martes, 24 de enero de 2012

Libros con Arturo

En España hay poca gente inteligente a la vez que cultivada, por lo que a todos ellos merece la pena intentar leerlos y/o escucharlos, aunque digan cosas con las que uno no está de acuerdo. De hecho, en esos momentos es cuando con más interés uno ha de leer. Con esa idea sigo Arturo Pérez-Reverte, escritor al que la edad le ha quitado los pelos de la lengua y cuya opinión merece la pena casi siempre revisar.

En este caso habla de la cuesta de Moyano y su valor como refugio de libros antiguos. El hombre se lamenta de la poca afluencia que tiene esta castiza calle madrileña, de lo mal que va el negocio para los libreros que día sí, día también, pasan la jornada en las casetas tratando de vender algo.

Argumenta Arturo que los libros no son caros, como mucha gente se empeña en señalar como excusa a la hora de recurrir a las descargas de Internet. Que en esta calle uno puede encontrar 3 ó 4 libros por el precio de una caña y una tapa. Así, quien no compra un libro es porque no quiere, o porque no lee, dice. Y es cierto, nunca he pensado que comprar un libro sea algo inalcanzable para alguien que realmente quiera hacerlo. Y si bien los libros antiguos, liberados de las restricciones impuestas por las editoriales, alcanzan precios más que razonables, el precio de los libros en nuestro país es desorbitado en comparación con lo que uno puede ver en otros países del mundo. Escudados en las ediciones de tapa dura, uno se encuentra con precios que doblan los ingleses o franceses. Siempre recurro al ejemplo de La Sombra del Viento, más caro en España que en UK traducido al inglés. Tiene bemoles la cosa.

Así que, Arturo, tiene usted razón, el que se descarga un libro rara vez lo hubiese comprado (como igual ocurre con las películas o series), y este país no se caracteriza precisamente por su afición a la lectura. Pero también hay que entender que el negocio de los libros está en plena mutación y la cuesta de Moyano, por mucho que nos duela, quedará como un pequeño reducto para nostálgicos como usted. Otros tantos como yo, preferimos husmear en el catálogo del Kindle.

4 comentarios:

Antonio Cordón dijo...

El mundo de los libros no va a resistir la revolución digital, como no la ha resistido nada hasta la fecha.

Y el mundo de los libros antiguos me temo que aún menos.

la razón principal de visitar la Cuesta de Mollano no era la de encontrar libros baratos, sino libros descatalogados.

La digitalización de los fondos editoriales pondrá fin a tal necesidad, de la misma forma que ha ocurrido en la industria discográfica.

No obstante, las búsquedas de libros perdidos, o de discos, me han proporcionado ratos excelentes que como decía el replicante, ahora se perderán como lágrimas en la lluvia.

Antonio Cordón dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Unknown dijo...

Sí yo también era asiduo de la Cuesta de Moyano, me gasté algún dinero de mi sueldo en libros antiguos, tengo especial cariño por una pequeña Constitución del 1812 de La Pepa.

Ahí aprendí que el objetivo de un gobierno es procurar la felicidad de la gente. De ahí que yo creo que la pregunta que falta es saber qué es lo que hace a una persona ser feliz, y según ello deducir si un gobierno gobierna bien. Y creo que esta política de estos años antes de la crisis, de facilitar todo al individuo , un excesivo sentido del bienestar lleva a una debilitación de la gente, a un 1984 de Orwell, y le hace más egoista e insolidario, le hace como un pollo de granja o una trucha de piscifactoría, alimentada, curada , muerte digna ... les dan todo pero a cambio carecen de personalidad (así son buena parte de los jóvenes actuales educados en ese darles todo) y en mi opinión no puede ser feliz quien es egoista ... en fin.

También guardo una Historia de España de lafuente de unos 20 tomos, se la compré a Berchi por 60.000 pts.

Hace un par de mese pasé por ahí, me enteré de que Berchi había muerto (ya estaba muy triste los tristes años que estuvieron fuera de Moyano), me dió mucha pena.

Saludos

Antonio Cordón dijo...

Si que es una pena que se extienda el conocimiento digerido como una plaga.

El no tener que moverte de la silla para acceder a "cualquier" cosa, y lo pongo entre comillas porque precisamente a lo que accedemos tan facilmente es siempre una versión digerida, es una tragedia para el pensamiento individual.