jueves, 17 de septiembre de 2009

Vuelve el SIMO

Hoy va de nostalgia, puesto que estamos a punto de que resucite el SIMO, el ya legendario salón de la informática y las telecomunicaciones, que cuando lo fundó Luis Alberto Petit allá por los años setenta, fue una auténtica revelación. Y eso que era, como su nombre indica, un "salón internacional de las máquinas de oficina", ya que por aquel entonces el pensar que los ordenadores pudiesen estar en las mesas de los escolares hubiera sido considerado como un síntoma de ligereza mental.

Curiosamente, esas máquinas de oficina captaron desde el principio el interés de muchísima gente, y el SIMO se convirtión en una cita anual a la que cada vez acudían mas empresas y mas público.

Obtener una invitación era un privilegio que permitía ir los días profesionales y no el último día que quedaba para los pringados.

Si muchas empresas te enviaban invitación era constatación de tu importancia y estatus en el sector, y además podías repartir invitaciones a familiares y amigos y quedabas estupendamente.

El SIMO pasó por diferentes localizaciones cada vez mas grandes hasta desembocar en los actuales recintos, donde llegó a ocupar casi todos los pabellones.

Los que hemos trabajado en este sector hemos pasado muchas horas en el SIMO.

Yo he sido responsable de pabellones de dos empresas y me he tenido que "chupar" días enteros a la caza del cliente o el amigo, de los representantes de la administración y de los periodistas.

Por tener hasta tuve en una ocasión una manifestación, que fue la primera (y creo que única) que ha habido en la historia del certamen, y que me valió una llamada muy nerviosa del anterior director y una tarde infernal rodeado de las "hordas" sindicales que rodeaban nuestro pabellón del que mandé marcharse a todo el mundo menos a los de seguridad. Allí me quedé solo, como el general Custer, aguantando el chaparrón en medio del pabellón y de la curiosidad de los visitantes.

También nos hemos reído mucho en otras ocasiones.

Y sobre todo se creaba una amistad entre todos los representantes de las empresas que luego era muy útil a la hora de hacer contactos o de resolver problemas.

Ahora bien, siempre me pregunté a que demonios iba la gente (quiero decir los no profesionales).

Aquella gente que vagaba por los pasillos mirando unas máquinas inertes o que lanzaban pantallazos incomprensibles.

Mi conclusión después de muchos años es que iban por tres cosas.

La primera las azafatas.

La segunda los regalitos de bolis, llaveros, globos, etc.

Y la tercera y definitiva por llevarse unas bolsas enormes llenas de folletos y panfletos.

La gente que más bolsas y folletos conseguía, salía del SIMO con la cara resplandeciente de felicidad como si se llevara a casa un pedazo de modernidad tecnológica que entonces parecía mágica, aunque sólo fuera palabrería comercial.

¡Ay, aquellas bolsas de SIMO...!

Hoy resucita el certamen como un encuentro profesional que yo me temo que no hace falta, pero quién sabe. Lo cierto es que el mundo subsisten los SIMOS, se llamen Cebit o de otras formas.

Yo les deseo mucha suerte.

2 comentarios:

Alejandro Cordón dijo...

Lo mejor del SIMO era, sin duda alguna, escaparse una mañana de diario de la universidad y tratar de entrar en el recinto con una entrada que estaba a nombre de otra persona :-D

La_Hierbas dijo...

Yo no entiendo mucho de ésto, pero recuerdo que entre los periodistas del sector criticaban, y mucho, la labor del director, Santiago Quiroga...decían que tenía mucha culpa de que Simo estuviera como está hoy en día.
PD-Me ha hecho mucha gracia lo de la gente cargada con panfletos...