martes, 16 de febrero de 2016

Corruptos y corruptores

La dimisión de Esperanza Aguirre tras su paso por el "parlamento" madrileño y el programa de Jordi Ebole es un paso más en el camino que nos lleva a dar por bueno que en España no hay político que se salve de la corrupción.

Se había resistido a dar este paso pero el trago de aguantar a los inquisidores podemitas y la reflexión de Josep Borrell en el programa de Ebole sobre la necesidad de asumir responsabilidades políticas, creo que fueron demasiado incluso para ella.

El programa se emitió después de la dimisión, anoche concretamente, pero se había grabado antes y la cara de Aguirre ante las palabras del otrora enfant terrible del socialismo español, reflejaba que ya no iba a resistirse más.

Es posible que Aguirre no se haya embolsado nada del dinero que llegaba a su partido para su mantenimiento de manos de empresas adjudicatarias, pero naturalmente que sabía que ese dinero llegaba. ¿Como no lo iba a saber?

En realidad lo sabemos todos.

En la Transición se creó el sistema de partidos y se hizo con muchas imprecisiones y mucha ingenuidad.

Imprecisiones a la hora de poner límite al poder que podían llegar a alcanzar y que entonces era inimaginable, e ingenuidad a la hora de pensar que las campañas electorales y los gastos estructurales los iban a pagar los militantes, (que también iban a trabajar en las campañas).

Naturalmente eso no duró mucho y pronto hubo que pagar a profesionales para que pegasen carteles o para que llenasen mítines.

Y entonces se vio que no había dinero en la caja y la consecuencia fue pedir a los amigos y estos amigos, que eran empresas, pidieron algo a cambio.

Como la ley no permitía estos intercambios, comenzaron a circular los maletines y a extenderse las facturas falsas.

Y los "tesoreros" comenzaron a disponer de unos fondos que no existían y claro, la tentación de "distraer" una parte de esos fondos inexistentes, era y es muy fuerte.

Los de la dirección miraban hacia otro lado y no "sabían" nada. El dinero fluía y se pagaban las facturas o se utilizaban circuitos paralelos montados sobre servicios a precio regalado.

Los de arriba no se manchaban. Y los que estaban en la mierda aguantaban sabiendo que si les pillaban tendrían que comerse el marrón.

Dos tesoreros del PSOE fueron a la cárcel, y los del PP se salvaban por sus triquiñuelas legales, de las que tanto sabe Trillo el que ahora es embajador ante la corte de San Jorge.

Hasta que llegó Bárcenas que no estaba dispuesto a comerse el marrón. En Génova entraron en pánico. "Se fuerte Luis", y otras lindezas pero Bárcenas se había hecho una fortunita y eso molestó a muchos.

Mientras en Madrid y Valencia, menudeaban los personajes turbios entre los que sobresalía un tal Granados, mano derecha de Aguirre.

Y cuando los negocios de Granados se juntaron con los negocios valencianos y de la Gürtell, la cosa comenzó a entrar en ebullición.

Y así llevamos años ya.

Y la gente se cansa. Se cansa de ver como todo son razones para aplicar la "racionalidad" económica al común de los mortales mientras los que aplican esa racionalidad se aplican una vara de medir muy diferente.

Y se cansa de ver como no pasa nada.

Los partidos tienen que existir y los partidos tenemos que pagarlos. Las obras públicas y las campañas hay que hacerlas y alguien tiene que hacerlas.

Lo que no puede seguir pasando es que una cosa y la otra estén mezcladas.

Y hay que poner fin a este baile de corruptos y corruptores antes de que nos lleve la corriente a todos.



      

miércoles, 10 de febrero de 2016

Titiriteros y jueces, una mala mezcla

Todo este asunto de los títeres y el ayuntamiento de Madrid es un esperpento que mueve a la perplejidad no solo a los propios sino también y por lo que ha aparecido en la prensa foránea, a los extraños.

Está bastante claro que en la nueva corporación municipal hay gente que no comprende que está en esos puestos para gestionar el funcionamiento de los servicios públicos y no para hacer la revolución, y que no puede ocultar sus simpatías por el anarquismo en el que han estado militando alegremente cuando no pensaban en despachos ni en cargos.

Incluso está bastante claro que muchos de ellos no tienen la inteligencia suficiente para hacer el tránsito hacia la madurez que todos en algún momento de la vida hemos tenido que hacer cuando damos por terminada la primera juventud despreocupada e idealista y nos empezamos a ocupar de ganar un sueldo y pelear por un lugar bajo el sol.

Entre otras cosas, llevamos meses presenciando el deterioro de la limpieza de la ciudad y eso que ya estaba sucia con la anterior corporación.

