea para mal. Supongo.

Y es que si dejamos de lado toda la potencia y capacidades gráficas de la máquina americana (algo más limitadas que las que posee su contrapartida de Sony, por cierto), lo verdaderamente interesante de la presentación fue la visión que Microsoft tiene de la consola. Primero, como centro del salón, haciendo mucho hincapié en el consumo de contenidos online, conexión a Internet, Kinect para interaccionar con el usuario...  Y segundo, su propuesta de entorno digital, diferente a lo existente y causante de toda la polémica.

Y es que Microsoft ha visualizado dónde está el futuro de los videojuegos y ha dado el paso que nos separaba de él. Si bien el modelo nunca quedó del todo claro (otro grave error de comunicación), su idea base es separar al usuario como elemento "lógico" de la XBox como elemento "físico". Eliminar la necesidad del soporte físico para el juego, poder comprar juegos online y que cada usuario tuviese toda su biblioteca de juegos en cualquier consola en la que se loguease. Una biblioteca que iba a ser posible compartir con otros 10 familiares o amigos, de manera que todos tuviesen acceso a los mismos contenidos.

Hasta aquí todo bien, pero esta experiencia de usuario requiere de un cierto nivel de control por parte de Microsoft que no ha sentado nada bien a mucho de su público. Exigir una conexión cuasi-permanente a Internet y el control del mercado de 2ª mano y préstamo de videojuegos hicieron saltar las quejas y protestas en la Red. Especialmente relevante me parece el segundo: la realidad es que Microsoft ha creado un valor en ese mercado que ahora mismo funciona en "negro", es un valor que no está generándole réditos directos (más allá de las externalidades de red). Sentido tiene intentar controlarlo, pero ha de hacerse aportando valor al usuario sobre el modelo actual, no capándolo (al modelo, se entiende :-).

Hablo en pasado porque Microsoft ha reculado. Días después de la polémica, Sony hizo su segunda presentación de la PlayStation 4, haciendo especial foco en su modelo tradicional, sin evoluciones conflictivas. Y en 100€ menos de precio. Las alarmas saltaron en Redmond y un par de semanas después anunciaron cambios en la gestión de los derechos digitales, eliminando la necesidad de conexión a Internet y las restricciones sobre el mercado de 2ª mano. La realidad es que a día de hoy nadie parece tener muy claro cómo será el modelo final que implante Microsoft para la nueva generación de consolas. Cuánto tendrá de su primera visión o cuánto seguirá el statu quo.

Y aquí es donde entra lo que a mí me resulta realmente fascinante de esta historia. Apple siempre se ha caracterizado por hacer avanzar a la industria mediante la toma de decisiones drásticas, pero que seguían el camino que ellos estaban construyendo. Véase la eliminación de las unidades ópticas en sus portátiles o la no inclusión de tarjetas SD en sus móviles. Decisiones que han levantado muchas protestas y críticas, pero que el tiempo ha demostrado que pocas han sido erróneas. Las escuelas de negocio enseñan que es fundamental escuchar y conocer a tu cliente. Steve Jobs decía que el cliente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas. Microsoft le ha enseñado su visión del futuro a sus clientes, estos ha protestado porque la realidad es que a nadie le gustan los cambios, y a consecuencia los americanos han decidido volver a lo conocido. Sólo el tiempo dirá si han reculado porque han recapacitado y visto que realmente ese no era el camino adecuado o porque no han tenido lo necesario como para seguir adelante con él. Pero la realidad es que si no haces nada diferente, en el mejor de los casos seguiras en el mismo sitio, y desde luego no sirve para retomar el liderazgo de la industria.


lunes, 29 de abril de 2013

Elección, foco y modelos de negocio

Una de mis lecturas favoritas es el semanario The Economist. Me parece una revista sensata, interesante, diversa en contenido y con la suficiente profundidad como para que me dé la sensación de que durante su lectura, realmente estoy dejando algo de poso en mi cabeza.

Además, su modelo de negocio frente a la disrupción digital me parece francamente interesante: para su lectura en dispositivos digitales te puedes suscribir anualmente (160€), trimestralmente (40€), comprar números sueltos (6€) o acceder a una versión muy reducida, apenas 3-4 artículos destacados, de manera gratuita. Si bien la suscripción anual no me parece cara a cambio de la calidad que ofrecen los artículos, la falta de tiempo para leer me ha hecho mantenerme con la versión reducida. La duda me sobreviene ahora, porque esta versión ha pasado de unos 8-10 artículos semanales, más que de sobra para el tiempo que tengo para dedicarle, a los mencionados 3-4, que se me hacen escasos.

¡3 ó 4 de estas interesantes piezas son muy pocas! Pero la revista entera es demasiado larga para mí, y ahí radica la clave del dilema. No tengo problema en pagar los 160€, pero no quiero 100 páginas semanales de artículos, a los que no puedo dedicar tanto tiempo como quisiera y que van a pesar como una losa en mi distribución personal de foco y tiempo. Es una curiosa paradoja: dejo de comprar la revista, no por su precio, sino por la cantidad ofertada.

Esta situación me ha recordado a la muy interesante charla TED, impartida por el psicólogo Barry Schwartz, llamada la paradoja de la elección. Resumidamente, su planteamiento es que tanta posibilidad de elección a la que hemos llegado en nuestra sociedad nos produce infelicidad, a través de 2 palancas: parálisis ante la decisión entre un extremadamente amplio abanico de posibilidades, e insatisfacción con la elección hecha, habiendo otras tantas posibilidades que hemos dejado inexploradas. Ya digo que merece la pena dedicar 20 minutos a ver el vídeo:



Cierto es que la capacidad de elegir, el conocimiento y, en general, la libertad, nos hace dueños de nuestros destinos y, por ende, responsables de él. Esto resulta incómodo. Sería mucho más fácil que una entidad superior, ya sea teológica o institucional, gobernase nuestros pensamientos y opiniones. La estupidez siempre es más feliz. Una idea que también nos transmite Ray Bradbury en su célebre novela Farenheit 451 (otra lectura obligatoria, que debería facilitarse en los colegios), donde muestra un futuro distópico en el que el Estado prohíbe todas las formas de arte y cultura, principalmente representadas por los libros, ya que generan opiniones diferentes en la gente, pensamientos conflictivos y libre albedrío general. Todo muy peligroso para la sociedad, que vive más feliz si se controla su libertad.

