martes, 29 de septiembre de 2009

Desde el metro

Ahora mismo, a las 10 de la noche, me encuentro en el suburbano madrileño. Con el libro bajo el brazo una vez volteada la contraportada, he pensado en pasarme al otro lado de la literatura. He rebuscado en mi teléfono móvil (nomenclatura que a todas luces se ha quedado corta con los años) y en breves minutos ya tenía los pulgares sobre la pantalla.

Me resulta fascinante pensar cómo es posible escribir para una audiencia mundial desde un asiento del metro. Las palabras que tecleo estarán a disposición de cualquier habitante de este planeta en el preciso instante en el que pulse la etiqueta "Send".

Parémonos a pensar en el gran poder que tenemos en nuestras manos, y nunca mejor dicho.

La imprenta supuso una ambiciosa revolución hace poco más de 500 años porque permitió a los autores hacer llegar sus escritos a una cantidad de ojos lectores nunca antes imaginada. Pero en el otro lado de la página, permitió al gran público acceder a textos que hasta ese momento sólo podían tener la gente rica a través de copias manuales.

Internet es, entre muchas otras cosas, una nueva imprenta a la enésima potencia. No es sólo que yo pueda publicar desde el metro al resto del mundo. Es que el resto del mundo puede leer lo que yo escribo desde el metro. Y lo que escriben muchas otras personas, sin duda mucho más interesante que mis divagaciones textualizadas.




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2 comentarios:

Antonio Cordón dijo...

Desde luego es fascinante, pero en la comunicación aparte del emisor tiene que haber un receptor, y eso Internet no te lo garantiza. Lo que se ha perdido por el medio es no solo la distribución sino también y de manera especial la polarización en torno a unos pocos temas.

Internet es un oceano tridimensional al que arrojamos miles de millones de mensajes en una botella a ver si llegan a alguna parte, pero en su inmensa mayoría solo van a un gigantesco cementerio de mensajes no leidos, donde seguramente se encuentra mas de un secreto inconfesable.

Tema para una novela.

Alejandro Cordón dijo...

Internet no te garantiza el receptor, pero sí que lo habilita. Muchos mensajes no serán jamas leídos, pero sí que permite alcanzar a leer mensajes que nunca antes habían tenido posibilidad de llegar a sus receptores interesados.