Y hemos empezado a ver el efecto de cogersela con papel de fumar en materia urbanística con el abandono de proyectos que seguramente no eran maravillosos pero que podían haber sido encauzados en lugar de paralizados.

Y también como van cayendo en los vicios de siempre de contratar a los amiguetes en lugar de buscar gente cualificada.

Va Carmena la pobre tratando de apagar incendios mediáticos poniendo muecas bondadosas ante las sucesivas fechorías de sus acólitos, pero ya debe de saber a estas alturas que no hay nada que hacer y que está en una cruzada tan solitaria como la de Don Quijote.

La última o tal vez penúltima ha sido la de encargar a una denominada "cátedra de la memoria histórica" de la Universidad Complutense un censo de las calles con nombres franquistas en el que se incluyen a todos los que fueron algo y además eran simpatizantes del régimen, lo que implica que Dalí o Manolete podrían ser considerados cómplices de los malos en todo aquel tiempo.

Resulta tan grotesco que parece un esperpento y ya Carmena ha dicho que de eso no hay nada pero la lista existe y el ayuntamiento ha pagado por prepararla.

Y el asunto de los titiriteros debería haber sido una más en esta lista de esperpentos si no fuese porque un juez se ha mosqueado con la representación de marionetas en la que se ahorca a un juez y ha mandado a los dos anarco-titiriteros a la cárcel unos días hasta que el ministerio fiscal, o sea el gobierno, se ha dado cuenta que estaba fabricando unos nuevos héroes de la causa anti-sistema que tantos simpatizantes tiene en nuestro país.

Y es que en España derechas e izquierdas siempre encuentran buenas razones para exculpar a los que consideran de "su cuerda".

Así las derechas siempre disculpan a los filo-nazis y los de izquierdas siempre disculpan a los anarquistas o estalinistas.

Parece que no podemos trazar líneas simplemente democráticas y dejar de disculpar a los cafres de una u otra orientación.

Porque si no somos capaces de condenar a los cafres de "nuestro lado", ¿como vamos a condenar legítimamente a los del otro lado?

Resulta repugnante escuchar como se defiende a los titiriteros en base a los escándalos de Valencia o Mallorca. ¿Que tiene que ver una cosa con la otra?

Y a los otros hacer la recíproca. Basta ya.

Lo de los titiriteros anarquistas es una actuación payasil que merece reprobación y merece que la concejala irresponsable dimita por acumulación de tarjetas amarillas.

Y lo del ayuntamiento de Valencia ya está en los juzgados y terminará como el rosario de la aurora.

Pero tenemos que aprender a dar a cada cosa la importancia que tiene.

Las leyes anti-terroristas en España son muy duras porque venimos de donde venimos, pero no están para encarcelar a dos gilipollas perroflautas.

Eso solo nos pone en ridículo internacional y nos sitúa como ese país donde siempre pasan cosas tan raras.

      

martes, 9 de febrero de 2016

Por qué Podemos es una opción tan mala

Que el sistema político español tiene que corregir algunos males profundos no puede ser cuestionado a estas alturas.

La efervescencia de los casos de corrupción, la intolerable invasión de las instituciones del Estado por parte de los partidos dominantes, la falta de liderazgo ante las situaciones de crisis, la evidencia de que la política es el reino de los torpes y los réprobos y la falta de escrúpulos de quienes nos gobiernan a la hora de reformarse, exigen un cambio profundo y sincero.

Es igualmente comprensible que la situación de emergencia que ha sacudido a una buena parte del país y ha dislocado a tantas familias, genere un desafecto enorme respecto a la marcha del país en general. ¿Que más me da a mi si el país se va a la mierda?.

No es esta la primera vez que pasa este tipo de situación en España.

La debilidad de nuestra estructura industrial hace que demasiadas personas dependan para vivir de fuentes inseguras e irregulares de obtención de fondos, y que demasiada gente asuma como verdadero aquello de que "al que buen árbol se arrima....".

Igualmente mucha gente depende para vivir de los efectos de las buenas coyunturas económicas de tal manera que cuando estas terminan, pasan de la abundancia a la miseria sin remedio.

Y entonces aparecen las soluciones milagrosas.

Siempre aparecen salvadores con sus fórmulas mágicas: la revolución soviética, la cruzada nazi, la epifanía anarquista, el caudillismo de este o aquel, el poder taumatúrgico de la Iglesia o la sumisión sublime al Dios de los desiertos arábigos.

De todo hemos tenido y de todo volvemos a tener.

Los proyectos de regeneración ilustrada de España siempre duran demasiado poco y nunca terminan de cerrar el paso a los irredentismos mágicos que bajo capa de "trabajar para el pueblo", nos alejan de la construcción de unos cimientos sólidos sobre los que construir un país decente y próspero.