La conclusión a la que llego es que mi propuesta para The Economist sería que ofreciese entre sus productos una versión reducida, pero no tanto, de su semanario, por un módico precio que pagaré gustosamente. Porque actualmente, la capacidad de elegir una de sus alternativas me deja infeliz, ya que me paraliza en la toma de la decisión y no estoy plenamente satisfecho quedándome con la opción gratuita. Eso sí, al menos la decisión es sólo mía.

martes, 16 de abril de 2013

Para la editorial, el enemigo son los demás

Muy interesante el editorial que publicó ayer el diario El País, titulado "Información de pago", toda una declaración de intenciones. No es ningún secreto que los grandes medios tradicionales están sufriendo fuertemente las reestructuraciones que están transformando nuestra sociedad a todos los niveles y su modelo de negocio habitual parece agotado.

Si bien es interesante lo que se dice en apenas 3 párrafos, más interesante aún es cómo se dice y cuál es el mensaje real que hay detrás de las palabras.

Ya el propio subtítulo, "muchos diarios incorporan sistemas de pago en sus ediciones digitales para afrontar la crisis" da una clara muestra de cuál es el objetivo del escrito: voy a empezar a cobrar por el acceso a elpais.com y aquí vengo a justificarme. Y empiezan mal, porque el objetivo de un cambio en el modelo de negocio no puede ser "para afrontar la crisis", sino que debiera ser "para aportar un mayor valor a vosotros, mis lectores". La crisis no deja de ser el contexto en el que nos movemos todos, personas y negocios. No se pueden hacer las cosas "para sobrevivir a la crisis", ¿o es que acaso cuando acabe la crisis (si es que el verbo acabar tiene sentido en esta frase) vas a volver a la publicidad?

A continuación, en las últimas líneas del primer párrafo, el autor explica que el modelo está en crisis por la caída de la publicidad, así como de las ventas en los kioskos debido a la recesión económica y las nuevas tecnologías "que permiten el acceso gratuito a los contenidos". Todo es culpa de los demás. Nada que ver tienen mi estructura organizativa sobredimensionada, la baja calidad de los artículos fruto de bajos salarios a los periodistas, las altas retribuciones a la cúpula directiva, la falta de evolución del modelo periodístico para amoldarse a los cambios del nuevo siglo... La publicidad en la prensa tradicional ha caído, sí, pero a la par crece de manera exponencial en Internet, donde están los ojos de los consumidores. Las ventas en los kioskos han caído, sí, y me atrevo a afirmar que así ha sido en otros canales de venta, porque el problema no radica en el canal, sino en el formato del producto, el caduco, estático y periódico papel. La culpa es de las nuevas tecnologías (qué cliché), pero si el problema es el acceso gratuito a los contenidos, la amenaza realmente radica en los competidores que siguen otros modelos de negocio, no en la existencia de móviles y tabletas.

Después de justificarse durante el segundo párrafo con el sólido argumento "los otros también lo hacen", en el tercero el autor vuelve a culpar a las circunstancias con ideas tan manidas y demagógicas como "la cultura de la gratuidad", los ciudadanos pueden entender que la información no tiene coste ni valor, o la información de calidad es necesaria para que la democracia no se resienta. Es decir, vosotros, mis lectores, no sois capaces de ver el tremendo valor que os estoy aportando, yo, piedra angular de esta sociedad, sois unos desagradecidos.

Yo estoy muy a favor de que El País comience a cobrar por el acceso a sus contenidos. Creo que está en su derecho y que es una dirección buena de conducir su negocio, una vez que se ha demostrado que la publicidad no va a sostenerlo en este nuevo contexto. Tiene sus desventajas, siendo las más claras la pérdida de lectores y de relevancia en la red, pero bajo un modelo mixto, como el que siguen otros grandes medios permitiendo acceder a ciertos contenidos gratuitamente, parece que está funcionando.

Pero bien harían en los despachos de este periódico en plantearse si realmente todo es una consecuencia de la crisis o si realmente se trata de una evolución de la sociedad y su falta de ajuste a ella. Con la llegada de Internet, su cadena de valor se ha reestructurado (como está ocurriendo en tantos otros negocios), los competidores se han multiplicado, la información fluye por todos lados. ¿Está El País realmente aportando valor a sus clientes? ¿Tiene contenidos que ahonden en la profundidad de la noticia? ¿O es lo mismo que el lector puede encontrar en Twitter o en un blog con una redacción de 3 profesionales? El cliente que paga es más exigente, no es el mismo que entra en la web del diario para hacer una lectura en diagonal de todo lo que está sucediendo en el mundo. ¿Está preparado El País (y El Mundo y tantos otros) para este cambio?

Lo que está claro es que las editoriales del pasado no pueden competir en el presente, precisamente porque el entorno competitivo ha mutado radicalmente. Pensar que todo es culpa de los demás y que hay que cobrar para subsistir porque es lo que hacen otros es un claro camino a la perdición. Y no, afortunadamente la democracia no desaparecerá, sino todo lo contrario, igual que no lo ha hecho la música ni el cine, a pesar de que los players tradicionales así lo vaticinaban.

martes, 25 de septiembre de 2012

El pago como una solución que sólo lo es sobre la Excel

Es un tema tratado en infinidad de ocasiones pero la dicotomía entre aquellos medios que optan por cobrar sus contenidos en Internet y los que intentan hacer negocio a través de la publicidad y lo gratuito, sigue dejándonos historias interesantes.

Leo hoy que Expansión, diario económico del Grupo Recoletos, tiene planes para dejar de ofrecer sus artículos en su web de Internet, para pasar a ser únicamente de pago a través de la plataforma Orbyt. No es que consulte a diario el sitio de este medio, pero sí que en ocasiones soy referenciado a su web y el blog de telecomunicaciones que mantiene Ignacio del Castillo bajo esa cabecera es realmente interesante.

Yo me posiciono claramente en esta tensión y creo con firmeza que cobrar por ese servicio es condenarte al ostracismo y la intrascendencia. Cuando las noticias están al alcance del consumidor vía innumerables caminos, vallar tu negocio no parece una gran idea. Y menos aún con Orbyt, que no deja de ser un escaneo página por página del diario, distribuido a dispositivos digitales tipo iPad, sin entender que el medio no es el mismo, por lo que el contenido no puede estar empaquetado igual.

Para mí un ejemplo de buena práctica en este ámbito es la revista semanal británica The Economist. Primero y fundamentalmente porque no se limita a dar noticias, sino que las interpreta. Deja que el lector se entere por Twitter, el telenoticias o la página de Yahoo! de que China y Japón andan en disputas por unas islas deshabitadas, pero escriben sobre las causas, contexto y posibles consecuencias. En definitiva, aportan valor añadido. Pero además hacen una distribución digital muy interesante: su app para el iPad ofrece una serie de contenidos gratuitos, aliñados con publicidad, con opción de compra del número completo o suscripción. Aparte, en la web se pueden acceder gratuitamente a muchos más artículos, abiertos para que sea posible referenciarlos en los medios sociales y así atraer más visitas, que al final son lectores y potenciales clientes. Las consecuencias económicas son claras, les va estupendamente y ya anunciaron que en un par de años serán únicamente digitales, dejando morir su edición en papel.

