martes, 30 de septiembre de 2014

¡Otra necrológica!

Desde que dimitió/abdicó el Rey Don Juan Carlos, la clase dirigente del país está que no levanta cabeza.

Botín, Isidoro, y ahora Boyer.

¡Que buenos ratos nos hizo pasar Boyer!

Su idilio con Isabel Preysler es, desde luego, el episodio más pintoresco y paradigmático de la Transición. Y su pelea con Ruiz Mateos, el comienzo de todos nuestros males.

Ni lo uno ni lo otro son en si nada fuera de lo común, pero fueron el símbolo primero de la corrupción moral de la izquierda, y lo segundo el inicio de su corrupción material.

Boyer era de buena familia, de la aristocracia republicana, y por tanto que se relacionase con Isabel Preysler, por entonces una mujer bellísima, no era algo extemporáneo, es decir no era lo mismo que cuando los socialistas sevillanos comenzaron a relacionarse con chicas del barrio de Salamanca.

Boyer ya estaba en ese mundo antes de entrar en la política.

Y lo de Rumasa era una estafa piramidal basada en captar ahorro en función de dar altos intereses a través de los bancos del grupo para financiar la expansión descontrolada del mismo a base de comprar empresas al borde de la quiebra. Todo a la espera de que estas empresas mejoraran milagrosamente y se pudiese tapar el agujero patrimonial que se estaba creando en los bancos.

El problema es que cuando el estado se mete en la economía, hay que ir con pies de plomo, por ejemplo como se ha ido en la "nacionalización" de las cajas de ahorros que acabamos de vivir.

Pero entonces estas cosas no se sabían y se entró como elefante en cacharrería arramplando con todo.

Eso creó dos problemas: el primero el justiprecio que había que pagar a Ruiz Mateos, un tema que todavía colea. El segundo que hacer con tantas empresas ruinosas.

El proceso de venta de las mismas generó la primera gran oleada de enriquecimientos súbitos de la democracia y el inicio del convencimiento de mucha gente de que había que dejar los escrúpulos fuera y trincar de donde fuese.

Eso mató al PSOE que nunca e recuperó. (Luego vinieron Filesa y Malesa y Roldan.....).

Si solo se hubiesen intervenido los bancos de Rumasa, el problema se hubiese resuelto de otra forma, y las empresas se hubiesen tenido que cerrar o vender desde la iniciativa privada y la Historia de España no hubiese sido igual.  (Ahí los banqueros tuvieron un papel esencial porque fueron ellos los que empujaron a Felipe González y Boyer a actuar contra Ruiz Mateos con todo el poder del estado. Luego Botín utilizaría la fórmula de la alta remuneración en la "supercuenta").

Pero Boyer también acometió la llamada reconversión industrial limpiando España de los cadáveres que había dejado por todo el mundo la crisis del petróleo, y a base de devaluaciones consiguió terminar con aquella crisis y preparar el país para un nuevo ciclo de crecimiento. (Lo que ahora está intentando hacer Rajoy, pero desde el poder de devaluar y controlar la política monetaria).

Como era un hombre ilustrado y sabía lo que había que hacer enseguida chocó contra Alfonso Guerra, que era quien se encargaba de la maquinaria electoral, y sobre todo con ese hombre fatídico para nuestra Historia que se llamaba Nicolás Redondo, el líder de la UGT.

Entre Guerra y Redondo acabaron con Boyer, con la ilustración socialista, y con la racionalidad económica.

Luego Boyer se instaló en el mundo de los consejos de administración y en la Fundación FAES, que le dio cobijo en el aspecto que más lo necesitaba o sea en el de la soberbia intelectual.

Con todo, Miguel Boyer fue un hombre de gran capacidad intelectual, muy brillante en el ejercicio profesional desde muy joven, y el que otorgaba la credibilidad internacional al primer gobierno socialista.

Con él nos sentíamos todos un poco más listos.

lunes, 29 de septiembre de 2014

¡Chufla, chufla...!

La sucesión de declaraciones por parte de los políticos nacionalistas catalanes y de los políticos del parlamento español respecto a la celebración de un referendun de autodeterminación en Cataluña, es una muestra del más rancio cerrilismo español.