Decía Ortega que lo malo de España es que todo el mundo se pregunta en las crisis ¿que va a pasar? y no ¿que podemos hacer?, y siendo verdad, yo añadiría que el problema es que ante las situaciones de crisis siempre tendemos a buscar las soluciones mágicas y nunca la prosaica y humilde realidad.

Y ahora para nuestro mal, estamos en una de esas situaciones.

El sistema, corroído por las termitas de la corrupción, está siendo asaltado por grupos de jóvenes anarquistas o neo-marxistas, cuya ideología queda oculta por las pancartas que enarbolan: ¡decencia!, ¡democracia!, ¡igualdad!, ¡gasto social!

¿Quien se va a resistir a tan bellos conceptos si además los proclaman jóvenes "inocentes" y entusiastas?

Y ¿como les decimos a los votantes que no sigan a estos flautistas de Hamelin, si los políticos que nos han gobernado han probado hasta la saciedad su indecencia?

Y sin embargo hay que decirlo.

Para España salir de la ortodoxia económica o deslizarse hacia los reinos de taifas es una tragedia que nos va a apartar del proyecto de modernización que nos ha traído hasta aquí.

No hay nada en el proyecto de Podemos que sea mejor que lo que hemos hecho hasta ahora.

La democracia es una construcción frágil que hay que estar mimando continuamente. Es muy permeable a las corruptelas y a los estafadores. Es imperfecta. Pero no hay alternativa que no sea mucho peor.

Como demuestra la gestión de los ayuntamientos como el de Madrid, Podemos solo puede ofrecer parálisis administrativa y agitación cultural.

Está muy bien la utopía de que todo el mundo va a cobrar por no hacer nada y que todas las necesidades recibirán una respuesta, pero es una utopía detrás de la cual está la miseria y la dictadura.

Cuando no la violencia y la destrucción.

Apegarse al sistema es a veces insoportable, pero buscar su destrucción es una enorme irresponsabilidad. No hay otro.

Por favor, sigamos a Ortega y pensemos que tenemos que hacer para corregir los errores y mejorar el sistema.

No volvamos a las andadas, que nuestra historia es muy triste.

No enterremos el que puede ser nuestro último intento de ser un país europeo normal.
  

miércoles, 3 de febrero de 2016

Diez mil niños desaparecidos

La actual oleada de emigrantes/refugiados que afluyen hacia la UE deja cada día noticias sorprendentes o simplemente inquietantes como esta de que "faltan" diez mil niños por contabilizar entre los cientos de miles de personas que cada día cruzan de forma clandestina las fronteras europeas.

Como estamos perdidos en una marea de sentimientos encontrados que van de la compasión indiscriminada hasta el miedo irracional a que nuestro mundo se derrumbe, en realidad no sabemos como enjuiciar estos acontecimientos y poco a poco perdemos la capacidad de entender el significado de las noticias que nos llegan.

Me parece que lo primero que deberíamos hacer es comenzar a distinguir la cuestión de los refugiados de la cuestión de los inmigrantes.

La situación en Oriente Próximo resulta tan atroz desde la aparición de esta nueva manifestación del Mal que es el ISIS, que oculta la realidad de un mundo en el que mucha gente se ha cansado de esperar que en sus países cambie algo para que sea posible una vida digna, y mira la sociedad europea con la desesperación de los que miran un escaparate lleno de viandas con el estómago vacío.

Y así la cuestión de los refugiados de la guerra nos lleva a considerar que todos los que se agolpan en las fronteras de Grecia, Macedonia y Turquía, huyen de los demonios fundamentalistas y por lo tanto tenemos que acogerlos sin reservas.

Tras unos primeros momentos de fraternidad impostada, los países europeos han comenzado a levantar murallas y a restablecer las viejas fronteras que parecían haber desaparecido para siempre.

Las vallas de Ceuta y Melilla, en lugar de convertirse en una anécdota como querían los tantos bienpensantes de nuestro país, se han extendido incluso a los países mas civilizados como Suecia, y amenazan con envolvernos a todos en una red interminable de alambradas y concertinas, de la misma forma que los aeropuertos se convirtieron hace unos años en lugares de escrutinio y humillación.

Si queremos salir de esta situación tenemos que considerar que la cuestión de los refugiados no puede tener la misma solución que la de los emigrantes.

Entre otras cosas porque es gracias a esta confusión que las mafias que trafican con personas hacen sus oscuros negocios.

Los refugiados deberían ser puestos a cubierto de la violencia de la guerra y deberíamos ocuparnos de que tuviesen unas condiciones de vida aceptables que deberíamos pagar sin discusiones, incluso con un impuesto especial para que sepamos que hacer buenas obras cuesta dinero.

Y deberían permanecer en lugares cercanos a sus lugares de origen para que puedan regresar cuando la violencia cese. Porque si los países poderosos quieren, la violencia en la zona cesará. Aunque eso signifique implicarnos en la guerra de una forma directa.