Internet ha sacudido la forma en la que el mundo se informa y lo que se puede esperar de la comunicación. Las estructuras actuales de los medios están preparadas para otro tipo de entorno y están sufriendo enormemente para adaptarse, a la vez que salen continuamente nuevos competidores desde distintos frentes. Legiones de consultores echan cuentas e indican que la solución pasa por despidos y hacerse de pago, pero yo no lo creo. Se trata de un cambio de paradigma y modelo mucho más profundo. Destruir y empezar de cero, cambiar todo para que todo siga igual. Pero no hay que sorprenderse, ya lo hemos visto en otras industrias y seguiremos viéndolo en los próximos años.

domingo, 26 de agosto de 2012

El futuro que nos viene impreso en 3D

Una de las tecnologías que más va a dar que hablar, más miedos va a generar en los desinformados y más disrupción va a crear en los modelos de negocio tradicionales, es la impresión 3D.

Esta tecnología lo que permite es crear una representación física de un objeto en 3 dimensiones a partir de un plano o esquema, mediante la superposición sucesiva de capas de material, generalmente plástico. Es decir, permite replicar cosas a partir de una pieza original.

Se trata de una tecnología que está en ciernes. Como siempre ocurre en estos casos, ahora mismo es cara y se utiliza por unos pocos principalmente para el diseño industrial. Pero según avance la investigación, lo que ahora es alta tecnología irá abriéndose al público, rebajando los precios y expandiendo sus usos.

Que no son pocos: recambios de piezas de coche, construcción de casas de bajo coste en países en desarrollo, prótesis en medicina, chapas personalizadas de tu personaje favorito...

Disponiendo de una impresora 3D suficientemente buena y el modelo en el ordenador, uno podría fabricarse el objeto que quiera, como, cuando y donde lo quiera. Igual que la tecnología digital nos trajo la democratización de la creación de contenidos y su distribución (texto, audio, vídeo...), la tecnología de impresión 3D nos traerá la democratización de la fabricación de objetos. Un paso más allá hacia el fin de escasez. El problema es que esta escasez en pieza clave en el modelo capitalista actual que hace girar el mundo, por lo que la disrupción sobre el paradigma que nos guía hoy en día va a ser tremendo.

Un buen ejemplo de lo que se nos viene son estos hackers que se hicieron con una llave de unas esposas de alta seguridad. La escanearon, hicieron los modelos computacionales y comenzaron la copia física masiva de dicha llave. A partir de ese momento cualquiera tiene acceso a una de esas, ya sea a través de la distribución que hagan estos señores o, si se animan a colgar los modelos en Internet, realizando copias en la impresora 3D en casa. Es el terremoto que ha conmocionado a la industria de la música elevado a la física potencia.

Este escenario previsible trae de la mano cuestiones muy interesantes. Imaginemos una marca de coches, Seat por ejemplo, que ya no necesita tener stock de sus piezas en sus almacenes más remotos y menos demandados. Simplemente con solicitar el modelo de la pieza requerida y poner en funcionamiento la impresora 3D, cualquier demanda puede ser satisfecha en el momento. Pero, ¿qué pasará cuando esos modelos se filtren (que lo harán)? En ese momento cualquiera en su casa podrá fabricarse la pieza. Sin embargo, ¿quién garantiza que esa pieza tenga la estructura adecuada o este fabricada con el material requerido? Seat seguro que no. Es una potencial fuente de accidentes en carretera muy preocupante. Por otro lado, ¿podría Seat dejar el negocio de venta de coches y dedicarse a la venta de modelos computacionales de coches, enteros o por piezas?

El mundo ha cambiado más rápidamente en los últimos 100 años que jamás antes en la historia. Y lo que viene por delante promete ser aún más vertiginoso. La impresión 3D va a cambiar muchas cosas, grandes entidades caerán peleando, protestando y demandando, mientras que otras apostarán por esta ola y se subirán a ella. Yo desde luego veo un futuro que pasa por aquí y no dudaría en invertir en quien se anime a subirse a la ola.

domingo, 22 de enero de 2012

Lo de Megaupload se veía venir

Mucho se ha escrito en los últimos días sobre el cierre de Megaupload esta semana y resulta difícil aportar algo diferente, pero voy a intentar explicar mi visión del asunto.

Según yo esto se veía venir. Por mucho que Megaupload viviese en la alegalidad rozando la ilegalidad, un sistema basado en almacenar y reproducir contenidos cobrando por publicidad y cuentas premium tenía su tiempo contado.

Su gran problema fue hacerse demasiado famoso: muchas otras páginas, como SeriesYonkis, tiraban de ellos; ya no se trataba de un pequeño segmento de la población que lo usaba, sino que había traspasado la barrera que separa al común de la gente, que ya conocía y usaba Megaupload con naturalidad. El éxito y la ostentación fueron su pecado (irónicamente hechos reales en las carnes de su creador).

Megaupload no es lo mismo que las redes P2P, creo que conviene aclararlo. Principalmente porque estas últimas son redes distribuidas, donde cada nodo comparte con otros tantos, pero el fichero "no está" realmente en ningún sitio fijo. Megaupload tenía grandes servidores que almacenaban los contenidos.

He leído argumentos a favor de Megaupload, diciendo que no es culpa de la herramienta lo que los usuarios hacen con ella. En mi opinión esto no aplica exactamente en este caso. Megaupload no creó una herramienta de almacenamiento y la dejó al servicio de los usuarios sin más. Por el contrario, fomentaba el uso que finalmente se le dio, lucrándose claramente con él. La venta de cuentas premium estaba muy dirigida a la descarga masiva de contenido; hubo un tiempo que pagaban a los usuarios que más ficheros subiesen que luego acumulasen más descargas; los ficheros que no eran descargados asiduamente, se eliminaban a los 3 meses, haciendo una opción poco interesante para ficheros personales. En todo caso, la línea de separación entre herramienta y modelo de negocio alrededor de ella es difusa.

No creo que nadie realmente piense que con el cierre de Megaupload la gente se vaya a agolpar a las puertas del FNAC para comprar DVDs. Pero qué duda cabe que se hace un poco más engorrosa la búsqueda de contenidos en Internet, eliminando una de las alternativas más comunes, y agrega una preocupación a los dueños de otras soluciones similares, que verán la sombra del FBI un poco más alargada.

El mayor problema que yo percibo es cómo deja esta situación a empresas como Dropbox o Amazon, que venden espacio de almacenamiento virtual, si mañana el FBI les puede cerrar porque un usuario se dedica a compartir películas a través de ellos. ¿Y qué seguridad da eso a potenciales clientes, que tienen que decidir si les confían sus archivos o los siguen manteniendo en local? Es una situación complicada, y si bien no creo que estas compañías vayan a tener realmente problemas siempre y cuando tengan medios de control de lo albergado, la duda queda pendiente en el aire.

