lunes, 26 de septiembre de 2011

Y se armó la monumental...

En esta pugna imbecil entre nacionalistas catalanes y españolistas que conduce a alguna catástrofe aún por determinar, los catalanistas se acaban de apuntar un tanto al prohibir las corridas de toros y se han partido de la risa con esa forma tan artera de burlarse de la que consideran "potencia colonial". Enhorabuena.

No se trata de la defensa de los animales, ya que los espectáculos de "corre bous" tan salvajes como las corridas, siguen permitidas por ser parte de la "cultura catalana".

No me gustan las corridas.

Solo he ido en dos ocasiones porque me invitaron, y tenía curiosidad, y la verdad es que pasado el primer impacto de ver salir a un animal de 500 kilos a la arena, (y sobre todo escucharlo), se vuelve un espectáculo tedioso al que no contribuye la incomodidad de unos asientos estrechos y pétreos.

Por otra parte no soy "animalista".

Me parece una hipocresía defender la vida animal al tiempo que nos comemos un pollo asado o nos compramos unos zapatos o una cazadora de piel.

Somos una raza de depredadores desde nuestros orígenes y cuando no nos matamos entre nosotros, matamos animales para comer.

Así que prohibir la matanza de toros de lidia, (que solo existen para ese fin), y no prohibir la matanza de cerdos, gallinas, terneras o merluzas, atunes, y boquerones, es una contradicción y una hipocresía.

Otra cosa es convertir la matanza en espectáculo, pero tampoco el boxeo es agradable.

Y que decir de los videojuegos en los que la sangre salpica cada cinco segundos.

¡Y las películas gore!

Nuestra vida está repleta de escenas de violencia, y a nadie le parece lo suficientemente mal como para prohibirlas.

O al menos a ningún parlamento.

Se entiende que los derechos y los gustos de las minorías deben ser respetados, con unos límites de consenso general.

Si eso no se cumple, estaremos en una sociedad en la que la mayoría aplastará a las minorías.

Los toros son un espectáculo en decadencia desde hace décadas.

Basta ver la edad media de los asistentes y cuantos de ellos son turistas en busca de emociones fuertes.

Pero a la gente que les gusta, y que muchas veces pertenecen a familias con esa tradición, les parece algo meritorio, que les emociona y cautiva.

¿Por qué impedirles que se den el gusto?

¿En nombre de que ideas y que principios se prohíbe una actividad que unas personas privadas organizan para que otras personas privadas contemplen?

Si los nacionalistas son siempre abusivos e intolerantes, su alianza con los buenistas y su nueva religión neofranciscana es letal.

No será yo el que eche de menos la Plaza Monumental de Barcelona, (que no se ni donde está), pero me chincha que nacionalistas y buenistas confabulados se apunten un tanto.

¡Que poco me gustan ninguno de los dos!

6 comentarios:

Álvaro Morejón dijo...

Este es el primer artículo sensato que recuerdo haber leído sobre la polémica de las corridas de toros.

Sólo me gustaría puntualizar que, desde mi punto de vista, la crueldad y la violencia en la ficción no debe compararse nunca con la real. Nadie (ni nada) sufre y la gente "normal" es perfectamente consciente de que lo que está viendo o haciendo no es real.

En todo caso felicidades por el artículo.

Alejandro Cordón dijo...

Pues yo no estoy tan de acuerdo con toda esta opinión...

Si bien es cierto que la causa de la prohibición (disputas nacionalistas) no es idealmente "pura", el objeto de la prohibición me parece absolutamente correcto.

No confundamos matar animales para comer o vestirnos (o sea, subsistir, como depredadores que somos), con matarlos (más allá, torturarlos) para divertirnos. Y sí, ya sé que muchas veces el trato que se les da a los animales que nos comemos se acerca a la tortura, pero eso es perseguible por sí mismo, no justifica la tauromaquia.

Así que no es lo mismo matar toros en una plaza que matar un cerdo en un matadero. Me cuesta creer que podáis tener una ética que os permita comparar ambos actos.