Los campos de refugiados son la solución pero hay que atenderlos y en este caso pagar a Turquía, que es donde están, una buena parte de la factura.

Y otra cosa son los emigrantes.

Los que piden que no se pongan límites a la emigración no saben lo que dicen.

Ni cuando Estados Unidos se estaba poblando, o Australia, se permitió a cualquiera emigrar.

Siempre se establecieron controles sanitarios y se exigió unos mínimos de capacidad de supervivencia a los que llegaban. Y a los que no cumplían se los rechazaba.

Lo de ahora se parece a las invasiones de los bárbaros germanos en los siglos III al V que destruyeron el tejido social del Imperio Romano y provocaron su desaparición.

Ninguna sociedad tiene capacidad para acoger y asimilar a millones de nuevos ciudadanos.

Así que hay que hacer algo.

Y no puede ser dejar entrar a todos ni tampoco mirar hacia otro lado como si el problema pudiese desaparecer por si solo.

Tenemos que pensar en los problemas como adultos y no como niños.

Cada día me convenzo más que hay que responsabilizar a los ciudadanos por la vía de los impuestos.

Me parece que tenemos que reformar el actual sistema en el que le damos todo al Estado para que este lo administre, y pasar a otro sistema en el que paguemos por cada cosa.

Creo que cuando tengamos que pensar en lo que nos cuesta a cada uno de nosotros cada refugiado y cada inmigrante, o lo que nos cuesta cada km. del AVE, o la policía, o lo que sea, nos vamos a volver mucho más responsables.

Y así cuando nos cuenten películas de miles de niños desaparecidos, en lugar de poner el grito en el cielo, nos preguntemos si de verdad eran diez mil, si de verdad eran niños, o si de verdad quien ha puesto en marcha esa historia tiene buenos propósitos, o si es algún vocero de la mafia que quiere debilitar aún más nuestro sistema fronterizo. (Para hacer mejor su negocio).  

   

domingo, 31 de enero de 2016

Sánchez quiere ser Presidente

La pregunta es ¿para qué?

¿Acaso es tan tonto como para no saber que la políticas expansivas del gasto público no son posibles teniendo en cuenta nuestro nivel de deuda y nuestro creciente déficit?

¿Acaso no sabe que si la prima de riesgo-país vuelve a dispararse no nos salva del rescate ni la Santísima Trinidad?

¿Acaso no sabe que la recuperación económica esta pillada con alfileres y con todas las ventajas de la reforma laboral y que si todo esto vuelve a como solía, vamos a volver a las largas colas del paro?

¿Acaso no sabe que Podemos, aunque esté en el Gobierno le va a jugar a la oposición y le va a dejar en ridículo cada vez que tenga que tomar una medida "poco popular"?

¿Acaso no sabe que el órdago catalán va a seguir sea cual sea la oferta de reforma constitucional que se haga?

¿Acaso no sabe que las políticas humanitarias dentro de la UE se van a endurecer?

¿Acaso no sabe que su propio partido se va a romper en cuanto se salga un milímetro del guión que le marquen?

Entonces, si no es tan tonto y sabe como cualquiera todas estas cosas, ¿por qué se empeña en ser Presidente de Gobierno habiendo obtenido en las urnas el resultado mas desastroso de la historia de su partido?

La respuesta solo se puede encontrar en el marco de lo personal.

Sánchez sabe que o es Presidente ahora o se vuelve a su trabajillo de profesor asociado o como se diga ahora y se pierde para siempre en las nieblas de la Historia.

Y con el, la tropa de pretorianos que le arropan y que le preparan esos argumentarios que él repite como un papagayo, venga o no a cuento.

Sánchez debería saber que su papel debería ser el de consolidarse como líder de cara a unas nuevas elecciones, pero también sabe que los barones territoriales de su partido le han puesto fecha de caducidad.

Y por eso se le ha metido ahora en la cabeza que la gente le ha ungido para que lidere "un gobierno del cambio".

¿Pero cambio hacia donde?

No puede ir al cambio que quiere Iglesias, ni al cambio que quieren los independentistas que son los que le tienen que votar, porque ese cambio es la destrucción de España y la ruina de sus ciudadanos.

Ni siquiera puede ir al cambio que quiere él pues la UE nos va a marcar con mano férrea ya que tienen en su mano la llave del crédito barato, y como ha sucedido en Grecia, una cosa es hablar y otra pagar las nóminas.

El único aspecto en el que pueden proclamar el cambio es en el tema de la corrupción, pero ahí sabemos todos tristemente que unos y otros se llevan poco.

En realidad el único programa viable es el de Ciudadanos, pero es el partido que ha obtenido menos escaños de los cuatro grandes.