En consecuencia otro aspecto que queda muy tocado es la privacidad. Si Dropbox va a tener que vigilar qué archivos subo yo a mi cuenta, ¿dónde queda el derecho a la intimidad? ¿Por qué tienen que comprobar los vídeos de mis vacaciones para asegurarse de que no es Piratas del Caribe 4?

Lo que está claro es que la demanda por el acceso a los contenidos a través de Internet existe. Y precisamente el caso de Megaupload desmonta la falacia de que la gente lo quiere todo gratis. Muchos pagaban por cuentas Premium y seguirán dispuestos a ello. Así que, señores de la industria, menos preocuparse por erradicar el mercado negro y dedíquense a ofrecer lo que la gente quiere. Al principio canibalizará su modelo actual, pero a futuro será la base de su negocio.

martes, 1 de noviembre de 2011

Low cost, low service

Hace poco me crucé con este documental sobre Ryanair y su forma de hacer negocio low-cost en el mundo de las aerolíneas. Me gustó mucho. Si bien es antiguo, del 2003 creo, me imagino que los irlandeses habrán cambiado algunas formas de actuar, aunque en mi experiencia la filosofía de fondo permanece.



De hecho, unos días atrás leí esta noticia en el mundo, según la cual la aerolínea selló con cinta aislante una ventanilla antes de partir (!!??). Obviamente, la cinta se soltó al poco de comenzar el vuelo y tuvieron que volver al aeropuerto.

Si uno busca en Internet opiniones acerca de Ryanair, o incluso en los mismos comentarios del post en los que se aloja el documental, mucha gente cuenta como a ellos nos les ha ido mal con esta aerolínea: pagan precios muy reducidos y obtienen un servicio muy ajustado, pero que les vale. Les parece justo. Ahora bien, hay otros comentarios en los que se cuentan experiencias desagradables y, en algunos casos, espeluznantes.

Traigo a colación este tema porque se trata de una situación que se da en la mayoría de los negocios low-cost que nos rodean, incluido el de la telefonía. Se ofrece el servicio mínimo, "desnudo", a un precio extremadamente barato. En la búsqueda por reducir costes que le permitan alcanzar estos niveles, estas compañías recortan recursos principalmente de la gestión de excepciones e incidencias.

En el 80-90% de los casos todo va bien, no hay ningún problema en la provisión y el cliente no nota nada más allá de no contar con derechos a los que uno se había acostumbrado con proveedores anteriores. Ahora bien, el problema viene en las excepciones. Ahí es cuando uno puede lamentar haber elegido este tipo de servicios.

Cuando uno elige low-cost (en la mayoría de los casos, excepciones siempre hay), no está renunciando a recibir un servicio correcto. Esta renunciando al soporte a las excepciones. En servicios como el teléfono, uno puede llevarse unos cuantos dolores de cabeza y pérdidas de tiempo llamando a servicios de atención al cliente. Pero cuando uno se juega algo más, como en el caso de los viajes en avión, deberíamos pensar más detenidamente si realmente queremos pagar lo mínimo.

martes, 10 de mayo de 2011

Pop

Cuando he leído la noticia, por mi mente han empezado a desfilar rápidas las primeras frases que deberían ir en este post. Desafortunadamente (o no, nunca lo sabremos), ahora me enfrento al teclado y se me han olvidado, así que comentaré la idea que tenía, según salga de las yemas de mis dedos.

Y es que la revista Súperpop ha publicado su último número. Una víctima más de Internet y los nuevos hábitos de los estratos más jóvenes de nuestra sociedad. La revista tuvo su momento álgido hará unos 15 años, durante los años de mi pre-adolescencia. O al menos así lo recuerdo, quizá la generación 2 lustros posterior piensa lo mismo.

Se trataba de un contenido claramente orientado a las chicas, basado principalmente en los ídolos del momento, pero cuyo mayor morbo (aunque aún no supiésemos qué significaba esa palabra) eran los temas sexuales que se trataban. Sin llegar a ser lo suficientemente fuertes como para ser considerados inaceptables, aunque seguramente sí inapropiados, llamaban la atención de niñas que querían sentirse mayores.

La revista, o mejor dicho, la marca, no desaparece, sino que continuará con su labor de divertimento y educación (?) a través de Internet. Y la verdad es que me sorprende que a día de hoy se siguiesen encontrando ejemplares en los kioskos, teniendo una juventud totalmente enfrascada en las pantallas de sus Blackberries y Tuentis. De hecho, para una marca como Súperpop tiene mucho más sentido convertirse en un punto de reunión social, con una conversación multidireccional e interactividad, que ser un simple número de páginas con noticias y cartas de los lectores.

Esta es una publicación más que no volverá a la calle, pero no es la primera ni será la última. El creador de contenido debe seguir a sus consumidores, y una generación ya no está en la calle, sino en las pantallas. Es el símbolo de comienzo, que como una ola irá barriendo años y, con ellos, publicaciones, que deberán ir cambiando su formato según va variando su mix de lectores.

Desde aquí quería rendir tributo a esta revista que tiene el logro de, sin haberla leído ni comprado una sola vez, y con una opinión pésima de ella, guarda un rincón en mi memoria de los años púberes. Hoy muere Súperpop. Hoy renace Súperpop, para temor de todos los padres.

martes, 26 de abril de 2011

El valor de la noticia

Me gusta mucho leer los posts que escribe Martin Varsavsky en su blog. No siempre estoy de acuerdo con su visión, pero en general es una persona que aporta su propia opinión de una manera argumentada y creo que leerle aporta a la discusión. Este es precisamente uno de los casos en los que discrepo de sus palabras.

Martin comenta en uno de sus últimos posts que en una cena con el dueño del periódico alemán Bild estuvieron comentando el nublado horizonte de la prensa, llegando a la conclusión de que uno de sus principales obstáculos es que la gente se ha educado en la creencia de que todo lo que se consume a través de una pantalla de ordenador debe ser gratis. Así, los dueños de los periódicos, aunque pongan sus contenidos online, no ganan lo suficiente a través de la publicidad como para cubrir los costes. Por otro lado, la gente sí estaría dispuesta a gastarse el dinero en aplicaciones para smartphones y contenidos para videoconsolas.

Yo no estoy de acuerdo. No creo que el problema sea que la gente piense que no debe pagar por recibir contenido en la pantalla de su ordenador. La cuestión radica más bien en el tándem contenido más servicio como modelo de negocio.