Como decía el baturro montado en su burra en medio de la vía del tren a la locomotora que se acercaba: "¡chufla, chufla, que como no te apartes tú!

Así las etapas hacia el choque institucional se van cubriendo, eso si, entre la más profunda indiferencia de la ciudadanía española a quien no parece preocuparle nada lo que pasa, narcotizada por unos medios de comunicación que aseguran muy ufanos que "no va a pasar nada", y añaden satisfechos de si mismos, "porque no puede pasar".

Así que todos nos hemos puesto del pañuelo baturro y unos dicen que no pasarán, y los otros que pasarán. Pues que bien.

Mientras no consigo escuchar a casi nadie que explique por qué no pueden pasar los unos o pasar los otros.

Solamente unas voces aisladas como las de Cayetana Alvarez de Toledo o Arcadi Espada, portavoces de la plataforma Libres e Iguales tratan de explicar como hemos llegado hasta aquí y quienes son los responsables, en unas intervenciones que se pueden encontrar en YouTube.

Los demás solo dicen que "lo que diga la ley" o "lo que digan los votos de los catalanes".

A mi me parece que en un país como España, invocar la Ley es perder la partida de la opinión pública, porque aquí como es bien sabido, la ley nos la pasamos por el forro. No somos suizos.

Sin embargo apelar a la "sagrada" voluntad de los de la tribu correspondiente, en este caso catalana, es un éxito seguro porque como ya he dicho muchas veces lo que prima en España es el elemento primario y brutal que pone los sentimiento por encima de la razón, y que hace su voluntad, "por cojones".

Parece inútil demandar entendimiento y dialogo. Es muy tarde para eso y probablemente es también muy tarde para acordar que España sea un país en el que "cabemos todos".

Ha habido muchos años para ese dialogo y nunca ha comenzado.

Aquí todo se ha resuelto con transferencias de competencias, o sea de dinero, y con total desidia a la hora de establecer un territorio común en torno a unas cuantas ideas de porque es mejor que estemos juntos y no tiremos cada uno por nuestro lado.

Pero sobre esa cuestión nunca se ha hablado.

A lo mejor es que no es mejor que estemos juntos.

En todo caso me gustaría que algún político español asumiese el rol de Gordon Brown, (otro video en YouTube), y nos dijese porqué sería mejor que siguiésemos juntos.

No me parece que el respeto a la Ley sea suficiente en un país en que nadie la cumple.

Es hora de hablar, pero desde luego no desde los campos políticos cegados hace tiempo a cualquier conversación, sino desde la sociedad civil que tiene que despertar e intervenir antes de que los políticos nos conduzcan al desastre.     

jueves, 25 de septiembre de 2014

La pervivencia de las viejas ideas

La captura del pederasta de Ciudad Lineal ha puesto de manifiesto, una vez más, que en el mundo occidental impera un entramado legal que no responde a las necesidades de la sociedad actual.

¿Cuales son esas necesidades?

Pues fundamentalmente la de vivir lo más tranquilos posibles, lo cual significa que los individuos con tendencia a romper esa tranquilidad, sea por la vía de las agresiones físicas, sea por la de las agresiones patrimoniales, o de cualquier otro tipo, sean puestos fuera de la circulación... para siempre.

Contra esta necesidad y demanda social se alza un muro, al parecer infranqueable, que es el las ideas que nuestra civilización considera "centrales", y una de ellas es la de que todo el mundo nace bueno y son las circunstancias las que lo "malean".

Como son las circunstancias, pensamos que cambiándolas también cambiará la conducta del maleado por las mismas.

Esa teoría se llama reinserción social y está en la base de nuestro sistema judicial.

De nada sirven los hechos que nos indican que en el tipo de delincuentes sexuales, las tasas de recaída son prácticamente del 100%. Si en la cárcel el detenido muestra "buena conducta", cosa por otra parte inevitable dada la falta de disparadores de su perversión en el ambiente carcelario, son puestos en libertad igual que cualquier otro preso.

Y lo mismo sucede con la mayoría de los delincuentes habituales: reinciden nada más salir aunque
hayan estado cuarenta años en la cárcel: acaba de suceder con el que se consideraba preso más antiguo de España.