Y mientras sigue la interminable santa compaña de la corrupción que es lo que nos está matando la moral.

¡Que hora tan triste de nuestro país!  

miércoles, 20 de enero de 2016

Crónica triste de un país en la encrucijada

La posibilidad de que el PSOE que solo tiene 90 diputados de 350, pueda formar gobierno, otra cosa será gobernar, resulta cada vez más posible gracias a la actitud de un PP instalado en no darse cuenta que si quiere sobrevivir va a tener que hacer limpia y no solo de cutis.

Está Sánchez muy crecido porque constata que el odio a Rajoy está bien extendido y ni siquiera los de Ciudadanos se atreven a acercarse no sea que les pegue la tiña o cualquier otra enfermedad vergonzosa.

Y luego están los de Podemos que se les va una risa y les viene otra como al que le ha tocado la lotería y todavía no puede creérselo.

¿Pero que clase de gobierno podría ejercer Sánchez si tiene que ofrecer un menú a la carta a Podemos, al PNV, a IU y a todos los grupúsculos de la Cámara?

Hasta ahora lo único que se le escucha es que tiene que gobernar él porque si no se incumpliría el mandato de las urnas, que según su opinión es de que el PP se largue del poder.

Y que él es la persona indicada para hacer el cambio.

Vale. Pero, ¿cual va  a ser ese cambio?

Porque si el cambio va a consistir en hacer el programa podemita dejando a los vascos con su concierto, que efectivamente les viene de perlas, a lo mejor no nos interesa a los demás.

Dicen los interesados en el apaño frente populista que así no se repiten las elecciones, pero digo yo que ya que se va a violentar de forma flagrante la voluntad de los españoles, incluidos la mayoría de votantes del PSOE, y de acuerdo a las directrices de "democracia popular" de los podemitas, ¿no sería adecuado que una vez los socialistas y los podemitas alcancen un acuerdo, hagamos un referendum a ver si estamos de acuerdo?

¿No sería lo mas democrático que los ciudadanos votásemos el programa de la alianza, ya que lo que hemos votado ha sido los programas de cada uno de los partidos por separado?

Estamos hasta el último pelo de los apaños de los políticos y resulta que los de la "nueva política" lo primero que hacen nada más llegar es aparcar la transparencia y ponerse a jugar a las reuniones y los pactos?

Y que decir de Sánchez que ha alcanzado los peores resultados de su partido en toda la historia y va el tio y se proclama vencedor de un concurso que en  realidad no existe.

La Ley Electoral española es una burla a los ciudadanos y un regalo que se hicieron los partidos políticos a cambio de "estabilidad".

Pero luego lo que hemos visto es que lo que hemos hecho de verdad es propiciar gobiernos de pactos y componendas que ahora alcanzan el paroxismo.

Y desde luego como una de las reformas necesarias es precisamente la de esa Ley, ya podemos olvidarnos.

Ya bastante grave es que vuelva a gobernar el partido de Zapatitos.

Pero que ahora nos vayan a gobernar Pedrito y Pablito es como para salir corriendo.

      

sábado, 9 de enero de 2016

Previsiones para 2016

Retomo la pluma para tratar de explicarme a mi mismo lo que pasa y de paso poner un poco de luz sobre lo que nos puede llegar a pasar si Dios no lo remedia.

Creo que nos enfrentamos a tres desafíos de gran calado como no nos había sucedido desde la Transición: el primero es el desafío a nuestra Constitución y la propia idea de España. El segundo es el desafío a nuestra capacidad para mantener un modelo económico que nos permita vivir dentro de los parámetros de lo que conocemos como el mundo occidental, y el tercero es el desafío a la integridad del sistema de valores que desde los griegos hemos creado los europeos para nosotros mismos.

Empecemos por el primero.

El consenso constitucional del 77 se ha roto.

No solo en la clase política sino desgraciadamente en la propia sociedad española, una gran cantidad de ciudadanos se han alienado del sistema democrático para acudir a alternativas independentistas o utópicas que nos retrotraen a la España del XIX con sus guerras civiles y sus barbaries de vuelo corto.

En Cataluña el proceso de construcción nacional iniciado por los nacionalistas desde el mismo arranque de la democracia, proceso que contó con toda clase de complicidades desde los partidos mayoritarios, ha desembocado en otro proceso de afirmación nacional al amparo de la crisis económica y moral que se ha desencadenado en España.

Y nadie debe llamarse a engaño porque es posible que se pueda detener el proceso de afirmación nacional-independencia gracias a mecanismos legales y a la poca gracia que le hace a la UE, pero el proceso de construcción nacional no se va a detener y cualquier encaje de Cataluña en España tendrá un coste muy doloroso para los españoles.