La mera noticia como contenido no tiene mayor valor. Cualquier puede darla. Lo que tiene valor es el servicio de difusión de esa noticia, y la forma de contarla. Los periódicos eran un gran servicio hace 10 años, acumulando noticias, imprimiéndolas y distribuyéndolas hasta los más recónditos vecindarios. Hoy en día, con Internet en tantas pantallas de ordenador, se ha convertido en un modelo de servicio obsoleto.

La gente no va a pagar por tener las noticias en su ordenador, ni en la pantalla de su móvil, ni en la videoconsola. No va a pagar, porque es un contenido tan abundante e indiferenciable que su valor para el consumidor tiende a cero.

Lo que sí que tiene valor es una visión, disección y digestión de la noticia por un ojo experto, o la opinión de una mente ágil y despierta. Ese valor añadido sobre la noticia sí que puede conllevar un precio, que se pagará sobre papel, pantalla de ordenador o televisión.

La gente paga por las aplicaciones de smartphone por el servicio que aportan, el cual puede ser presentar el contenido de una manera más adecuada y atractiva que la que puede aportar un navegador. El contenido es el mismo, sí, pero el servicio no. Otra manera de cobrar un precio por la noticia.

Aún así, siempre habrá gente que no estará dispuesta a pagar y siempre buscará el camino alternativo, mientras que otros abrazarán la sencillez con las tapas de cartera. Es cuestión de saber quién es tu público y cómo darles lo que quieren en base a un modelo de negocio sostenible. Mucho más fácil de escribir que de hacer.

miércoles, 13 de abril de 2011

Koomic, para leer tebeos

Interesante descubrimiento el de esta semana. Como ya he comentado alguna vez, disfruto mucho leyendo cómics, americanos, españoles, europeos (entiéndase, fuera de nuestras fronteras, casi todo francobelga), japoneses... Y la combinación con el mundo digital para mi era algo que tenía que llegar más pronto que tarde.

Koomic viene a ocupar el vacante puesto de distribuidor del cómic (o tebeo, como decíamos en mi niñez) digital en nuestro país. Como librería especializada en este sector, permite la compra y lectura de cómics, en la web, en el escritorio, en el móvil y, la que es sin duda mi favorita, en tableta. Si bien de momento sólo tiene aplicaciones para iPhone y iPad, parece ser que la versión de Android está en camino.

La experiencia de compra es sencilla y los precios, aunque podrían ser más bajos, disminuyen los que traen la versión en papel. La experiencia social dentro de la web está cuidada y la versión para iPad, que es la que realmente he probado, satisface la necesidad.

De momento el catálogo disponible es bastante escaso y únicamente de cómic español de editoriales pequeñitas. Sería muy interesante que consiguiesen el apoyo de Panini o Planeta, aunque supongo que estas estarán más interesadas en montar su propio chiringo. Por otro lado, entiendo que también tendrán grandes dificultades para conseguir la distribución de mastodontes como Marvel y DC, por lo que me pregunto si les dará con el resto del mercado que les queda, mucho menos demandado. España tiene mucho fondo de armario de cómics, en la mayoría de las ocasiones descatalogado e imposible de encontrar en librerías especializadas. Quizá este deba ser su nicho de mercado, donde creo yo que sí que podrían hacer negocio.

Al final nos encontramos con la misma situación que está sucediendo en otras industrias en proceso de digitalización. ¿Tiene sentido que sea el propio productor el que se haga su distribución? Ahí tenemos a Marvel y DC con sus propias tiendas digitales, desarrollando una estrategia centrada en la marca. ¿O el distribuidor, cerrado a su propia distribución? ¿O replicamos el modelo de tienda como punto de encuentro entre lectores y productores? Cada uno con sus ventajas y desventajas para cada uno de los contendientes, puede que la solución sea la coexistencia de todos estos modelos.

Yo por mi parte me alegro de que salgan iniciativas como Koomic. Si siguen desarrollando su catálogo y manteniendo precios lógicos, pueden contar conmigo como cliente. De hecho, me ha servido para conseguir algún cómic de Cels Piñol que la Fnac no me lograba traer. Y en mi investigación me ha valido también para descubrir ComiXology, otra tienda digital americana que tampoco conocía, y que también promete. ¡Larga vida al cómic (digital)!

miércoles, 23 de marzo de 2011

Los periódicos sufren los clasificados

Hoy traigo 2 gráficos bastante significativos, que refuerzan una misma idea. El primero de ellos, lo vi en el blog de Ángel Jiménez:


Y el segundo, en el Twitter de Julio Alonso:


Como digo, la idea que transmiten en la misma. Uno de los grandes agujeros que se han ensanchado en el traje de los periódicos es la continua pérdida de los ingresos por los anuncios clasificados.

En el primer gráfico, de las Newspaper Association of America, podemos ver cómo los ingresos por publicidad online no han crecido mucho desde su aparición (sorpresa), cómo los anuncios impresos han caído en un 30% y cómo, finalmente, los clasificados se han dado el gran batacazo.

El segundo gráfico, con origen en un sitio llamado TheLadders.com, muestra una caída del 92% en 10 años para este mismo tipo de anuncio.

Y es que el soporte que ofertaba el periódico fue durante mucho tiempo el tablón de anuncios ideal para casi todos nosotros. Gran base potencial de ojos, segmentados hasta cierto punto, periodicidad regular, gran distribución, coste barato y flexible a las necesidades... Hasta que llegó Internet y revolucionó otra pequeña parte de nuestra vida, ofreciendo una plataforma para clasificados con muchas más ventajas y capacidad.

Una vez más, los periódicos no supieron o no pudieron verlo y hoy pagan las consecuencias. Su modelo de negocio sufre. Y no sólo por el cambio de concepto de lo que debe ser un diario de noticias impreso, sino porque lo que llegó a ser casi la mitad de su fuente de ingresos, hoy se ha visto reducida a un pequeño riachuelo.

Da qué pensar. Sobre todo de cara al futuro de estos diarios y lo caro que resulta no saber adelantarse y adaptarse a los cambios en el contexto en el que uno se mueve.

miércoles, 2 de marzo de 2011

La flexibilidad de la cadena

Hoy han sido varios los blogs que se ha hecho eco de la escritora Amanda Hocking, la autora independiente que más ha vendido en Amazon. Es decir, sin ayuda de ninguna editorial, autopublicándose a través de Kindle, está vendiendo unas 100.000 copias al mes entre los 9 libros que tiene escritos hasta la fecha.

Los precios van de los 99 centavos hasta los 3 dólares, quedándose ella con el 70% de lo ganado y Amazon con el 30% restante. No son malos números, que para sí quisieran muchos de otros autores del círculo tradicional.

