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jueves, 16 de diciembre de 2010

Wikileaks y el descubrimiento de que la Red es propietaria

A no ser que hayáis vivido en un caparazón en los últimos 15 días o que sólo os informéis a través de los medios "tradicionales" (televisión y periódicos), conoceréis el revuelo que se ha montado con las filtraciones realizadas por Wikileaks y la persecución que se está llevando a cabo sobre Julian Assange.

Lo que estamos viendo estos días no es nada nuevo. Siempre han habido filtraciones y represiones, en todos los momentos de la historia. Pero en un mundo globalizado como el que habitamos, toda información tiene una exposición máxima y los participantes ya no son locales, sino que las líneas de tensión se trazan alrededor de todo el globo.

Internet ha cambiado todas las facetas de nuestra sociedad, y la política no iba a ser una excepción. Como tampoco lo es la reacción de los gobiernos, que están tratando de hacer lo que venían haciendo hasta ahora cuando alguien se salía del tiesto y amenazaba su "zona de confort": silenciar. Igual que las industrias amenazadas por el cambio en su modelo de negocio (véanse las discográficas para un ejemplo claro y concreto), lo gobiernos se rebelan contra la posibilidad de tener que cambiar su actual forma de hacer las cosas, actuando a su antojo confiando en el desconocimiento del pueblo.

Para ello, lo primero ha sido poner cara al enemigo, en este caso Julian Assange. Convencer a la opinión pública de que Wikileaks es malo resulta muy complicado, ya que la mayor parte no sabe lo que es, ni lo entiende realmente. Es más fácil acusar a un editor de la organización por unos cargos de índole sexual bastante débiles (que se llegaron a retirar, pero misteriosamente se han vuelto a reabrir), y violar las reglas de la lógica para concluir que una persona así sólo podría dar a a luz a una página dañina para la sociedad. La última es que quieren ir a por él bajo cargos de espionaje, con eso está todo dicho de hasta donde está llegando el esperpento.

No nos engañemos. Detrás del rocambolesco encarcelamiento de Assange se encuentra EEUU (igual que detrás de nuestra Ley Sinde), y si no hubiesen sido esos cargos, hubiesen sido otros como llevar a un perro sin correa o cualquier otro absurdo. Lo que realmente me resulta escandaloso no es esto, que era una actitud que se podía esperar, sino la pasividad de los medios, que asisten contemplativos, sin denunciar esta situación, sangrante para la democracia mundial.

Sin embargo, las acciones del Gobierno de los EEUU no terminan ahí, sino que ha aprovechado que la mayoría de las compañías líderes en Internet son estadounidenses para presionarlas a que retiren sus servicios a Wikileaks. Así, Amazon, Mastercard, Visa, EveryDNS y Paypal le fueron retirando sus cuentas, lo que ha sido devuelto en forma de ataques (más o menos cargados de razón) contra sus webs, haciéndoles perder unos cuantos miles de dólares. Pero los tentáculos americanos son muy largos, y las presiones han traspasado fronteras hasta llegar a límites que nunca hubiese sospechado, como cerrar a Wikileaks su cuenta bancaria en un banco suizo, súmmum de la neutralidad. Para todo ello no se privan de acusar a la web de terrorismo...

Sin embargo, poco van a poder hacer. Si bien es cierto que la Red es propietaria, también es abierta, y por cada puerta que se cierra, otras 10 se abren. Si Amazon les priva de acceso a sus servidores, varias otras compañías se ocupan de proporcionárselos. Si Mastercard les cierra su plataforma de pagos, otros servicios más pequeños cubren su lugar. Si cierran la página web de Wikileaks, esta se replica en múltiples espejos por toda la Red. Si Julian Assange es silenciado, otros cientos Guy Fawkes están dispuestos a ocupar su lugar.

