miércoles, 27 de enero de 2010

La maldición del átomo

Seguro que alguna de las novelas de ciencia ficción que leía en mi ya lejana adolescencia se titulaba así, ya que los sesenta fueron años de guerra fría y de noticias alarmantes sobre bombas que caían en Palomares o en otros sitios.

Como el nivel cultural reinante en la España de la dictadura era manifiestamente mejorable, y del nivel informativo ni hablemos, fue quedándose una cultura de aversión a lo nuclear que el régimen no consideraba peligrosa, puesto que ellos hacían lo que les daba la gana y el que protestaba terminaba en Carabanchel (la carcel, no el barrio).

Después vino la democracia y todos éramos muy progres, de modo y manera que el lema nucleares no gracias hizo fortuna y nadie se puso a discutir ni a razonar.

Las eléctricas eran un monopolio (todavía lo son), y hacían de mangas capirotes, obedeciendo al gobierno en sus moratorias nucleares a cambio de jugosos subsidios y tarifas acordadas. Lo que se iba por un sitio entraba por el otro.

A nadie le preocupaba si nuestro nivel de dependencia energética era estratosférico, puesto que era cosa de los de las eléctricas y los del gas, y allí se hacían grandes negocios.

Luego vino la democracia y con las elecciones el temor a perder votos y ya no hubo político que se atreviese a sacar el tema.

Y finalmente llegó Zapatero y sus molinos y aquí estamos, pagando la enegía mas cara que nadie, con un riesgo tremendo de dependencia de Argelia y pagando subvenciones a troche y moche, A las electricas por quitar las nucleares, a los de los molinillos para que los pongan, a los del carbon para compensar que son tres veces mas caros que el mercado, y a los alcaldes para que nos dejen poner un almacen de residuos.

Todo esto por no querer dar la cara y defender lo que es obvio: que tenemos que tener nucleares.

Como tenemos una clase política detestable, sus peleas estos días son entre cómicas y desesperantes.

Pero es que la actitud de la "opinión" pública española, en este como en tantos otros temas que exigirían conocimiento y reflexión es igualmente patética.

Así nos luce el pelo.

5 comentarios:

Javier Muñoz dijo...

Se le atribuye a un tocayo tuyo la frase "es de necios confundir valor y precio". Esto es más sangrante en el caso de las tecnologías de generación, Antonio. Podría aceptar (que ya te digo que no lo hago) que la nuclear fuera la tecnología de menores costes. Sin embargo, la electricidad fija sus precios horarios en subasta, marcando los precios DE TODAS la más cara (última en cogerse para cuadrar la demanda). La nuclear no regula (no adecúa su producción a la demanda) por lo que siempre habrá otras tecnologías más caras que le fijarán el precio bastante alto. Al final de la película ya te digo para quien es un negocio que las nucleares tengan costes de generación bajos: para las grandes eléctricas propietarias de las nucleares.

Por si había alguna duda la tecnología de generación más barata es el carbón (con otro que no sea el nacional, que es francamente malo).

Alejandro Cordón dijo...

Desde mi profundo desconocimiento del tema, apenas he leído sobre ello, el debate no se basa tanto sobre qué tecnología es más cara en moneda, sino que tiene más costes generales.

Al ritmo de crecimiento que tenemos en la población mundial, tanto en posición social como en número, dicen muchos expertos que tenemos que usar irremediablemente la energía nuclear. El coste de no hacerlo (a nivel contaminante, a nivel de recursos naturales, a nivel de proliferación de generadores...) supera con creces al coste del cambio.

Creo que el carbón o las energía renovables no pueden constituir las piezas clave de nuestra capacidad energética como país.

Javier dijo...

El problema del cambio climático es que se trata de un problema global, por lo tanto que como país reduzcamos nuestro porcentaje de carbón es irrelevante. En los próximos 30-40 años el carbón será la tecnología que más crecerá. Sobre la nuclear lo último que he visto es que, al ritmo actual, hay reservas de uranio para 85 años. Eso es, ciertamente, poquito. Sobre todo si queremos meter más nucleares (más centrales, mismo combustible = menos tiempo).

En España, de todas maneras, es un debate innecesario. Nos sobra potencia instalada de generación eléctrica por todos los lados. No es que hacer una nueva central nuclear no sea rentable (no es lo mismo amortizar las existentes que instalar nuevas) es que los que tendrían que montar las nucleares tienen centrales de ciclo combinado funcionando al 50%.

Tenemos que quedar un día a comer. Os cambio ilustración energética por telecomunicacional.

Besos a ambos autores.

Antonio Cordón dijo...

Me parece que a todos nos va a venir bien un poco de conocimiento en la materia.

Pero yo simplemente estoy en contra de las supersticiones tecnológicas y de los políticos que las aprovechan en lugar de combatirlas.

En cuanto al carbón, yo he tenido la oportunidad de ver (de lejos) alguna central china en funcionamiento.

La columna de humo negro era sencillamente terrorífica.

Sobre el tema del cambio climático me remito a James Lovelock.

Javier Muñoz dijo...

James Lovelock es más literato que científico. Su idea de Gaia es interesante pero ahí se queda, como una idea que sirve más para un argumento de una película o un videojuego que para predecir comportamientos planetarios. Y sobre la solución de la nuclear para la lucha contra el calentamiento sería perfecta si todos aceptáramos (como dice Lovelock) guardar un pequeño barril de elementos radiactivos en nuestra casa. Yo casi que paso...

El carbón en China es el 78% de la electricidad, en la India el 70% y en EEUU el 50%. Eso va a seguir así queramos o no, nos suban 2 grados la temperatura en 2100 o 20 grados. No es cuestión de gustos, es cuestión de realidades.

En fin, que el mercado se encarga de regular estas cosas y hasta que no se ponga un precio razonablemente alto (y mundial, aunque haya que dar concesiones a los países en vías de desarrollo) proliferarán las columnas de humo negro, por más terroríficas que nos parezcan.

Veremos que pasa en México...