Enseguida Internet se ha hecho eco de las bonanzas de la distribución digital y de la obsolescencia de las editoriales. Pero yo no creo que sea así. Tendemos a ver a estos intermediarios como cuellos de botella que se apropian de gran parte del valor generado por los contenidos, pero no vemos el valor que ellos mismos introducen en la cadena.

Hablamos principalmente de marketing (promoción tanto del libro como del autor) y "encauzamiento" del escritor (sin olvidarnos de la traducción), que si bien pueden erosionar la cara más artística de la obra, pueden ayudar a conferirle un carácter más comercial que ayuda a las ventas. Para ello deberán seguir siendo cuellos de botella que seleccionen lo que crean más conveniente, aunque previsiblemente perderán su función distribuidora y deberán transformar la forma de llevar a cabo otras tareas.

Lo realmente positivo de una noticia como esta no es confirmar que se puede vivir sin editorial, sino que ambos caminos son posibles. Un autor puede querer eliminar toda la cadena de valor hasta el cliente final, siendo el mismo el que realice la distribución; o puede preferir usar una plataforma como Kindle para llegar a los lectores; o puede introducir una editorial que le ayude a promocionarse en el extranjero. Libertad de elección, al gusto del creador.

La flexibilidad de la cadena de valor es lo que realmente saco yo de esta noticia.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

En perspectiva...

Para mí Spotify cambió la forma en que escucho música. Igual que me cambió cuando compré mi primer iPod y empecé a usar el iTunes hace ya 4 años. Con una biblioteca musical inmensa bajo las yemas de mis dedos, mis auriculares están sonando siempre al ritmo de los temas que me acompañan en el trabajo, en el coche o en el metro, rara vez repitiendo melodía. ¿Qué escucho por ahí una canción que me gusta? Rápidamente la busco en Spotify y la añado a mi lista de reproducción.

Para mí el modelo de servicio de Spotify indica el camino que deben de seguir los contenidos. Ya no son productos individuales, que compras de uno en uno o agrupados en CDs, sino que se ofrecen en forma de servicio de entretenimiento o información, a cambio de un precio razonable.

Sin embargo hoy leo que Spotify ha perdido más de 19 millones de dólares en 2009 y no puedo evitar un temblor que me recorre la espalda. ¿Realmente conseguirán las discográficas matar su única esperanza de futuro? ¿Conseguirán perpetuar un modelo de negocio caduco frente a uno innovador?

Se estima que el servicio tiene 10 millones de usuarios, 500.000 de ellos de pago. Eso es un 5%, que no parece suficiente para correr con todos los gastos que genera la compañía. Sin embargo, aún queda esperanza. Estamos ante un modelo de negocio claramente condicionado por el hito de superación de la barrera del número crítico de usuarios. Por cada nuevo consumidor de música, el coste aumenta de manera despreciable, pero si uno de cada 20 paga, al final muchos deberían sumar para cuadrar las cuentas.

Esperemos que así sea y que este se demuestre como un negocio viable. No querría volver a los tiempos de buscar en mp3 las canciones que me gustan. Y mucho menos volver aún más atrás y ni siquiera descubrir nuevos grupos o temas por no tener acceso a ellos.

El negocio es el servicio.


Editado: Corrijo el link a la lista de reproducción del Spotify, ¡que no funcionaba!

jueves, 4 de noviembre de 2010

Nokia y Apple, extremos opuestos


A pesar de que aún no consigo subir fotos al blog con una calidad decente, creo que en el gráfico anterior, sacado del Twitter de Ángel Jiménez, se puede vislumbrar lo suficiente como para apreciar el mensaje. Baste decir que la barra azul oscuro es Apple y la azul clarito, Nokia. El eje de las X's representa el número de terminales vendidos (desconozco en qué marco temporal) y el de las Y's, el beneficio por terminal. Es decir, cuando más ancha sea la barra, más vende el fabricante; cuanto más alta, más beneficio por terminal. ¿Cuál de las 2 tiene mayor área?

La estadísticas indican que Nokia vende más terminales que nadie a lo largo y ancho del mundo. Su estrategia se basa en cubrir la mayor cantidad posible de segmentos del mercado y para cada uno de ellos tiene un tipo de teléfono preparado. La cuestión es que el margen medio que obtiene por cada teléfono vendido no es demasiado alto.

Por otro lado tenemos a Apple, que vende una pequeña parte de lo que su competidor, pero que consigue un gran beneficio por cada unidad. Su mercado está cubierto por un único terminal premium, con 3 simples variantes, que ataca directamente a un tipo de consumidor con poder adquisitivo medio-alto. La compañía americana no vende sólo el terminal, sino que también toda la experiencia de alrededor, mientras que los finlandeses se acercan peligrosamente a la categoría de commodity en algunos de sus modelos.

Una ventaja clave de este segundo modelo frente al primero es que mientras Nokia tiene que vender terminales continuamente a nuevos clientes o renovar el teléfono a clientes que ya tienen uno de la marca, Apple puede vender más y diferentes productos y servicios, pertenecientes al mismo ecosistema, a clientes satisfechos que tienen dinero para gastarse en aquellos.

El hecho de que Nokia se expanda tanto le permite cubrir segmentos ignorados por otros fabricantes, como es el caso de los países emergentes, donde tiene una fuerte presencia. Esta táctica les permite no sólo vender muchos teléfonos hoy, sino que fideliza a una gran número de clientes que presumiblemente el día de mañana tendrá una mejor posición económica y gastará más.

Además, Nokia no depende de un único segmento como fuente de ingresos lo que le permite diversificar mucho más el riesgo. Pero por otro lado, eso hace que la empresa tenga que dedicar muchos recursos a desarrollar negocio para todos esos nichos. Mientras tanto, Apple sólo se preocupa de contentar a un tipo de cliente, arriesgando mucho, pero pudiéndole dedicar toda su atención.

Nokia y Apple ocupan extremos opuestos de una forma de acercarse al negocio de los terminales móviles. Ahora mismo parece que la empresa de la manzana lleva la ventaja, pero hasta hace pocos meses era Nokia quien lideraba todos los rankings del sector. Los finlandeses tuvieron la fórmula acertada cuando los terminales eran un negocio inmaduro (como ocurre ahora en los países emergentes) y los clientes compraban los móviles que necesitaban. Ahora compran los móviles que quieren y Apple ha sabido dárselos.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Amazon no cobrará gastos de envío

Mientras esperamos la llegada de Amazon a España, muchas veces rumoreada y puede que acelerada con la compra de BuyVip, este puente nos ha traído una gran noticia a todos aquellos que disfrutamos comprando en la famosa tienda online. Amazon UK ha anunciado envíos gratis a 16 países europeos, entre los que (afortunadamente) se encuentra España (pedido mínimo de 25 libras). Se trata de países en los que no tiene presencia local, haciendo de su base en Reino Unido su centro de operaciones para el continente.

