jueves, 10 de junio de 2010

Extraños compañeros de cama

Desde luego, una de las grandes revoluciones de la era digital es el movimiento gay.

El cambio que esta minoría ha experimentado en materia de derechos en el mundo occidental es no solo espectacular sino muy relevante en materia de visibilidad social.

De alguna manera, la catástrofe del SIDA abrió la puerta a movimientos de contrición social respecto a estas personas que están desembocando en reivindicaciones de igualdad, no ya legal, sino de reconocimiento social, que han marcado nuestra época.

Yo supongo que habrá gays de derechas como los hay de izquierdas, porque no creo que la orientación sexual tenga una inevitable adscripción política, pero una vez mas las ONG se han apoderado de la representación de estos colectivos y su discurso suele ser claramente izquierdoso. (Lo que ahora se entiende por ser de izquierdas que no tiene nada que ver con lo que decían Marx o Lenin).

Viene todo esto al caso de la prohibición que el colectivo de gays y lesbianas españoles ha hecho al correspondiente colectivo israelí para participar en el desfile del orgullo gay de Madrid.

Como decían los antiguos, y nunca mejor traído, se confunden el culo con las témporas.

Pero es que la alianza entre las izquierdas occidentales y el integrismo musulmán es de las cosas mas absurdas de estos tiempos digitales.

Solo el odio al enemigo común, que es el capitalismo occidental y los Estados Unidos de América como su máximo representante, alientan esta alianza enloquecida.

Pero yo puedo comprender de alguna manera que gentes como Manolo Espinar, (véase post anterior), se sientan conmovidos por el ondear de las banderas de Hamas.

Radicalismo y rencores sociales profundos conducen a confundir la satisfacción de ver al enemigo derrotado con la de ser uno mismo victorioso. (Esto es igual que cuando a los del Madrid nos gusta ver que el Inter gana al Barcelona).

Pero en el caso de los gays todo esto resulta grotesco.

Si en algún lugar del mundo se sigue persiguiendo a los que practican este tipo de sexualidad es precisamente en los países musulmanes, en alguno de los cuales está castigada con la pena de muerte.

Cuando veíamos al concejal Zerolo del Psoe madrileño manifestarse con el pañuelo palestino, yo pensaba que era simplemente producto de la estulticia y falta de inteligencia del personaje, pero cuando la cosa se extiende a los representantes de todo el colectivo es necesario preguntarse, ¿es el masoquismo un componente de la sexualidad gay?

En Tel Aviv puede haber un desfile gay. En Teherán o en la franja de Gaza es simplemente inimaginable.

Yo había leído que el martirio de San Sebastián era uno de los mas conocidos iconos gays, pero las horcas iraníes o las cárceles egipcias me parecen mucho mas cutres y terribles.

La deriva suicida de las ONG para nuestro mundo occidental es muy preocupante y seguramente es el resultado de un profundo malestar social.

Dado que uno de los padres (por lo menos) de nuestra profesión de informáticos fue un gay eminente como Alan Turing, me niego a condenar a todo el colectivo por la estulticia de sus líderes oenegeros pero, ¿no va siendo hora de promover un debate sobre los valores de nuestra civilización y sobre como defenderlos?

¿No deberían las izquierdas revisar su actual praxis de irse a la cama con los integristas islámicos?

1 comentario:

Alejandro Cordón dijo...

Al final, lo fácil en esta vida es posicionarte en un extremo: o blanco o negro, o izquierdas o derechas, o gay o hetero, o pro-Israel o pro-Palestina...

Al no considerar la escala de grises, se facilita mucha la vida de todo aquel que no quiere pensar, que sabe rápidamente cuál es su postura y tiene claro quiénes son sus referentes en la vida, cuyas opiniones y posturas son las que él va a replicar.

Y claro, así nos va...