Mientras, la crisis del sistema de partidos de la Transición consecuencia de la extendida corrupción y de la falta de horizonte de las políticas de distribución de una riqueza que ya no existe, (ni ha existido nunca más que en la mente calenturienta de algunos y en la bajeza moral de otros), ha propiciado una situación de desgobierno que difícilmente puede acabar en algo bueno.

La irrupción de la galaxia podemita en el Parlamento español es un elemento disolvente de la democracia parlamentaria y un obstáculo insalvable a la hora de tomar cualquier acción constructiva.

La misión de Podemos es destruir la democracia y la Constitución del 77 y a ello se van a dedicar con saña con el apoyo de millones de españoles ciegos a la evidencia o enfadados con la situación.

Pero creer que se arreglan las goteras de la casa dinamitándola, es una grave equivocación.

Si se consigue formar un gobierno de coalición será una farsa. Si se va a elecciones el resultado puede ser o bien el retorno del peor PP o la llegada de Pablo Iglesias y sus incendiarios.

En cualquier caso para echarse a temblar.

El segundo desafío es el económico.

España se encuentra en una situación muy delicada, con una deuda enorme que tenemos que financiar a base de crédito internacional, y con déficits permanentes que van engordando la deuda sin que que cale en la opinión pública la necesidad de ajustar ingresos y gastos, algo que casi cualquiera sabe que hay que hacer, aunque al parecer nos cuesta entenderlo.

Además el aumento del peso del sector servicios en detrimento de la industria ha mermado la capacidad del sistema para producir salarios medio-altos lo que ha atacado de forma radical la base de la democracia que es la clase media.

Esto no se percibe todavía con la claridad grave que debería porque hay una masa de pre-jubilados que está todavía gastando al nivel mas o menos de lo que gastaba cuando estaban trabajando y ayudan a sus hijos en lo que pueden. Pero esto va a llegar.

Las medidas liberalizadoras, en realidad ajustes del sistema laboral mas que otra cosa, han conseguido poner a trabajar a más gente aunque sea en condiciones precarias, pero no se ha atacado la base del problema que es el gasto.

Empezando por la hipertrofia de las administraciones públicas y siguiendo por el gasto social que está en una espiral inasumible.

Como la ideología buenista que nos preside tiene como base la atención de todas las necesidades sociales sin excepción y cada año nos esforzamos por encontrar nuevas necesidades que cubrir, lo que no es complicado porque la vida no es  fácil, el gasto crece y se multiplica y nadie quiere ponerle el cascabel al gato. Al contrario, cada vez que hay elecciones hay promesas de nuevos gastos sociales.

Un gobierno de coalición va a ser totalmente contraproducente para arreglar los problemas y más bien al contrario tenderá a aplicar políticas de más gasto y menos disciplina presupuestaria.

A mi lo que más me preocupa es la incapacidad de Europa para proteger su economía de las amenazas de China y Estados Unidos.

Una visión ingénua y la complejidad del proceso de toma de decisiones en la UE nos está dejando sin industria. Y sin ingresos.

¿Como vamos a pagar la factura social si no producimos ingresos?

Y el tercer desafío es el que se refiere a las amenazas que penden sobre nuestra cultura y nuestro modelo de convivencia.

Las oleadas de refugiados/emigrantes ilegales, que en realidad es lo mismo, están incorporando a nuestra sociedad no solo un montón de gente con una idiosincracia diferente a la nuestra, sino que están generando en nuestro interior el debate sobre si lo suyo es mejor o por lo menos igual a lo nuestro.

Y eso nos va a producir tremendos daños.

El multiculturalismo que predican las izquierdas es una tentación suicida que parte del desprecio a la propia cultura. Una cultura que nuestros jóvenes se niegan a conocer.

Hasta ahora los grandes movimientos migratorios se habían resuelto con la integración. Así fueron los movimientos que poblaron America o Australia. Incluso los movimientos que siguieron a la Guerra Mundial se han convertido en movimientos integradores, pero las actuales oleadas de emigrantes musulmanes no se van a integrar, y hay una guerra entre el Islam o una parte de sus seguidores no despreciable, y Occidente y sus valores.

Esa es la verdad que el buenismo y el multiculturalismo pretenden ocultar.

No se cual es la solución pero creo que pasa inequívocamente por reivindicar los valores occidentales y defenderlos a capa y espada.

Todo intento de neutralidad y de relativismo moral debe ser rechazado.

Ha llegado la hora de dar la cara. En muchos sentidos.



          

lunes, 28 de diciembre de 2015

El enigma de nuestras decisiones

Las pasadas elecciones nos han dejado un enigma por resolver: ¿como es posible que mas de cinco millones de personas crean que la mejor salida a sus cuitas sea precisamente ir a contracorriente del mundo?

España es un país surrealista que nos tiene acostumbrados a espectáculos sorprendentes cada determinado número de años.