La cercanía de la campaña de Navidad hace que los grandes centros comerciales, tanto físicos como virtuales, empiecen a tomar posiciones para convertirse en la elección de los Reyes Magos. Con esta iniciativa, Amazon se asegura convertir el comercio electrónico en una opción más competitiva, ya que elimina una de las grandes barreras para la adopción como eran los gastos de envío. No es el primero que lo hace (de hecho hace tiempo que encuentro mejores precios finales en play.com que en Amazon), pero cuando el líder da el paso, poco queda para que los demás hayan de seguir el camino.

Personalmente yo me alegro mucho de este tipo de avances. No sólo por el evidente beneficio económico para los clientes, sino porque creo que una Europa más unida y globalizada para competir en el mercado mundial. Juntos como continente somos más que la suma de los países, y un claro ejemplo de ello es el mercado que se le abre a una tienda online, las eficiencias encontradas, cuando no tiene que tratar con países deslocalizados sino con un único mercado común. Espero que uno de los próximos pasos sea poder encontrar de todo en todos los países, sin discriminación de frontera, aunque no creo que lo vayamos a ver a corto plazo...

viernes, 1 de octubre de 2010

Subvencionando el pasado para que sea presente

Asombrado me quedo cuando leo que un comité de toreros acudió ayer a comer con la señora ministra de cultura. Más asombrado aún cuando leo sus intenciones: traspasar el toreo de la competencia del Ministerio de Interior al de Cultura.

Y es que parece ser que bajo el paraguas de la cultura tiene cabida todo aquel negocio que no es rentable en nuestro país, pero que tiene apoyos en el Gobierno. El cine pide subvenciones para estrenar películas que verán 4 gatos en las salas (y ni siquiera descargará nadie). La música lucha para mantener vivo un modelo de negocio caduco, que beneficia de forma exagerada a los intermediarios. El mundo editorial ya lucha por lo mismo, poniendo frenos a la llegada de un libro digital contra el que no saben competir (sin entender que no hay competencia posible, sino convivencia y cooperación).

Ahora ha llegado el turno de los toreros, que ven como su forma de ganar dinero (la tortura animal, escudada bajo el retorcido manto de la cultura) empieza a peligrar. Esta vez no se trata de competencia, sino de la evolución de la propia sociedad, que lentamente va dando su espalda a tan terrible espectáculo. Pero da igual, todas las causas perdidas tienen su hueco bajo el Ministerio de Cultura, refugio de caraduras e inmovilistas. Si el Ministerio de Interior no nos protege lo suficiente, seguro que allí sí que lo hacen. No al cambio, viva el status quo.

Con esta denuncia no quiero que se entienda que estoy en contra absoluta de las subvenciones a la cultura. No, pero abomino el dispendio bochornoso que se está haciendo actualmente. Hay que definir muy claramente qué se apoya, impulsando a los verdaderos artistas de nuestro país y dejando de lado a los auténticos sinvergüenzas.

Toda costumbre pasada, presente y futura es cultura, pero no hay que tener miedo a ir dejando atrás todo aquello que vamos entendiendo que ya no nos representa. Y, desde luego, no es necesario subvencionar todo aquello que se pudiera considerar cultural. Independientemente de que los tiempos económicos sean buenos o malos.

Quisiera acabar con una apreciación relacionada a este tema. Al final de la columna de Tercera Opinión de esta semana (blog de lectura recomendadísima) se hace un llamamiento a los lectores para que voten a un tercer partido político en cualquier próxima elección, que no sea ni el PP ni el PSOE. No puedo menos que secundar la petición, visto el percal del Ministerio de Cultura y tantos otros. Porque un cambio es posible (y necesario).

domingo, 26 de septiembre de 2010

¿Y si RIM lanzara una tableta BlackBerry?

Nuevo artículo en analítico.es, comentando el enfoque que RIM debería dar si realmente quieren lanzar un dispositivo tipo tableta, y alguna reflexión sobre Apple: ¿Y si RIM lanzara una tableta BlackBerry?

lunes, 20 de septiembre de 2010

Cayendo por su propio peso

El otro día hablaba con un amigo y reflexionaba acerca de cómo apenas ya veo la televisión. Por lo menos en su manera tradicional. Excepto por algún partido de fútbol que emitan en abierto y contadas ocasiones que la pongo como ruido de fondo, para mí la televisión ha pasado a ser una pasado a ser una pantalla más. Una pantalla que compite con la del ordenador, la del iPad e incluso la del móvil, como interfaces para consumir contenidos, cada una de ellas con sus ventajas e inconvenientes. Un momento para cada pantalla.

Desgraciadamente, en España las cadenas y distribuidoras no nos permiten disfrutar de todos los contenidos que nos gustarían y llevamos bastante retraso en cuanto a opciones con respecto a otros países de nuestro alrededor. Diversos son los motivos, pero no quiero entrar en ellos ahora. Me gustaría más enfocarme en los pasos que se dan hacia delante.

Movistar ha lanzado este mes su servicio Videoclub, para el acceso (mal llamado alquiler) online a contenidos como películas, capítulos de series, documentales y conciertos musicales. Hasta ahora este servicio de Vídeo Bajo Demanda sólo estaba disponible para los abonados a Imagenio, pero desde hace unos días se puede comprar un dispositivo (sí, otra caja para al lado de la tele) que lo pone al alcance de cualquier cliente de línea fija de Movistar. Una idea que a me parece muy buena, ya que abre el abanico de clientes potenciales, sin restringirlo únicamente a los que pagan por el paquete Trío completo.

Sin embargo, lo realmente notable me llegó a través del Twitter de la operadora, desde donde me enteré de que la oferta es aún más atractiva, ya que se podrán ver los capítulos de la nueva serie The Event, que empieza mañana, justo después de su emisión original. Si bien hay que coger con sumo cuidad esta noticia y saber qué entienden en Movistar por "justo después", la verdad es que a priori es una buena nueva. The Event es una de las series de esta temporada que más expectación está levantando y que sin duda alguna más descargas va a generar en la Red en la madrugada del martes. Ofrecer ese contenido, con subtítulos, directo al televisor, dentro de un margen de tiempo razonable, es la clase de valor añadido (entiéndase comodidad) por la que yo, y creo que mucha gente más, estaríamos dispuestos a pagar. Y todo ello sin tener que abonar la cuota de Imagenio que me da acceso a tropocientos canales que nunca sintonizaré.

No sé si este post me ha quedado de manera que parece un publireportaje. No era mi intención, pero sí que me gusta celebrar cuando veo que las cosas van hacia donde tienen que ir. El futuro está más o menos nítido. Y poco a poco nos vamos acercando a él.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

No creo que vaya a haber un futuro para la neutralidad de la red

La neutralidad de la Red está condenada.