El boxeo no es agradable, pero uno de los púgiles no está condenado nada más salir al ring. El boxeo no es un combate de gladiadores. Tampoco creo que sea afortunada la comparación...

En cuanto a los videojuegos y el cine... En fin, no caigamos en la falacia de comparar realidad con ficción.

Que los toros sean un espectáculo en decadencia, a causa de una sociedad que evoluciona, no es motivo para dificultar la prohibición, sino para hacerla más actual.

¿Por qué impedir darse el gusto a familias interesadas en la tauromaquia? Porque torturar animales está mal y debería evitarse siempre y cuando sea posible. Y como entretenimiento, es posible. Una de las funciones del Gobierno, si no la más importante, es regular la sociedad cuando esta no es capaz de hacerlo por sí misma. Prohibir la tortura entra dentro de esa definición. Para mí.

Matar animales está prohibido. Sin embargo, en una plaza de toros, como entretenimiento, se permite. Matar hombres también está prohibido, pero ¿por qué se llegó a prohibir hacerlo por entretenimiento? Al fin y al cabo, los gladiadores (en gran parte) estaban en la area porque querían, buscando fama y gloria. Más de lo que puede decir un toro.

Alejandro Cordón dijo...

El fin no justifica los medios. Nunca.

Pero, ¿y la causa? ¿Justifica la causa el fin?

Alejandro Cordón dijo...

Por cierto, la Monumental está al lado de donde montan el MWC :-)

Antonio Cordón dijo...

La tortura a los animales es mucho mas abundante de lo que parece: las granjas de pollos, las de cerdos, las terneras hacinadas para su engorde, y un larguísimo etc.

Entre el trato recibido por una ternera destinada a convertirse en filetes y un toro de lidia, desde luego es mucho mejor éste último.

Es parecido a las fincas de caza, donde los animales viven en libertad hasta que se convierten en trofeos apetecibles, y entonces los matan.

Hay desde luego una cuestión ética en todo esto de criar animales para sacrificarlos en actos que no son puramente alimenticios, aunque también lo sean a la postre.

Pero también hay una cuestión conservacionista, y es que si no fuese por las corridas no habría toros, como igualmente la fauna salvaje de Africa habría desaparecido de Africa sin la caza regulada y sin las reservas, que son grandes zoológicos.

Reducir las corridas a la tortura es por otra parte excesivamente reduccionista.

En realidad una corrida de toros es un espectáculo que tiene como centro, no el toro, sino el miedo del torero.

Todo gira en torno a como esa persona se aguanta el miedo, y todavía tiene coraje y aguante como para intentar hacer una especie de pasos de ballet.

El toro, (la bestia ancestral), es solo un pretexto, y reconoceréis que tal ejercicio de aguante no tendría ningún sentido sin esa bestia.

Si nos ponemos excesivamente fundamentalistas con la cuestión pacifista terminaremos siendo todos no ya vegetarianos, sino eso otro que solo comen queso y cereales.

Alejandro Cordón dijo...

Como ya dije antes, el maltrato a los animales como comida o abrigo no justifica su maltrato para el entretenimiento. Ambos son sobradamente condenables.

Igualmente, tampoco me parece justificable decir que sin la caza o el toreo ciertas especies no existirían. No creo en la existencia de un animal basada únicamente en su destino como trofeo.

En cuanto al miedo del toreo, hay otras formas de provocarlo. Que haga malabarismos con cuchillos o tenga que esquivar rocas de 50 kilos. No es necesario maltratar a ningún animal.

Aún digo más, que se simule al toro con un robot, que poco nos debe de quedar para poder hacerlo.

¿Es excesivamente fundamentalista querer evitar la tortura animal? No lo creo. Seguro que también pensaban igual algunos cuando se abolió la esclavitud. "Estos fundamentalistas que ya no me dejan tener un negro que are mis campos... Pero si ha sido así de siempre en mi familia!"