La reinserción solo tiene sentido dentro de una lógica "hotelera" del sistema penitenciario: hay que dejar camas libres para los nuevos huéspedes.

Pero no tiene ningún sentido para la sociedad que no puede verse libre de individuos patológicamente inclinados al delito.

La pregunta entonces es ¿y que hacemos con ellos?

Es una cuestión grave que no puede ser respondida en los términos en que intentó hacerlo el régimen nazi alemán. Eliminación, esterilización, lobotomías, etc.

Nuestra conciencia sentimental colectiva no lo soportaría. (Individualmente muchos se alegrarían de la medida).

Pero hoy tenemos respuestas tecnológicas suficientes para tener localizados a estos individuos o para limitar su capacidad de hacer daño.

Ahora bien, no avanzaremos en esa dirección hasta que no reconozcamos públicamente, como sociedad, que nuestras ideas de igualdad en el nacimiento son erróneas.

Hay gente que nace mala y por ahora nuestro conocimiento de la neurociencia no es suficiente como para corregir sus patologías.

Llegará un momento en que se podrá hurgar en el lóbulo temporal o en el bulbo raquídeo y extirpar el deseo de violar niñas de 10 años, pero hoy hay que conformarse con mantener a esos tipos bajo control y vigilancia.

Y para eso hay que cambiar la ley.

Y para eso hay que dar carpetazo a ideas que han sostenido nuestra civilización.

Y se puede hacer.

De la misma manera que hemos cambiado de hábitos alimenticios, de la misma manera que hemos aceptado el fin de la esclavitud, o la igualdad de hombre y mujer, también se puede cambiar la noción de que "todos nacemos iguales", o que "todos somos iguales a los ojos de Dios".

No somos iguales, y algunos son demasiado malos como para dejarlos sueltos.        
 

martes, 23 de septiembre de 2014

El contra-aborto abortado

La triste figura de Alberto Ruiz Gallardón es una de las estampas más crueles de la democracia del 75.

Era Gallardón esa esperanza sucesoria que nunca se cumplía. El eterno aspirante a presidente del gobierno. El más listo de la clase.

Cuando Mariano le encargó la reforma de la Ley del Aborto, (que quería llamar de "protección del no nacido"), ya me pareció rrrrraro. Muy raro.

Gallardón era siempre el chico más liberal de la derecha, el más moderno. Verlo uncido al carro de la ultraderecha parecía una venganza. Y lo era.

Lo hemos visto en el curso de unos días de mucho ajetreo, cuando pareciera que las prioridades tenían que ser otras. Mariano le ha dado a Alberto una estocada en todo lo alto y lo ha dejado listo para la puntilla.

Y Gallardón, que había sobrevivido a una guerra a muerte con Esperanza Aguirre, ha sucumbido como un corderito.

No solo se marcha del gobierno. Es que le han echado de la política.

En estos tiempos que corren el estar alineado con los del misal y la mantilla es mortal de necesidad, y este hombre que podía haber sido la alternativa liberal a un conservador rancio como Mariano, ha quedado para los restos como el portavoz de la caverna y el enemigo de la mujer por excelencia.

Para que luego digan que Mariano es tonto. Lo parece desde luego, pero no lo es.

Si ahora se saca un ministro de justicia catalán, yo me quito el sombrero. (O uno con capacidad de diálogo con los nacionalistas).

Lo de volver atrás con el asunto del aborto no lo quieren el noventa por ciento de las mujeres del PP.

La sociedad española tiene este tema superado y asumido como cosa propia por muy feo que sea.

Cambiarlo era una cosa de locos que hubiese encenagado la vida pública y no digamos los juzgados.

Que Alberto el listo no se percatase de la trampa en que se metía siempre me asombrará.

Ahora bien, Alberto Ruíz Gallardón no se ha ido sin dejar su legado: Madrid es la ciudad más endeudada de España y seguramente del mundo. Una de las más sucias. Donde la pequeña delincuencia hace de su capa un sayo. Donde se incumplen todas las normativas. Donde se vende cualquier cosa a cambio de un patrocinio. (El Palacio de los Deportes veo que se va a llamar Barclaycard Center). Donde se montan chiringuitos en cada esquina. Donde el tráfico es infernal.