Y ahora toca esta especie de tragedia en la que una especie de flautista de Hamelin conduce a millones de personas hacia el precipicio con unas pirotécnias verbales propias de un líder de asamblea estudiantil.

Los partidos moderados se suicidaron en un debate atolondrado en el que el líder del PSOE, animado por la desesperación de verse en el paro, se lanzo en un ataque kamikaze contra un Rajoy estupefacto que no supo reaccionar, y se enzarzaron en el exasperante concierto de los reproches que los hundió a ambos y encumbró a Iglesias.

De todos modos la cuestión es como tanta gente piensa que votar a Iglesias y sus colegas de la Facultad de Políticas de Madrid es una buena idea.

Decía Aristóteles que nuestras decisiones se explican en el contexto de un proyecto vital de tal manera que cada una contribuye a su cumplimiento, y es ese proyecto el que infunde racionalidad a dichas decisiones.

Me parece una buena forma de explicar nuestras conductas,...., siempre que efectivamente fuésemos capaces de tener un proyecto de vida racional.

Pero si examinamos muchas de las decisiones que tomamos, entonces tendríamos que admitir que o bien dichas decisiones no se inscriben en ningún proyecto a largo plazo, o bien tal proyecto es irracional.

¿O es que alguien en su sano juicio podría desear que un país europeo, por muy mal que pueda estar, se transforme en una plataforma asamblearia en la que se tenga que votar si se saca la basura y en el que a la vez no hay papel higiénico en la tienda?

¿De verdad que hay cinco millones de personas en nuestro país que creen que se puede tener de todo gratis?

¿O que consideran que el problema del país es que Rajoy sea un antipático?

¿O que confunden honestidad con capacidad para gobernar?

Cada cuatro años depositamos nuestro voto en una urna y confiamos el futuro de nuestra familia y de nosotros mismos a unas personas.

¿Y que les pedimos?

¿Que sean simpáticos y dicharacheros?

¿Que sean honestos?

¿De verdad que si fuésemos a operarnos e apéndice pediríamos que nos operase un señor honesto y simpático?

¿No preferiríamos un doctor en medicina con experiencia y destreza reconocida?

Y ¿como es posible que a quien dirige un país no se le pida nada?

Creo que nuestra irresponsabilidad desafía cualquier lógica aristotélica o que hemos concluido que nuestra miserables vidas no merecen la pena.

No se que es exactamente, pero da miedo.        

lunes, 14 de diciembre de 2015

El Congreso se divierte

La dimisión del embajador Gustavo de Arístegui ha vuelto a poner de manifiesto la inapelable necesidad de cambiar el reglamento del Congreso de los Diputados español, que más que un foro de representantes de los ciudadanos, parece un club de representantes de intereses empresariales o lobistas.

Como tengo la convicción de que las actividades de defensa de los intereses empresariales no solo es lícita sino también necesaria en un tiempo en que es imposible, incluso para personas cultas, seguir la actualidad de todos los problemas que generan las nuevas tecnologías, los intercambios internacionales, o incluso los avances de la agricultura, me parece que quienes se dedican a representar todos esos elementos ante la avidez regulatoria y legislativa de las administraciones públicas tienen que ser bienvenidos y respetados.

Lo que no puede ser evidentemente, es que legisladores y lobistas sean las mismas personas.

Esto es tan simple que tener que recordarlo parece una tautología. Lo malo es malo. O una aplicación del principio de contradicción: lo malo no puede ser bueno.

Pero al parecer para el presidente del Congreso, la "Mesa" del Congreso y los abogados de la casa no solo no es una tautología sino que tampoco es contradictorio.

A lo largo de los años y bajo presidencias de diferentes partidos y gobiernos, a los que deciden la aplicación del reglamento de las cámaras, les ha parecido perfectamente que los diputados puedan a la vez ser lobistas.

Semejante desparpajo no tiene en mi opinión precedente en el mundo civilizado.

Tal vez en Nicaragua o Venezuela o en otros países tropicales, donde la exuberancia del clima hace propender a la extravagancia y el desenfreno, sea posible que un diputado en cortes simultanee su trabajo legislativo con la acción de "consultoría" consistente en representar empresas españolas ante compradores públicos de países extranjeros e incluso llevar a cabo dicha "representación" a base de sobornos y otras lindezas.

O en un rizo extremo, que personas como el actual y todavía no dimitido embajador de España en Londres, Sr. Trillo, representase y aconsejase a empresas españolas ante las cuestiones legislativas y regulatorias llevadas a cabo por él mismo y sus compañeros en el Congreso.

¿Pero en España?

El caso es que me parecía raro que aún después de que Bruselas regulase los lobis en lo relacionado con la acción ante los órganos legislativos de la UE, en España un silencio espeso rodease el asunto.