Ojo, que no defiendo la actividad de Wikileaks, y bien creo que las opiniones de los embajadores deberían ser privadas y que los gobiernos deben tener sus secretos. Pero es indignante enterarse de que varias de las actividades criticables de este Gobierno tienen sombra americana. Y, desde luego, lo que no se puede permitir es la reacción que está habiendo, típica de las industrias obsoletas que tanto estamos criticando y de sistemas de gobierno dictatoriales, tan criticados en otros momentos. Quizá ha llegado el momento de que los gobiernos se planteen cómo hacen las cosas...


Edito: Se me olvidaba comentar, y no son menos importantes, qué pasaría si Google no dejara buscar la palabra wikileaks (algo totalmente factible), si Twitter está impidiendo que #wikileaks llegue a ser trending topic, o como la revista Time no ha proclamado a Assange como persona del año en contra de la amplía mayoría de sus lectores. Definitivamente, la Red es propietaria y elige como tal. De nosotros depende tener criterio propio para cultivar una opinión valida...

sábado, 4 de diciembre de 2010

España se descompone

Ayer por la noche volvía en taxi a mi casa cuando el conductor se lió en un rifirrafe con otro taxista, por alguna causa que no llegué a apreciar. Después de varios pitidos, miradas inquisitorias y amagos de volante, nuestro taxi tomó una desviación y la cosa pareció quedar ahí. Sin embargo, el taxista empezó a quejarse, más para él mismo que para nosotros, de la situación que vive el gremio, el desamor que siente por todos aquellos inmigrantes que vienen de América Latina y cogen un taxi, y lo difícil que es hacer negocio con las condiciones actuales y pagar todas sus deudas.

Esta situación no deja de ser un único reflejo de un país que se está viniendo abajo. Cuando empezó la crisis hace ya unos años parecía que sí, que nos iba a afectar, pero de una manera casi tangente, en poco más que en una subida de los precios. Al final, el día a día parecía que iba a ser el mismo.

Quizá ha tardado algo más, pero no cabe duda de que el impacto ya se está notando en la sociedad española, y de qué manera.

Hoy amanecemos con un caos aeroportuario que ha puesto en jaque a un Gobierno que no sabe cómo reaccionar. La prueba más fehaciente es que está cerca de declarar el estado de alarma, antes de que sean los propios afectados los que empiecen a tomarse la justicia por su cuenta. Previamente, se militarizó el espacio aéreo para poder aterrizar algunos vuelos transcontinentales. Cuando se recurren a medidas por la fuerza, es que no has sabido manejar la situación y sólo encuentras salida en la imposición.

Por otro lado, y después de las recientes discusiones sobre la neutralidad de la red, tenemos a El País publicando algunos de los cables de Wikileaks, informando de que el Gobierno de los Estados Unidos montó un plan para conseguir una ley antidescargas en España. Así se las gastan nuestros políticos, legislando en virtud de los deseos de la industria norteamericana. Cediendo a presiones internacionales mientras consideran que la opinión de los españoles son "factores externos degradantes". Ya puestos, que pongan al presidente de la Warner de Ministro de Cultura y ahorramos intermediarios (aunque con Sinde, poco falta para que esta ironía se haga realidad, tristemente).

Por no hablar de todo lo que se está sabiendo a Wikileaks. Y aquí podría aumentar el alcance de la descomposición al nivel mundial, haciendo hincapié en cómo la Interpol ha puesto en búsqueda y captura a Julian Assange, como si de un Robin Hood de nuestro tiempo se tratase; o cómo se está tratando de impedir el acceso y alojamiento de la propia página, presionando a empresas americanas y europeas; o cómo se está gestionando la publicación de estos cables en los periódicos, como si de fascículos de una novela se tratasen, para vender más ejemplares.

Pero volvamos a España y a nuestra particular situación. Todas estas huelgas agresivas (que, por cierto, no tienen consecuencia punitiva alguna, como se puede ver que pasó con la anterior de los controladores, las de los transportes en Madrid o la reciente general), estos sentimientos racistas, este paro al 20% (duplicando la media europea), estos suicidios, esta desconfianza masiva, este todos contra todos, es el camino que está tomando un país que necesita un reseteo urgentemente. Porque si seguimos así, los efectos venideros alcanzarán magnitudes bíblicas.