Es un triste legado para alguien tal listo.
  

lunes, 22 de septiembre de 2014

El virus ébola y los males de Africa

El virus ébola o ebola, que nadie sabe realmente como se llama, aparece cada pocos años mata a unas cuantas personas y desaparece.

Como no se contagia por el aire, como la gripe, y como mata en pocos días, no da tiempo a que se extienda.

Hasta ahora había "actuado" en pequeñas comunidades rurales donde causaba un estrago menor, pero ahora ha llegado a las ciudades.

Como allí la gente lleva a los enfermos al hospital, los que han comenzado a infectarse son los médicos y enfermeras y eso ha llevado a una situación de emergencia cuando el personal sanitario ha comenzado a huir.

De todas formas y aunque sea una epidemia, está lejos de ser como las que azotaron Europa desde la célebre peste negra del siglo XIV, que a punto estuvo de acabar con toda la población del subcontinente. Tampoco tiene nada que ver con el cólera que todavía en el siglo XIX nos visitaba con asiduidad. Y tampoco con la gripe "española" que se llevó por delante a millones de personas al final de la Gran Guerra.

Vamos que el ebola no va a solucionar el problema de la explosión demográfica africana que amenaza con ¡triplicar! la población del continente en los próximos 100 años.

Cuando eso suceda, no quedará ningún resto del Africa salvaje, y probablemente tampoco de Europa, que habrá quedado sepultada por migraciones de cuya violencia estamos teniendo en Melilla un aperitivo.

Por eso se me abren las carnes cuando escucho a todos los que quieren solucionar los problemas africanos a base de poner más hospitales materno-infantiles, o a base de ayudar a mejorar las condiciones de vida de los niños africanos.

La única forma de ayudarles, y ayudarnos de paso, es llevar a cabo programas de control de la natalidad estrictos que permitan rebajar la tasa de nacimientos por mujer que en estos momentos es cercana a los seis.

No creo que pueda hacerse convenciendo a la gente a que se someta a vasectomías o esterilizaciones de forma voluntaria, ya que muchos africanos se encuentran es estadios culturales que nosotros no podemos casi ni imaginar, y que por tanto ignoramos, y consideran que los hijos son "patrimonio" o sea que cuantos más mejor.

Pero habrá que hacerlo de todos modos ligando ayudas a programas de esta clase antes de que sea demasiado tarde.

Si en China se ha hecho es que se puede hacer.

No podemos seguir ignorando lo que sucede en Africa.

Entre otras cosas porque el Sahara ya no nos protege como ha hecho durante milenios. Ahora se cruza en camiones y hay quien hace de transportar "emigrantes" su negocio.

El que el ebola no tenga todavía un tratamiento es buena prueba de esa dejación de responsabilidad que hemos venido ejerciendo desde los procesos de independencia de las colonias.

Con el sida se hizo igual, y hasta que Rock Hudson no enfermó no se hizo nada.

Mientras aquí dormimos tranquilamente la siesta, en toda Africa se están gestando tormentas violentas.

Me gustaría que alguien que no fuesen las ONGs comenzase a pensar en ello.      

viernes, 19 de septiembre de 2014

Por fin un poco de sensatez

Menos mal que los escoceses han demostrado tener más cabeza que gaita y han rechazado por una mayoría apreciable destruir la casa que habían estado construyendo durante los últimos trescientos años.

Con eso no quiero decir que se vaya a arreglar el tema catalán, que tiene mucho peor pronóstico que el escoces, porque aquí los nacionalistas han trabajado durante treinta años para demoler los cimientos de la unidad con la más absoluta de las impunidades y el obsceno colaboracionismo de la clase política.

Pero por lo menos es un respiro.

Si fuera posible que los políticos españoles y europeos cogiesen el toro por los cuernos y comenzasen por algo tan simple como decirnos la verdad que es que no vamos a poder seguir con este tipo de vida, sea cualquiera el partido que mande y sea cualquiera el color de la bandera que ondee en los edificios públicos.

El nacionalismo es un escapismo de la realidad, como lo son los programas del corazón a los que parece que se quiere dedicar el señor Sánchez, para decir tontunas y sandeces que es lo único que permiten los formatos de estos programas.

Vivimos un momento muy peligroso de la humanidad como lo son todos los momentos de grandes cambios.