Duele decirlo y suena duro, pero los últimos acontecimientos no hacen sino reforzar en mi cabeza la idea de que esto va camino de cambiar. Si el cambio es bueno o malo, y para quién, sólo lo dirá el tiempo. Pero a priori no parece que ese escenario futuro que se nos plantea sea mejor que la situación actual.

Hace poco desde Telefónica se dejaba caer que a lo mejor era momento de cambiar el modelo de negocio de Internet para empezar a cobrar más a los que más uso hagan de las infraestructuras. Causó mucho revuelo, pero las quejas amainaron. Tan sólo para sacar a la luz, pocos días después, un proyecto de acuerdo entre las operadoras para pagar a Telefónica por el acceso mayorista (es decir, por usar su red que, recordemos, fue en su mayoría desplegada con nuestros impuestos) en función del tráfico consumido por el usuario final, en vez de por velocidad, como se venía haciendo hasta ahora.

Tengo verdadera curiosidad por saber cómo habrá sido la negociación entre las operadoras españolas para llegar a este acuerdo. A no ser que Telefónica les vaya a rebajar mucho el precio base mayorista (aún no se saben los números finales, pero no es fácil, ya que la CMT trata de mantenerlo a un bajo nivel), se me escapa cómo pueden aceptar ser cobrados por tráfico generado, limitando sus posibilidades de ofrecer tarifas planas atractivas a sus clientes. Cierto es que se trata del acceso indirecto, que sólo es usado en poblaciones fuera de los núcleos urbanos, pero aún así se trata de un cambio que difícilmente no tendrá repercusión en las facturas de los clientes finales. ¿Empezarán las operadoras a rechazar clientes por ser potencialmente grandes consumidores de tráfico?

En el caso de que se empezase a cobrar por intensidad de tráfico, no son únicamente las personas de a pie las que salen perjudicadas, que lo peor que pueden ver es como su factura se eleva. La peor parte se la llevan empresas como Google o Amazon, proveedores intensivos de contenidos, cuyo modelo de negocio está basado en generar tráfico, que ahora serán facturados por sus megas de información emitidos. No es sólo que las operadoras se beneficiarían de unos mayores ingresos, sino que tendrían más fácil entrar en el negocio como proveedores de contenidos (uno de los grandes intereses de Telefónica). Al fin y al cabo, ¿a quién le vas a cobrar más barato el mega que a ti mismo?

Además, la propuesta también plantea la opción de ofertar tres niveles de calidad de servicio, entiéndase, prioridad del tráfico en la red: una para servicios avanzados, otro para empresas y un último, peor y más barato, para particulares. Adiós a la neutralidad de la Red.

Si bien esta propuesta aún tiene que ser aprobada por la CMT, la verdad es que tiene toda la pinta de que va a dar su visto bueno, cambiando Internet en España, posiblemente para siempre. Según una acertada comparación que he leído, se impone el modelo Tony Soprano, donde las empresas de Internet tendrán que pagar para que sus servicios lleguen más y mejor a más clientes; y los usuarios a su vez tendrán que pagar para acceder más rápido y con mejor calidad a Internet.

Se trata del dilema del prisionero, sobre todo para las empresas. Si nadie puede hacer afectar a la prioridad del tráfico, son recursos que se pueden dedicar a otro menesteres. Pero en el momento en que tu competencia se empieza a gastar el dinero para ofrecer un mejor servicio, no queda más remedio que poner dinero tú también para ponerte al mismo nivel. ¿Las ganadoras? Efectivamente, las operadoras.

Telefónica es una empresa y, como tal, su fin último es ganar dinero. En un mercado con régimen de libre de competencia como el que nos rodea, la compañía es (como su nombre indica) libre de poner los precios que quiera, ofrecer tarifas planas, cobrar por mega o por si ese día hace sol. Nosotros, como consumidores, seremos libres entonces también para elegir entre esa u otra operadora, buscando siempre la que más nos convenga. Por ello creo que el fin de las tarifas ilimitadas (que no planas) en las líneas fijas está próximo (como ha ocurrido recientemente en UK con O2), por mucho que nos contraríe a nosotros o a las empresas que tengan el acceso a la Red como pieza central de sus operaciones. De hecho, no pienso que este cambio vaya a suponer una alta subida en nuestras facturas, precisamente por la competencia existente. Más bien me parece un movimiento para penalizar a los usuarios muy intensivos (un pequeño porcentaje de gente que se pasa el día generando ingentes cantidades de tráfico), pero, sobre todo, para poder cobrar más a empresas como Google y hacerse con un trozo de su pastel, que es lo que llevan pretendiendo desde hace ya tiempo. No es una cuestión de si nos gusta o no, sino de cómo nos vamos a amoldar a este nuevo escenario.

Otra cosa distinta es la neutralidad de la red, que aboga por tratar de igual manera todos los bits. Una neutralidad que es necesaria para que Internet siga siendo esa poderosa herramienta de acceso a la información, donde todo el mundo tiene un mismo nivel de voz. Sin embargo, intenciones como el establecimiento de niveles de servicio echarían abajo este modelo, generando autopistas de diferentes velocidades para uso de quien se las pueda costear. Un nuevo escenario que favorece mucho a las operadoras y empresas con capital, pero con un alto coste para la sociedad en general. Sin embargo, vivimos en un mundo donde el capitalismo gobierna. Y si bien era hace siglos la Iglesia la que construía grandes edificaciones y cortaba el bacalao, ahora el mundo baila al son de los billetes de dólar, mientras se construyen imponentes rascacielos de cristal. Con esta premisa resulta fácil entender que al final se hará lo que las operadoras quieran. Chile ya ha regulado por ley la neutralidad de la red es su país y esa parece la única manera de evitar que las operadoras den el paso. Una pena, porque en Europa parece que lo van a dar.

Por cierto, no confundir la neutralidad de la red con la gestión de la misma, técnicas que aplican los operadores a la hora de ofrecer su servicio para garantizar un mínimo de calidad. Un ejemplo claro es aquella persona que tiene IPTV y a la vez navega por Internet, situación en la que el operador trata de garantizar un cierto caudal para que la televisión se vea con una imagen de calidad. No obstante, y como bien explica este recomendable artículo de la CMT, en estos casos se suele aplicar el principio de transparencia y las operadoras dejan bien claro cuáles son sus actuaciones en estos casos.

Mal futuro auguro yo a la neutralidad de la Red.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Sobre Tuenti OMV y operadoras

2 nuevos artículos publicados en analítico.es, uno mío sobre la posibilidad de que Telefónica saque una OMV bajo la marca Tuenti, y otro de Antonio, sobre la polémica que enreda a operadoras, infraestructuras y modelos de negocio. Que los disfrutéis durante el finde :-)