domingo, 16 de diciembre de 2012

El aquelarre digital

Una de las derivadas más interesantes de la sociedad digital es la la réplica.

Todo se puede replicar, copiar e imitar.

No hay nada o casi nada que escape de la facilidad de acceso a informaciones que permiten a su vez generar acontecimientos replicados, objetos replicados, o conductas replicadas.

Y en una red tan amplia y tan distribuida, tienen cabida todo tipo de acontecimientos, objetos y conductas.

Y lo que multiplica el efecto de esta tendencia, es la capacidad de aquellos que quieren replicar de encontrar lo replicable.

Esto no tiene mayores consecuencias cuando lo que se quiere replicar son unas patatas a la riojana, o una nueva técnica de punto de cruz, pero se vuelve tremendamente peligroso cuando lo que se quiere replicar es una conducta criminal.

La web da cabida a todo tipo de información y los paises occidentales se oponen, con razón, a una intervención "ex-ante" entre los que colocan información y sobre los contenidos que colocan.

Este ha sido el motivo del fracaso de la reciente conferencia sobre el futuro de Internet de la ITU, la International Telecommunications Union, donde los países con gobiernos autoritarios demandaben una legislación, ex-ante, o sea una censura previa.

Los países democráticos prefieren una legislación "ex-post", y a ser posible una no-legislación.

Esa ha sido la vida de internet hasta ahora.

Pero cuando suceden, una y otra vez, acontecimientos replicados de violencia extrema, y no me refiero solamente a los asesinatos indiscriminados en institutos, sino a las carreras de coches ilegales, los balconing, las palizas a mendigos, el acoso a escolares con problemas, la violencia callejera, y un largo etc, la cuestión no puede ser ignorada.

Ciertamente el problema no es internet, porque las tecnologías son neutras en principio, sino la existencia de tanto tarado en nuestras sociedades, y las ganas de esos tarados de hacer algo relevante con sus vidas.

También el exhibicionismo de los criminales, que disfrutan más contando lo que han hecho que perpetrando el acto en sí.

Estoy seguro que de vivir en nuestro tiempo, Jack el Destripador hubiese grabado sus asesinatos y posteriores descuartizamientos con una web-camera, y hubiese colgado en internet sus fechorías.

Y hoy tendríamos de vez en cuado réplicas de Jack, como las tenemos de Columbine.

Antaño el mal no tenía ocasión de extenderse, excepto en los tiempos de guerras y catástrofes.

Sucedía en un lugar preciso y la policia ocultaba los detalles mas escabrosos, precisamente para evitar imitadores.

Hoy se celebran aquelarres digitales en el ciberespacio, y no en una cueva escondida.

Y desde una habitación en penumbra, de una casa indefinida, en un barrio anodino, sale un día un muchacho en el que casi nadie se había fijado, y se lia a tiros.

Lo que nunca falta en la habitación es un ordenador con una conexión de banda ancha.

En fin, estamos ya solo a cinco días del fin del mundo.   

        

2 comentarios:

Alejandro Cordón dijo...

Sí, efectivamente, Internet da acceso inmediato a todo tipo de conocimiento. Pero mejor es que 99 personas puedan conocer la obra de los filósofos y 1 cómo hacer bombas en la cocina, que 100 personas viviendo en la ignorancia.

El problema no está en el acceso a la información, sino en la gente que accede a ella (y ya puestos en la capacidad de impacto que un pirado puede llegar a tener. No es lo mismo liarse a tiros que liarse a navajazos).

Antonio Cordón dijo...

Esa es la misma reflexión de los partidarios de la libre compra de armas en USA: las armas son utilizadas normalmente para actividades deportivas o para la auto-defensa. Solo un porcentaje mínimo las utiliza para cometer masacres.

La información, como las armas, también puede ser un mecanismo de destrucción.

Pero, efectivamente, ¿hay que prohibir todo en nombre de la seguridad?

¿No es la seguridad otra utopía más?