Tenemos que aceptar la profunda transformación de la realidad que ha creado la globalización y la tecnología, y a la vez luchar porque esos cambios se lleven a cabo con equidad. No con igualitarismo sino con equidad, es decir sin consentir abusos ni establecer diferencias ofensivas.

No se puede seguir engañando a la gente con el mensaje de que no pasa nada y que ya salimos de la crisis, porque la gente que es tonta pero tiene ojos, nota que no es así cada día del año y se asusta.

Y con gente asustada es fácil que desaprensivos como los nacionalistas se hagan fuertes y destruyan las bases de una convivencia que se ha conseguido tras muchos desajustes ajustados a martillazos.

Escocia o Cataluña existen más allá de los sistemas administrativos y de donde se paguen los impuestos, de la misma manera que a nivel individual cada persona tiene que buscarse un lugar en la vida con independencia de en que país trabaja.

Los nacionalismos y los populismos nos dicen que todo se soluciona con la magia de los cambios revolucionarios, pero eso sencillamente no es verdad: esos cambios son siempre a peor o a muchísimo peor.

No hay atajos, ni hay soluciones mágicas.

Los problemas de verdad, como el del virus Ebola, solo se solucionan remangándose, (en este caso envolviéndose), y bajando a la tierra a trabajar.

Eso es lo que deberíamos haber aprendido tras 10.000 años de historia.

La lástima es que muchas veces parece que no hemos aprendido.

Esta vez ha sido al contrario.

Menos mal.    

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Los escoceses y las gaitas

Mañana se pronuncian los escoceses sobre su secesión del Reino Unido.

Que contento estará Sean Connery, quien después de encarnar al prototipo de héroe británico durante años, se reveló como un ferviente partidario de la independencia. Eso si contemplada desde la distancia de las Bahamas o Marbella.

Cuando los escoceses no tenían petróleo, eran los ingleses los que se quejaban de los subsidiados escoceses. Ahora las tornas han cambiado.

Las relaciones entre Escocia e Inglaterra no han sido fáciles. (Recordemos Braveheart, Rob Roy, la ópera Maria reina de Escocia, etc.).

Pero los escoceses han luchado en todas las guerras del imperio, donde han dejado una impronta indeleble, y no se los veía que fuesen a la fuerza.

Luego el Reino Unido tiene sus cosas. Por ejemplo la liga de futbol, que cada cual tiene la suya, y su correspondiente selección. Y el torneo de las no se cuantas naciones de rugby, (antaño las cuatro naciones), donde los escoceses se partían la cara con los ingleses después de cantar su himno en el que tachan a sus vecinos de déspotas y sanguinarios.

O sea que los escoceses siempre han mantenido una personalidad separada, y a menudo conflictiva con los ingleses, pero luego a la hora de la verdad se han juntado para luchar contra terceros.

La policía escocesa no "reporta" a Scotland Yard, (a pesar del nombre), como puede apreciar cualquiera que lea las novelas de Ian Rankin y otros autores escoceses, y aunque hablan todos el mismo idioma, los escoceses lo hacen con un acento de lo mas peculiar.

Francamente no se en que puede mejorar la vida de los habitantes de Glasgow o Edimburgo el hecho de que pertenezcan a un país separado del reino Unido.

Si se separan de la libra, que tendrían que hacerlo, van a cambiar unas costumbres ancestrales por algo nuevo, pero por lo demás allí va a seguir lloviendo, van a seguir comiendo potajes y salchichas, la cerveza sabrá igual, y ya no tendrán a nadie a quien echarle las culpas cuando algo vaya mal.

Dentro de la UE, Escocia será un pequeño país irrelevante, y en el mundo una curiosidad turística.

La explosión de júbilo colectivo durará unos meses y luego volverán las rutinas.

El obeso tendrá que ponerse a régimen, el calvo colocarse el peluquín, el joven buscar trabajo, y el jubilado venirse a la costa española a cocerse en líquidos variados.

Solo un pequeño grupo de personas, los que hoy están en el partido independentista, conseguirán unos trabajos con los que nunca podrían haber soñado: diplomáticos, altos funcionarios, y chupópteros varios.

A lo mejor Sean Connery es nombrado director del espionaje escoces.

