viernes, 21 de agosto de 2009

Aversión al riesgo

Hemos sabido en estos días de calor sofocante que un hacker de nombre hispano ha "saqueado" los registros contables de millones de tarjetas de crédito en los USA, y supongo que donde haya tenido oportunidad.

No es un caso aislado, y por lo que sabemos, dificilmente podrá evitarse que se repita.

Vivimos en un mundo que ha alcanzado muy altas cotas de protección, y sin embargo estamos expuestos a riesgos nuevos y antiguos, que cada día nos tienen mas acogotados.

En un tiempo que nos ha concedido las mayores esperanzas de vida y tambien de calidad de vida, nuestra expectativa de vivir más y de vivir mejor ha crecido todavía más.

Hemos convertido accidentes aéreos en tragedias heróicas y celebramos las hefemérides efemérides y el recuerdo de las víctimas como si fueran héroes de alguna epopeya singular, y sus deudos nos miran acusadores desde las pantallas de televisión y acusan al estado de no "haber hecho más" y exigen todo tipo de compensaciones.

Una epidemia de gripe se ha convertido en la gran noticia del verano y no hay sobremesa que no gire en torno a la mutación que puede producirse en otoño y las consecuencias que tendrá.

Tiene que haber una vacuna ya mismo, claman los ciudadanos en cuanto algun reportero les pone un microfono en la boca.

Los hospitales tienen que estar preparados para la catástrofe inevitable, hay que poner guardaespaldas a todas las mujeres amenazadas por sus parejas, hay que prevenir las tormentas y garantizar el patrimonio de los afectados, hay que evitar que el pedrisco arruine a los agricultores, hay que controlar a los violadores y a los terroristas, y sobre todo hay que garantizar la felicidad.

En la era digital parece que cada día nos infantilizamos mas, y por ello no se engrandece al que hace algo positivo, sino a aquel a quien el azar ha elegido como víctima, o a aquel que es feliz. (O lo parece).

Tenemos profesionales de la felicidad, como antes había profesionales de la desgracia (cuando gobernaba la religión).

Nada nos puede pasar, y si nos pasa el estado tiene que intervenir.

El ciberespacio es un territorio ignoto en el que sin embargo, todo es impune. Las cuentas corrientes, las fotos comprometedoras, nuestra propia identidad.

Así que estamos en una sociedad crecientemente disociada en la que somos miedosos en lo material y osados en lo virtual.

Los mismos que sienten pánico por el virus gripal dejan sus tarjetas visa en el restaurante al que nunca antes habían ido, sin ningun problema.

A mi me llama mucho la atención esta falta de realismo de la gente que cree que puede vivir en un mundo sin riesgos y que cree que si su coche que atrapado por una tormenta y pierde un día de vacaciones, alguien tiene que indemnizarle.

Vivimos en una burbuja de seguridad virtual, e irreal, que sencillamente no nos deja percibir la realidad.

Por eso los virus, los de la gripe y los informáticos, nos dejan tan aturdidos.

¿Como es posible que a mí me esté pasando esto?

Que me proteja el estado. Que me compensen por tanta infelicidad.

1 comentario:

Alejandro Cordón dijo...

Por qué no me voy a vacunar de la gripe A:

http://larepublica.es/firmas/blogs/index.php/luisangelaguilar/2009/08/21/no-me-vacunare-ni-aunque-lo-diga-la-mini