Regular los lobis significa ni mas ni menos que los lobistas y sus empresas tienen que salir a la luz y apuntarse en un registro que es público. Decir quienes son sus directivos y empleados y también quien tiene la propiedad.

Y claro está que a los diputados españoles esta posibilidad les ha debido parecer siempre amenazadora como la peste bubónica, así que nos hacían creer que no se regulaba esta actividad por escrúpulos morales, o sea que en España no se hacía lobi, que estábamos por encima de eso.

Y lo que pasaba en realidad es que eran ellos los que monopolizaban tan importante y seguramente remuneradora actividad.

¿Hasta cuando vamos a seguir así?

Si los políticos no quieren que sigamos pensando que son unos ladrones más les vale que comiencen a arreglar cosas concretas y que se dejen de gilipolleces como las que vamos a escuchar esta noche en el debate de la televisión.

Aunque ya sabemos que cuando la campaña escampe nos olvidaremos de esta cosas sin importancia del Congreso y dejaremos que los diputados sigan engrosando sus cuentas corrientes a base de consultar y representar.

El Rey Emérito, cuyos méritos yo no discuto, tiene mucha responsabilidad en que estas prácticas hayan sido consideradas "normales". Si él lo hacía, ¿por qué no iban a hacerlo los demás?



PD. Ya se que se dice lobby y no lobi, pero me parece que es tiempo de normalizar también el lenguaje.          

martes, 8 de diciembre de 2015

Volver

La frase mas significativa que he escuchado recientemente en la política europea no ha tenido nada que ver con el debate que ayer noche mantuvieron los representantes de los cuatro partidos españoles, sino con lo sucedido en Francia hace unos días, cuando el Frente Nacional ha confirmado su tendencia al alza entre el estupor y el susto de la clase política en general.

No se quien la ha pronunciado ni donde, pero era un militante o votante del Frente Nacional y dice así: "queremos volver a la vida que teníamos antes".

Me parece que si se hiciese un estudio en toda Europa veríamos con meridiana claridad que esa es precisamente la aspiración de la mayoría de los ciudadanos.

Volver a la vida que teníamos antes, o sea, a una vida sin extranjeros, con inviernos y veranos, y con trabajos bien remunerados para casi todos.

Podríamos añadir, una vida con esperanzas de jubilarnos anticipadamente, de que la sanidad pública mejorase, que nuestro poder adquisitivo fuese creciendo y que nuestros hijos viviesen mejor que nosotros.

Ayer, en el debate español, nadie se refirió a este tema pero naturalmente que ese es el tema que nos ronda a todos. Volver.

Y nadie se atreve a decir la terrible verdad que es que ya no podemos volver.

Los extranjeros no se van a ir. Es más, van a seguir llegando hasta que el sistema se derrumbe.

El clima no va a mejorar. Por muchas medidas que se tomen a partir de ahora el daño está hecho y ahora sufriremos las consecuencias.

Y el buen trabajo para casi todos no va a regresar. Ahora hay trabajo bien pagado para pocos y con esfuerzo máximo, y trabajo mal pagado para muchos y sin condiciones.

Esto es lo que hay.

Así que los debates como el de ayer son penosos.

Los candidatos se esfuerzan por repetir los eslóganes que les han preparado sus expertos en marketing político y en desacreditar al adversario. Lo primero resulta aburrido, lo segundo estomagante.

Al final nadie sabe si proponen subir los impuestos o no. Si quieren cambiar la Costitución y en qué. Que piensan hacer con Cataluña. Como piensan crear empleo. Como piensan seguir pagando las pensiones. Y así todo.

De lo que se trata es de pedir a los votantes que confíen en ellos para gestionar lo que venga y para mantener lo que tenemos.

Y claro, la gente que vive de salarios mínimos, de pensiones mínimas o de prestaciones sociales igualmente mínimas, que son la mayoría de la sociedad, se pregunta ¿y que hay de lo mio?

¿Cuanto tiempo vamos a tardar en que surja una Marie Le Pen en España que prometa a toda esa gente volver a lo que teníamos antes?

Desde luego, si surge, no se quien podría hacerle frente.

Sanchez es un muñeco de plastilina cuyo discurso buenista feminista aburre hasta a los más fervientes socialistas.

Iglesias es un líder estudiantil desenfadado cuyo éxito refleja el fracaso del sistema educativo español.

Soraya y Rajoy son dos funcionarios sensatos pero sin capacidad de encanto.

Y a Rivera le falta un hervor...o dos.

Un fantasma recorre Europa. No es el comunismo sino el un nuevo populismo nacionalista y reaccionario.

Tardará en llegar a España, porque nosotros estamos todavía encantados con la democracia, pero llegará.

Mientras, da miedo pensar en el próximo gobierno.