Espero que demostremos en esta cita de mañana que la sensatez es más poderosa que el patrioterismo.

Si no es así ya podemos prepararnos.

Todos.    

martes, 16 de septiembre de 2014

La evolución y los "mercados", o como nos toman el pelo.

A mi me parece que el anuncio de la compra de Jazztel por parte de Orange es una demostración mas de como el capitalismo en España es una tomadura de pelo en la que desde luego no rigen las leyes del mercado ni tampoco de la evolución de los más aptos.

¡Hay que ver cuantos se han enriquecido con el remedo de liberalización que ha tenido lugar en las telecomunicaciones españolas!

Y que poco ha redundado en ofrecer un servicio más rico y barato a los ciudadanos.

Solo ahora, cuando Telefónica ha comenzado a desplegar finalmente la red de fibra, comenzamos a disponer de banda ancha de verdad.

Y en los móviles, donde las inversiones se reducen cada año, la calidad del servicio es bastante regular, por no decir mala, pero eso si, pagada a precios mas que estimables.

Los operadores compiten, eso si, a la hora de llamarte por teléfono para ofrecerte disparatadas combinaciones cuyo resultado es que aunque aparentemente vas a pagar menos en realidad pagarás más.

Pero por lo menos ya van quedando menos. Moribundo Yoigo, solo quedarán Telefónica, Vodafone y Orange. Los tres operadores que salieron de la big-bang de la telefonía móvil.

Los tres van de la manita en lo que ofrecen y en lo que cobran y ya tienen claro que su enemigo son los de internet, y que no pueden molestar al cliente con ofertas imaginativas o simplemente ventajosas, por que aquí de lo que se trata es de ganar mucho dinero.

Es lo mismo que cuando había monopolios estatales, solo que entonces se llevaba la pasta el estado y ahora son unos cuantos particulares.

Los intentos europeos de liberalizar han quedado en un manifiesta mejora del patrimonio de algunas personas que consiguieron las licencias pertinentes. Licencias jurídicas y también cortesanas.

Me gustaría que alguien me explicase en que se diferencia el servicio que dan estos operadores.

Es como si todos los restaurantes diesen la misma comida.

La por otra parte delirante estrategia liberalizadora caracterizada por obligar a los que disponen de los recursos a ponerlos a disposición de sus competidores ha llevado a esta situación de encefalograma plano en que nos movemos, donde la innovación es nula y la única forma de crecer es comprar mercado comprando competidores.

Así que no solo no vamos hacia adelante sino que lo hacemos hacia detrás como los cangrejos en una secuencia evolutiva inversa y una tergiversación de las leyes del mercado en la que la voluntad del cliente es suplantada por los tejemanejes de los que se han colocado en el sitio preciso gracias a sus posiciones de privilegio.

No es que Jazztel fuese una operación seria, ni que nunca se propusiese competir de verdad, (excepto tal vez en la imaginación de Martin Warzasky), pero ahora mucho me temo que el mundo de las telecos españolas se encamina hacia el aburrimiento de un negocio maduro en el que cada vez trabajará menos gente.

Ojalá me equivoque.  

lunes, 15 de septiembre de 2014

Don Isidoro y el Corte Inglés de toda la vida

Como si de una nueva epidemia de ebola se tratase, los miembros del Consejo de la Competitividad de España van cayendo uno a uno.

A lo mejor es una nueva versión de Diez Negritos, la célebre novela de Agatha Christie, y nos faltan por ver otros ocho. Yo que Alierta me haría un chequeo rápidamente.

Claro que Isidoro Alvarez hacía lo posible para embarcarse en un crucero por el Hades, gracias a sus aficiones: comida, bebida, tabaco, señoras y trabajar 16 horas los siete días de la semana.

Como vivo cerca de la sede de la empresa, deduzco que esas aficiones son compartidas por los que allí trabajan: bares por doquier, colillas a miles, y numerosos anuncios de servicios de relax que tapizan los parabrisas de los coches aparcados en las cercanías.

El directivo medio que yo percibo es de mediana edad, tirando a lo hortera, con brillantina, sobrepeso y la tensión arterial disparada. Traje y corbata apretados como para mantener a los indivíduos cerca del estrangulamiento. Ellas de muy buen ver.

Yo recuerdo cuando se abrió el Corte Inglés de Goya, que fue un acontecimiento. Y cuando tras la expropiación de Rumasa nada más comenzar el mandato de Felipe González, compraron Galerias Preciados y se quedaron con su edificio en la misma zona de la ciudad.

Sin duda es una de las grandes empresas españolas, lo que no dice mucho a favor de nuestra economía industrial, y desde luego de las que más empleo ofrece.

Es además gran anunciante y por eso los medios de comunicación los tratan con un respeto un poco demasiado untuoso y servil. Su lado oscuro es ignorado y solo se ven sus virtudes, que las tienen.

Es un patriarcado a la antigua, donde la norma es la militancia laboral de por vida.

Los directivos entregan su vida a la causa, literalmente hablando, supongo que con la idea de que sus hijos disfruten de lo que ellos ganan, y se jubilan cuando son ancianos o cuando lo manda la empresa, que es cuando pueden vender las acciones.

No es que lo critique porque los que acceden a esos puestos lo hacen voluntariamente, y no solo eso, supongo que se matan para conseguirlo y muchos provienen de las filas de la infantería, porque lo normal en esa empresa es empezar por abajo.

Muchos capos de empresa, en todo el mundo, tienen ese perfil de enfermos del trabajo que tenía Isidoro Alvarez, y supongo que es necesario, pero cuando veo a esos directivos sudorosos, sobrepesados, fumando los cigarrillos de dos en dos y con la corbata tan apretada, me alegro mucho de haberme podido dedicar a otra cosa.

Supongo que Dimas Gimeno, sobrino de Alvarez, que a su vez era sobrino de Ramón Areces, el fundador, será un ejemplar de la misma escuela y nada va a cambiar en la casa.

Me temo que para dirigir una empresa como el Corte Inglés es lo que hace falta.

        

viernes, 12 de septiembre de 2014

El nacionalismo se desborda

Y no me refiero al catalán solamente. Es en general. Una oleada de irracionalidad recorre Europa al socaire de la crisis de futuro del continente que un día gobernó el mundo.

Las raíces de este auge de barretinas y kilts no creo que haya que buscarlo solamente en el recuerdo de las hazañas de Braveherat o Casanova, sino mas bien en miedo oscuro de unas clases medias que creen que en base a las supuestas riquezas de su "comunidad", van a poder evitar el futuro de decadencia del estado del bienestar que amenaza a los estados a que pertenecen.

Tanto escoceses como catalanes piensan que ellos por su cuenta van a poder salir de la crisis mas deprisa o simplemente con mayor eficacia si se desprenden del peso de los ciudadanos de otras comunidades del país a quienes consideran un "peso muerto".

Es la misma historia de la Padania italiana, e incluso de la Baviera alemana.

Los ricos abandonan a los pobres a su suerte. (O eso creen ellos).

Cuando se hacen llamamientos a la cordura no se comprende que lo que está por debajo de estos movimientos es el miedo. Y el miedo es un sentimiento poderoso.

En otros lugares ese miedo se manifiesta votando a la extrema izquierda o a Podemos, aunque en este último caso creo que se trata mas bien de la desesperación lo que lleva a la gente a votar una opción tan inverosimil.

Y del miedo al odio somo hay una ténue película de separación.

No se como acabarán los procesos catalán o escoces. Lo que si creo que puede augurarse es que nada volverá a ser como antes.

Las patologías sociales dejan una huella indeleble en el imaginario colectivo  y también en la mente de cada persona individual.

Vale que en España a casi nadie le preocupa lo que puede ocurrir a un país que muy poca gente considera importante defender, o en el que se confunde constantemente el interés general con el interés particular de modo que se llega a considerar a un gobierno como el enemigo por encima de cualquier otro enemigo.

Vale que a lo mejor efectivamente España es un país moribundo y que lo mejor que podríamos hacer es emigrar.


Vale que efectivamente vemos el futuro colectivo y particular con aprensión.

Pero esta actitud de bajarse del barco en plena tormenta para salvarse sin tener en cuenta a los demás, resulta muy antipática y despreciable.

Dan ganas de decir ¡iros a la mierda y no volváis por aquí!

Y en realidad creo que es lo que casi todos pensamos.